sábado, 7 de febrero de 2009

VIVENTE HUIDOBRO 1893 - 1948


ENTRE SHANDYS Y BARTLEBYS DEDICA ESTE NÚMERO A UNA DE LAS VOCES POÉTICAS MÁS ORIGINALES Y AUTÉNTICAS DE LA LITERATURA HISPANOAMERICANA. VICENTE HUIDOBRO ES, JUNTO A PABLO NERUDA, GABRIELA MISTRAL, HUMBERTO DÍAZ CASANUEVA Y PABLO DE ROHKA, UNA DE LA GRANDES REFERENCIAS DE LA LITERATURA CHILENA DEL SIGLO XX.

PREFACIO. Por Vicente Huidobro

Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor. Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata. Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche. Amo la noche, sombrero de todos los días. La noche, la noche del día, del día al día siguiente. Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos. Una tarde cogí mi paracaídas y dije: Entre una estrella y dos golondrinas. He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae. Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcos iris. Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte. El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: Si yo fuera dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es? Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: Adiós, con su pañuelo soberbio. Hacia las dos, aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia. Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable. Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas. Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso como un ombligo: Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano. Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales. Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo o reconstituido, pero indiscutible. Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano. Después bebí un poco de coñac (a causa de la hidrografía). Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas, y los dientes de la boca, para violar las groserías que nos vienen a la boca. Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar..., a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador. Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto. Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo. Mi paracaídas se enredó con una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos. Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero: Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía. Se debe escribir en una lengua que no sea materna. Los cuatro puntos cardinales son tres; el sur y el norte.
Un poema es una cosa que será.
Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
Huye del sublime externo si no quieres morir aplastado por el viento. Si yo, no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco. Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro. Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte. Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice: Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta? Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad. Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas. Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes. Digo siempre adiós, y me quedo. Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas. Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente. Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas. Ámame. Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas. Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas. Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanca. Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos. Ah, qué hermoso..., qué hermoso. Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles. Veo la noche y el día y el eje en que se juntan. Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas. De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino. Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta. La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada. Aquel que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados. Aquel que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos. Aquel que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las pajamas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos. Aquel que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas. Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos. Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo. El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola. Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha. Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo. El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón. Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes. Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro. Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa. Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial. Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia. La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer. Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir, y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo. Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra. Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo. Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte. ¿Habéis oído? Ése es el ruido siniestro de los pechos cerrados. Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán. Hombre, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el vértigo. Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo. Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador. ¿Qué esperas? Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír. Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.

VICENTE HUIDOBRO


BREVÍSIMA ANTOLOGÍA POÉTICA

ALERTA
Media noche
En el jardínCada sombra es un arroyo
Aquel ruido que se acerca no es un coche
Sobre el cielo de París
Otto Von Zeppelín
Las sirenas cantan
Entre las olas negras
Y este clarín que llama ahora
No es un clarín de la Victoria
Cien aeroplanos
Vuelan en torno de la luna
Paga tu pipa
Los obuses estallan como rosas maduras
Y las bombas agujerean los días
Canciones cortadas
Tiemblan entre las ramas
El viento cortisona las calles
Como apagar la estrella del estanque

ALTAZOR Canto I

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad? ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa Con la espada en la mano? ¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios? ¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser? Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir ¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor? Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor Estás perdido Altazor Solo en medio del universo Solo como una nota que florece en las alturas del vacío No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?
