lunes, 20 de octubre de 2008

UN VAMPIRO MUERDE LA LITERATURA LOCAL. Diario El Universal 17-OCT-2008. Entrevista a Norberto J. Olivar

Entrevista // Norberto José Olivar, historiador y escritor de la novela "Un vampiro en Maracaibo"



"Aquí no hay hombres que se transforman en murciélagos, porque traté de escabullirme de los lugares comunes del género"

Norberto José Olivar jura que él mismo fue una de las víctimas de un vampiro que azotó a Maracaibo en los años ochenta. O por lo menos indirectamente: cuando sus padres leyeron la sangrienta noticia en las páginas del diario Panorama le impidieron que saliera de la casa, que asistiera solo al colegio y que -ni pensarlo- jugara al aire libre después de que cayera la noche. Él mismo recuerda haber seguido los hechos con terror en las páginas de la prensa. Sólo que, a diferencia de otros tantos que ya no están para contarlo, Olivar decidió sacarle partido a la anécdota. Valiéndose de su condición de historiador, egresado de La Universidad del Zulia, se encargó de revisar archivos históricos, cotejar diarios y finalmente dar con la pista del chupasangre, que Olivar -quien dice que sí, que ya le ha comentado que sus caninos superiores son afilados- convierte ahora en la figura principal de su novela Un vampiro en Maracaibo, recién editada por Alfaguara.

-Es usted historiador y sin embargo ha decidido narrar una historia de vampiros.

-Yo llego a la literatura escapando de mis maestros de Historia. Fueron ellos quienes me enseñaron cómo se escribe un libro de Historia. Y una vez que lo aprendo me doy cuenta de que aquello es un fraude. No hay nada más fraudulento que la Historia, porque lo que intenta es elaborar construcciones manipuladas para crear un determinado tipo de sociedad. Así que decidí brincar a otro lugar para decir lo que quería. Así llegué a la narrativa. Yo me siento m´´as cerca de la verdad, soy más honesto, cuando hago literatura. O narrativa histórica...

-Sin embargo, se fue usted al extremo: al vampirismo.

-Porque me di cuenta de que lo importante no es conseguir la verdad. Eso es imposible. Lo que puedes hacer son versiones de la realidad. El problema es la honestidad. Si haces literatura y eres honesto, eso tiene validez. La figura del vampiro sirve para cuestionar la Historia y los principios que nos enseñan. Desde chiquitos nos enseñan a creer en Dios, pero no te enseñan a cuestionarlo. Y si lo haces, vas para el infierno. Entonces el concepto de libertad queda en entredicho. Porque, ¿qué libertad puede darte la religión si te pone a elegir entre irte al infierno o al cielo? Esos principios sirven de base a otras construcciones en las que si no eres blanco, rojo o azul, eres sospechoso.

-Hay un detalle muy particular: cuando uno comienza a pasar las páginas se da cuenta de que la novela tiene hechos reales y verificables...

-Voy a comenzar jurándote que todo lo que está ahí escrito es cierto. Todos los personajes existen realmente. El vampiro Ramón Pérez Bresner es un personaje que aparece en un documento del acervo histórico de la Secretaría de Gobierno, que data del año 1939, en el que se ordena su captura. Al tipo lo acusaban de hipnotizar mujeres y violarlas, de abusar de menores, de espiritismo y vampirismo. Luego me tropecé con un caso de vampirismo que ocurrió en 1975 y en el que este personaje dormía a sus víctimas, les cortaba la yugular, bebía su sangre y luego las enterraba en un ritual satánico. Y está el caso de los años ochenta de un grupo de personas que iba en un carro, capturaba niños y les sacaba la sangre. Bueno, esas cosas pasan en Maracaibo. La gente cree que allí sólo hay chinitas, pero no.

-Se nota además que tuvo que leer a los clásicos: el de Bram Stoker, de Elizabeth Kostova...DráculaLa historiadora,

-Me lancé en el tema, pero traté de tomar distancia. Aquí no hay hombres que se transforman en murciélagos ni personas que no pueden estar a la luz del día. Traté de escabullirme de los lugares comunes del género de la novela de vampiros para ofrecer una revisión histórica... -Es usted muy osado: obvia todas las reglas del género y a sus vampiros no hay estaca que los aniquile... -Porque no quería caer en los estereotipos. Este vampiro no es el de Anne Rice, no es el de Bram Stoker... ¡Este vampiro eres tú! Porque tiene más posibilidades de aproximarse a uno mismo.

-De hecho tiene un mayor acercamiento a la novela de detectives.

-Pero sin proponérmelo caí allí. Pero salta a la crónica periodística, al ensayo, mezclado con lo que un autor francés llama autoficción. Es decir: tratar de que los elementos autobiográficos parezcan de ficción, que es la operación inversa a lo que conocemos por literatura. Pensaba que estaba haciendo algo nuevo, pero luego me doy cuenta de que estaba siendo arrastrado por lo que llaman novela moderna. Ahí me identifiqué con Vila-Matas, con Paul Auster...

-En se permite hablar del propio género de novela. Dice: "Las novelas dejan marcas en la cara que se ven desde lejos". Un vampiro...

-Es que una novela te termina devorando por dentro. La gente cree que uno escribe de lo que sabe, pero no. Es al revés. Uno escribe de lo que no sabe para tratar de encontrar respuestas y liberarse. Eso pasa también con el lector: agarra la novela e interpreta su vida a través de ella.

Simón Villamizar

EL UNIVERSAL

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