sábado, 6 de agosto de 2011

Poemas de Cristina Peri Rossi

He leído complacido la antología Voces para Lilith. Lleva un subtítulo demasiado explicativo: Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica. La razón argumentada para este subtítulo la entiendo, pero no la comparto. Yo no tengo por qué explicarme. Yo sólo vivo, me vivo y trato de vivir cerca de la vida de otros que, me acepten o no, mi vida no va a dosificarse ni a alterarse. Por otro lado, ¿cuál es la temática lésbica? ¿Acaso una lesbiana no tiene mis mismas preocupaciones, mis mismos dolores, mis mismos sueños, mis mismas ganas por ser reconocido, mi mismo todo? Claro, esto lo digo yo que podría ser visto como normal en una sociedad tan insolvente como la nuestra, es decir, la gota no me cae encima y así siempre, o casi siempre, es más fácil hablar.

En todo caso, es un libro hermoso que pude disfrutar gracias a una mujer que me honra con su amistad, se trata de Gisela Kozak Rovero, de quien puedo decir que es una gran escritora, una intelectual de primer orden, pero, en vez de eso, prefiero decir que es una mujer, una gran mujer. Entre Shandys y Bartlebys dedicará desde hoy un espacio, para estar en sintonía con Melissa Ghezzi y Claudia Salazar –responsables de la antología– a la temática lésbica. Espacio que se iniciará con Cristina Peri Rossi.

Babel desnuda

Babel, desnuda, acaba de nacer.
Babel, desnuda, es como un niño ciego,
no tiene ojos
y mira, horrorizada,
con los ojos del tacto
que descubren superficies
que no siempre es amable tocar.

Babel, desnuda,
palpa, toca, roza, empuja, oprime:
sus manos son las palabras
de un mudo
que en el terror del silencio
sabe que hay un secreto.

Erótica

Tu placer es lento y duro
viene de lejos
retumba en las entrañas
como las sordas
sacudidas de un volcán
dormido hace siglos bajo la tierra
y sonámbulo todavía

Como las lentas evoluciones de una esfera
en perpetuo e imperceptible movimiento
Ruge al despertar
despide espuma
arranca a los animales de sus cuevas
arrastra un lodo antiguo
y sacude las raíces

Tu placer
lentamente asciende
envuelto en el vaho del magma primigenio
y hay plumas de pájaros rotos en tu pelo
y muge la garganta de un terrón
extraído del fondo
como una piedra.

Tu placer, animal escaso.

Escorado

Mirándola dormir
dejé que el barco se inclinara
lentamente hacia un costado
precisamente el costado
sobre el que ella dormía
apoyando apenas la mejilla izquierda
el ojo azul
la pena negra de los sueños
y por verla dormir
me olvidé de maniobrar
pensando en las palabras de un poema
que todavía no se ha escrito
y por ello
era el mejor de todos los poemas
tan sereno
tan sutil como su piel de mujer casi dormida
casi despierta,
tan perfecto como su presencia inaccesible
sobre la cama,
proximidad engañosa de contemplarla
como si realmente pudiera poseerla
allá en una zona transparente
donde no llegan las sílabas orando
ni el clamor de las miradas
que quieren acercarse
en la falsa hipócrita intimidad de los sueños.

Invocación

Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo

La bacante

Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encarnadas
las estruja nerviosamente
-esa belleza la provoca-
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.

La pasión

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

Navegación

En las mansas corrientes de tus manos
y en tus manos que son tormenta
en la nave divagante de tus ojos
que tienen rumbo seguro
en la redondez de tu vientre
como una esfera perpetuamente inacabada
en la morosidad de tus palabras
veloces como fieras fugitivas
en la suavidad de tu piel
ardiendo en ciudades incendiadas
en el lunar único de tu brazo
anclé la nave.
Navegaríamos,
si el tiempo hubiera sido favorable.