La nebulosa de la angustia pasa como un río Y me arrastra según la ley de las atracciones La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad Siento un telescopio que me apunta como un revólver La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea ineludible
Altazor morirás Se secará tu voz y será invisible La tierra seguirá girando sobre su órbita precisa Temerosa de un traspiés como el equilibrista sobre el alambre que ata las miradas del pavor En vano buscas ojo enloquecido No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar ¿No ves que vas cayendo ya? Limpia tu cabeza de prejuicio y moral Y si queriendo alzarte nada has alcanzado Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra Sin miedo al enigma de ti mismo Acaso encuentres una luz sin noche Perdida en las grietas de los precipicios
Cae Cae eternamente Cae al fondo del infinito Cae al fondo del tiempo Cae al fondo de ti mismo Cae lo más bajo que se pueda caer Cae sin vértigo A través de todos los espacios y todas las edades A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios Cae y quema al pasar los astros y los mares Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan Quema el viento con tu voz El viento que se enreda en tu voz Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos
Cae en infancia Cae en vejez Cae en lágrima Cae en risas Cae en música sobre el universo Cae de tu cabeza a tus pies Cae de tus pies a tu cabeza Cae del mar a la fuente Cae al último abismo del silencio Como el barco que se hunde apagando sus luces
Todo se acabó El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas Los perros ladran a las horas que se mueren Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan Estás solo Y vas a la muerte derecho como un iceberg que se desprende del polo Cae la noche buscando su corazón en el océano La mirada se agranda como los torrentes Y en tanto que las olas se dan vuelta La luna niño de luz se escapa de alta mar Mira este cielo lleno Más rico que los arroyos de las minas Cielo lleno de estrellas que esperan el bautismo Todas esas estrellas salpicaduras de un astro de piedra lanzado en las aguas eternas No saben lo que quieren ni si hay redes ocultas más allá Ni qué mano lleva las riendas Ni qué pecho sopla el viento sobre ellas Ni saben si no hay mano y no hay pecho Las montañas de pesca Tienen la altura de mis deseos Y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias Que los pájaros cantando dispersan por el mundo Reparad el motor del alba En tanto me siento al borde de mis ojos Para asistir a la entrada de las imágenes
Soy yo Altazor Altazor Encerrado en la jaula de su destino
En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible Una flor cierra el camino Y se levantan como la estatua de las llamas La evasión imposible Más débil marcho con mis ansias Que un ejército sin luz en medio de emboscadas
Abrí los ojos en el siglo En que moría el cristianismo Retorcido en su cruz agonizante Ya va a dar el último suspiro ¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío? Pondremos un alba o un crepúsculo ¿Y hay que poner algo acaso? La corona de espinas Chorreando sus últimas estrellas se marchita Morirá el cristianismo que no ha resuelto ningún problema Que sólo ha enseñado plegarias muertas Muere después de dos mil años de existencia Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas Hundirse con sus templos Y atravesar la muerte con un cortejo inmenso Mil aeroplanos saludan la nueva era Ellos son los oráculos y las banderas
Hace seis meses solamente Dejé la ecuatorial recién cortada En la tumba guerrera del esclavo paciente Corona de piedad sobre la estupidez humana Soy yo que estoy hablando en este año de 1919 Es el invierno Ya la Europa enterró todos sus muertos Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve Mirad esas estepas que sacuden las manos Millones de obreros han comprendido al fin Y levantan al cielo sus banderas de aurora Venid venid os esperamos porque sos la esperanza La única esperanza La última esperanza
Soy yo Altazor el doble de mí mismo El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente El que cayó de las alturas de su estrella Y viajó veinticinco años Colgado al paracaídas de sus propios prejuicios Soy yo Altazor el del ansia infinita Del hambre eterno y descorazonado Carne labrada por arados de angustia ¿Cómo podré dormir mientras haya adentro tierras desconocidas? Problemas Misterios que se cuelgan a mi pecho Estoy solo La distancia que va de cuerpo a cuerpo Es tan grande como la que hay de alma a alma Solo Solo Solo Estoy solo parado en la punta del año que agoniza El universo se rompe en olas a mis pies Los planetas giran en torno a mi cabeza Y me despeinan al pasar con el viento que desplazan Sin dar un respuesta que llene los abismos Ni sentir este anhelo fabuloso que busca en la fauna del cielo Un ser materno donde se duerma el corazón Un lecho a la sombra del torbellino de enigmas Una mano que acaricie los latidos de la fiebre Dios diluido en la nada y el todo Dios todo y nada Dios en las palabras y en los gestos Dios mental Dios aliento Dios joven Dios viejo Dios pútrido lejano y cerca Dios amasado a mi congoja Sigamos cultivando en el cerebro las tierras del error Sigamos cultivando las tierras veraces en el pecho Sigamos Siempre igual como ayer mañana y luego y después No No puede ser Cambiemos nuestra suerte Quememos nuestra carne en los ojos del alba Bebamos la tímida lucidez de la muerte La lucidez polar de la muerte Canta el caos al caos que tiene pecho de hombre Llora de eco en eco por todo el universo Rodando con sus mitos entre alucinaciones Angustia de vacío en alta fiebre Amarga conciencia del vano sacrificio De la experiencia inútil del fracaso celeste Del ensayo perdido Y aún después que el hombre haya desaparecido Que hasta su recuerdo se queme en la hoguera del tiempo Quedará un gusto a dolor en la atmósfera terrestre Tantos siglos respirada por miserables pechos plañideros Quedará en el espacio la sombra siniestra De una lágrima inmensa Y una voz perdida aullando desolada Nada nada nada No No puede ser Consumamos el placer Agotemos la vida en la vida Muera la muerte infiltrada de rapsodias langorosas Infiltrada de pianos tenues y banderas cambiantes como crisálidas Las rocas de la muerte se quejan al borde del mundo El viento arrastra sus florescencias amargas Y el desconsuelo de las primaveras que no pueden nacer Todas son trampas trampas del espíritu Transfusiones eléctricas de sueño y realidad Oscuras lucideces de esta larga desesperación petrificada en soledad Vivir vivir en tinieblas Entre cadenas de anhelos tiránicos collares de gemidos Y un eterno viajar en los adentros de sí mismo Con dolor de límites constantes y vergüenza de ángel estropeado Burla de un dios nocturno Rodar rodar rotas las antenas en medio del espacio Entre mares alados y auroras estancadas
Yo estoy aquí de pie ante vosotros En nombre de una idiota ley proclamadora De la conservación de las especies Inmunda ley Villana ley arraigada a los sexos ingenuos Por esa ley primera trampa de la inconciencia El hombre se desgarra Y se rompe en aullidos mortales por todos los poros de su tierra Yo estoy aquí de pie entre vosotros
Se me caen las ansias al vacío Se me caen los gritos a la nada Se me caen al caos las blasfemias Perro del infinito trotando entre astros muertos Perro lamiendo estrellas y recuerdos de estrella Perro lamiendo tumbas Quiero la eternidad como una paloma en mis manos