Plenilunio

Por cada mujer
que muere en ti
majestuosa
digna
malva
una mujer
nace en plenilunio
para los placeres solitarios
de la imaginación traductora.

Oración

Silencio.

Cuando ella abre sus piernas

que todo el mundo se calle.

Que nadie murmure

ni me venga

Con cuentos ni poesías

ni historias de catástrofes

ni cataclismos

que no hay enjambre mejor

que sus cabellos

ni abertura mayor que la de sus piernas

ni bóveda que yo avizore con más respeto

ni selva tan fragante como su pubis

ni torres y catedrales más seguras.

Silencio.

Orad: ella ha abierto sus piernas.

Todo el mundo arrodillado.

Le sommeil, de Gustave Courbet

Quise vivir en el cuadro

quise vivir en el arte

donde no hay fugacidad

ni tránsito.

Pero se trataba sólo de amor

no del cuadro de Courbet

de modo que despertamos

y era el ruido de la ciudad

y era el reclamo de la realidad

los crueles menesteres

-las pequeñeces de las que habló Darío-

domingo, 31 de julio de 2011

Irrealidad del hombre. Por Hesnor Rivera



El hombre ama lo irreal, ese mundo en donde, entregada la lógica al azar más puro, toda relación resulta sorprendente. De preguntarnos el por qué de esta apetencia, hallaríamos inmediata respuesta en cualquier explicación psicológica sobre evasión, angustia, frustración, todo en un orden sucesivo que desciende hasta las más improbables —léase bien, improbables— zonas relativas al instinto y al deseo. De preguntarnos el por qué, nos daríamos respuestas tan oscuras e improbables como oscuro e improbable es el mundo que nos mueve a la pregunta. Por otra parte, hay que cruzar tantos límites, limitarse tanto a través de este orden sucesivo de fenómenos, hay que tropezar y asimilar tanto fantasma poco acogedor, para hallarnos de nuevo y de improviso ante el mismo camino de evasión, hay que vivirse tantas veces en calidad de monstruo, de entidad irreal que huye de lo irreal anteriormente entrevisto, que al final resulta más inmediato y «razonable» entregarse de una vez por todas y con todo atenuante de ignorancia e inocencia, a esta extraña apetencia, a esto irreal que nos reclama.
El hombre ama todo aquello que le inspira temor y le hace refugiarse en sí mismo. Hemos escarbado en nosotros buscando un refugio. Un refugio significa una sombra que devora la nuestra y apaga los sentidos a la altura de los resquicios que les dan realidad hacia lo ilímite e inestable. La muerte es un refugio, es blanda y se la puede amar ligera y fácilmente, y el hombre desconfía y huye de las cosas fáciles. Para caber en ellas es necesario empequeñecerse demasiado.
El hombre ama lo irreal. Todo esto que lo está rodeando: los árboles, las casas, las ciudades, el mar, su propio cuerpo, no son más que proposiciones de la muerte. Fronteras de sombra frente a la rebeldía que aspira y que persiste en lo infinito y absoluto.
Porque lo primero fue abrir los ojos a la luz y encontrar en ella las cosas. Lo primero fue el anhelo de estar y ser en todo. Esto fue lo primero, lo de ahora y lo último.
Sin embargo, mucho después que lo primero, mucho después que ahora, pero siempre mucho antes de lo último, fue necesario engañarse, imponerse, como las cosas, ciertos límites, prohibirse, negarse, recortar la vida hasta hacerla alcanzar el tamaño de cuanto se eligiera como propio. Recortar la vida por temor a la vida.
El hombre ama todo aquello que le inspira temor y le hace refugiarse en sí mismo. Ama lo irreal porque lo irreal es la vida estando y siendo en todo.
De tal modo que lo irreal es la realidad bien pura y el hombre, una realidad en función de amor hacia lo irreal. Resignado a sus límites nada más que una torpe irrealidad, un cuerpo apenas relativo a la sombra y a la muerte.


Panorama, 25 de julio de 1957