Todo ha de alejarse en la muerte esconderse en la muerte Yo tú él nosotros vosotros ellos Ayer hoy mañana Pasto en las fauces del insaciable olvido Pasto para la rumia eterna del caos incansable Justicia ¿qué has hecho de mí Vicente Huidobro? Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas Se me caen los dedos muertos uno a uno ¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el atardecer La voz que me dolía como sangre? Dadme el infinito como una flor para mis manos
Seguir No. Basta ya Seguir cargado de mundos de países de ciudades Muchedumbres aullidos Cubierto de climas hemisferios ideas recuerdos Entre telarañas de sepulcros y planetas conscientes Seguir del dolor al dolor del enigma al enigma Del dolor de la piedra al dolor de la planta Porque todo es dolor Dolor de batalla y miedo de no ser Lazos de dolor atan la tierra al cielo las aguas a la tierra Y los mundos galopan en órbitas de angustia Pensando en la sorpresa La latente emboscada en todos los rincones del espacio Me duelen los pies como ríos de piedra ¿Qué has hecho de mis pies? ¿Qué has hecho de esta bestia universal De este animal errante? Esta rata en delirio que trepa las montañas Sobre un himno boreal o alarido de tierra Sucio de tierra y llanto de tierra y sangre Azotado de espinas y los ojos en cruz La conciencia es amargura La inteligencia es decepción Solo en las afueras de la vida Se puede plantar una pequeña ilusión
Ojos ávidos de lágrimas hirviendo Labios ávidos de mayores lamentos Manos enloquecidas de palpar tinieblas Buscando más tinieblas Y esta amargura que se pasea por los huesos Y este entierro en mi memoria Este entierro que se alarga en mi memoria Este largo entierro que atraviesa todos los días mi memoria Seguir No Que se rompa el andamio de los huesos Que se derrumben las vigas del cerebro Y arrastre el huracán los trozos a la nada al otro lado En donde el viento azota a Dios En donde aún resuene mi violín gutural Acompañando el piano póstumo del Juicio Final
Eres tú tú el ángel caído La caída eterna sobre la muerte La caída sin fin de muerte en muerte Embruja el universo con tu voz Aférrate a tu voz embrujador del mundo Cantando como un ciego perdido en la eternidad
Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal La matanza continua de conceptos internos Y una última aventura de esperanzas celestes Un desorden de estrellas imprudentes Caídas de los sortilegios sin refugio Todo lo que se esconde y nos incita con imanes fatales Lo que se esconde en las frías regiones de lo invisible O en la ardiente tempestad de nuestro cráneo
La eternidad se vuelve sendero de flor Para el regreso de espectros y problemas Para el mirage sediento de las nuevas hipótesis Que rompen el espejo de la magia posible
Liberación, ¡Oh! si liberación de todo De la propia memoria que nos posee De las profundas vísceras que saben lo que saben A causa de estas heridas que nos atan al fondo Y nos quiebran los gritos de las alas
La magia y el ensueño liman los barrotes La poesía llora en la punta del alma Y acrece la inquietud mirando nuevos muros Alzados de misterio en misterio Entre minas de mixtificación que abren sus heridas Con el ceremonial inagotable del alba conocida Todo en vano Dadme la llave de los sueños cerrados Dadme la llave del naufragio Dadme una certeza de raíces en horizonte quieto Un descubrimiento que no huya a cada paso O dadme un bello naufragio verde Un milagro que ilumine el fondo de nuestros mares íntimos Como el barco que se hunde sin apagar sus luces Liberado de este trágico silencio entonces En mi propia tempestad Desafiaré al vacío Sacudiré la nada con blasfemias y gritos Hasta que caiga un rayo de castigo ansiado Trayendo a mis tinieblas el clima del paraíso
¿Por qué soy prisionero de esta trágica busca? ¿Qué es lo que me llama y se esconde Me sigue me grita por mi nombre Y cuando vuelvo el rostro y alargo las manos de los ojos Me echa encima una niebla tenaz como la noche de los astros ya muertos?
Sufro me revuelco en la angustia Sufro desde que era nebulosa Y traigo desde entonces este dolor primordial en las células Este peso en las alas Esta piedra en el canto Dolor de ser isla Angustia subterránea Angustia cósmica Poliforme angustia anterior a mi vida Y que la sigue como una marcha militar Y que irá más allá Hasta el otro lado de la periferia universal
Consciente Inconsciente Deforme Sonora Sonora como el fuego El fuego que me quema el carbón interno y el alcohol de los ojos
Soy una orquesta trágica Un concepto trágico Soy trágico como los versos que punzan en las sienes y no pueden salir Arquitectura fúnebre Matemática fatal y sin esperanza alguna Capas superpuestas de dolor misterioso Capas superpuestas de ansias mortales Subsuelos de intuiciones fabulosas
Siglos siglos que vienen gimiendo en mis venas Siglos que se balancean en mi canto Que agonizan en mi voz Porque mi voz es solo canto y sólo puede salir en canto La cuna de mi lengua se metió en el vacío Anterior a los tiempos Y guardará eternamente el ritmo primero El ritmo que hace nacer los mundos Soy la voz del hombre que resuena en los cielos Que reniega y maldice Y pide cuentas de por qué y para qué
Soy todo el hombre El hombre herido por quién sabe quién Por una flecha perdida del caos Humano terreno desmesurado Sí desmesurado y lo proclamo sin miedo Desmesurado porque no soy burgués ni raza fatigada Soy bárbaro tal vez Desmesurado enfermo Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados No acepto vuestras sillas de seguridades cómodas Soy el ángel salvaje que cayó una mañana En vuestras plantaciones de preceptor Poeta Antipoeta Culto Anticulto Animal metafísico cargado de congojas Animal espontáneo directo sangrando sus problemas Solitario como una paradoja Paradoja fatal Flor de contradicciones bailando un fox-trot Sobre el sepulcro de Dios Sobre el bien y el mal Soy un pecho que grita y un cerebro que sangra Soy un temblor de tierra Los sismógrafos señalan mi paso por el mundo
Crujen las ruedas de la tierra Y voy andando a caballo en mi muerte Voy pegado a mi muerte como un pájaro al cielo Como una fecha en el árbol que crece Como el nombre en la carta que envío Voy pegado a mi muerte Voy por la vida pegado a mi muerte Apoyado en el bastón de mi esqueleto El sol nace en mi ojo derecho y se pone en mi ojo izquierdo En mi infancia una infancia ardiente como un alcohol Me sentaba en los caminos de la noche A escuchar la elocuencia de las estrellas Y la oratoria del árbol Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma Rómpanse en espigas las estrellas Pártase la luna en mil espejos Vuelva el árbol al nido de su almendra Só1o quiero saber por qué Por qué Por qué Soy protesta y araño el infinito con mis garras Y grito y gimo con miserables gritos oceánicos El eco de mi voz hacer tronar el caos
Soy desmesurado cósmico Las piedras las plantas las montañas Me saludan Las abejas las ratas Los leones y las águilas Los astros los crepúsculos las albas Los ríos y las selvas me preguntan ¿Qué tal cómo está usted? Y mientras los astros y las olas tengan algo que decir Será por mi boca que hablarán a los hombres
Que Dios sea Dios O Satán sea Dios O ambos sean miedo nocturna ignorancia Lo mismo da Que sea la Vía Láctea O una procesión que asciende en pos de la verdad Hoy me es igual Traedme una hora que vivir Traedme un amor pescado por la oreja Y echadlo aquí a morir ante mis ojos Que yo caiga por el mundo a toda máquina Que yo corra por el universo a toda estrella Que me hunda o me eleve Lanzado sin piedad entre planetas y catástrofes Señor Dios si tú existes es a mí a quien lo debes
Matad la horrible duda Y la espantosa lucidez Hombre con los ojos abiertos en la noche Hasta el fin de los siglos Enigma asco de los instintos contagiosos Como las campanas de la exaltación Pajarero de luces muertas que andan con pies de espectro Con los pies indulgentes del arroyo Que se llevan las nubes y cambia de país
En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte Allí donde mueren las horas El pesado cortejo de las horas que golpean el mundo Se juega nuestra alma Y la suerte que se vuela todas las mañanas Sobre las nubes con los ojos llenos de lágrimas Sangra la herida de las últimas creencias Cuando el fusil desconsolado del humano refugio Descuelga los pájaros del cielo Mírate allí animal eterno desnudo de nombre Junto al abrevadero de tus límites propios Bajo el alba benigna Que zurce el tejido de las mareas Mira a lo lejos viene la cadena de hombres Saliendo de la usina de ansias iguales Mordidos por la misma eternidad Por el mismo huracán de vagabundas fascinaciones Cada uno trae su palabra informe Y los pies atados a su estrella propia Las máquinas avanzan en la noche del diamante fatal Avanza el desierto con sus olas sin vida Pasan las montañas pasan los camellos Como la historia de las guerras antiguas Allá va la cadena de hombres entre fuegos ilusos Hacia el párpado tumbal
Después de mi muerte un día El mundo será pequeño a las gentes Plantarán continentes sobre los mares Se harán islas en el cielo Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra Como los anillos construidos en Saturno Habrá ciudades grandes como un país Gigantescas ciudades del porvenir En donde el hombre-hormiga será una cifra Un número que se mueve y sufre y baila (Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida) Jardines de tomates y repollos Los parques públicos plantados de árboles frutales No hay carne que comer el planeta es estrecho Y las máquinas mataron el último animal Árboles frutales en todos los caminos Lo aprovechable sólo lo aprovechable Ah la hermosa vida que preparan las fábricas La horrible indiferencia de los astros sonrientes Refugio de la música Que huye de las manos de los últimos ciegos
Angustia angustia de lo absoluto y de la perfección Angustia desolada que atraviesa las órbitas perdidas Contradictorios ritmos quiebran el corazón En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa
Un hastío invade el hueco que va del alba al poniente Un bostezo color mundo y carne Color espíritu avergonzado de irrealizables cosas Lucha entre la piel y el sentimiento de una dignidad bebida y no otorgada Nostalgia de ser barro y piedra o Dios Vértigo de la nada cayendo de sombra en sombra Inutilidad de los esfuerzos fragilidad del sueño
Ángel expatriado de la cordura ¿Por qué hablas Quién te pide que hables? Revienta pesimista mas revienta en silencio Cómo se reirán los hombres de aquí a mil años Hombre perro que aúllas a tu propia noche Delincuente de tu alma El hombre de mañana se burlará de ti Y de tus gritos petrificados goteando estalactitas ¿Quién eres tú habitante de este diminuto cadáver estelar? ¿Qué son tus náuseas de infinito y tu ambición de eternidad? Átomo desterrado de sí mismo con puertas y ventanas de luto ¿De dónde vienes a dónde vas? ¿Quién se preocupa de tu planeta? Inquietud miserable Despojo del desprecio que por ti sentiría Un habitante de Betelgeuse Veintinueve millones de veces más grande que tu sol
Hablo porque soy protesta insulto y mueca de dolor Sólo creo en los climas de la pasión Sólo deben hablar los que tienen el corazón clarividente La lengua a alta frecuencia Buzos de la verdad y la mentira Cansados de pasear sus linternas en los laberintos de la nada En la cueva de alternos sentimientos El dolor es lo único eterno Y nadie podrá reir ante el vacío ¿Qué me importa la burla del hombre-hormiga Ni la del habitante de otros astros más grandes? Y yo no sé de ellos ni ellos saben de mí Yo sé de mi vergüenza de la vida de mi asco celular De la mentira abyecta de todo cuanto edifican los hombres Los pedestales de aire de sus leyes e ideales
Dadme dadme pronto un llano de silencio Un llano despoblado como los ojos de los muertos
¿Robinsón por qué volviste de tu isla? De la isla de tus obras y tus sueños privados La isla de ti mismo rica de tus actos Sin leyes ni abdicación ni compromisos Sin control de ojo intruso Ni mano extraña que rompa los encantos ¿Robinsón cómo es posible que volvieras de tu isla?
Malhaya el que mire con ojos de muerte Malhaya el que vea el resorte que todo lo mueve Una borrasca dentro de la risa Una agonía de sol adentro de la risa Matad al pesimista de pupila enlutada Al que lleva un féretro en el cerebro Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos Oigo una voz idiota entre algas de ilusión Boca parasitaria aún de la esperanza
Idos lejos de aquí restos de playas moribundas Mas si buscáis descubrimientos Tierras irrealizables más allá de los cielos Vegetante obsesión de musical congoja Volvamos al silencio Restos de playas fúnebres ¿A qué buscáis el faro poniente Vestido de su propia cabellera Como la reina de los circos? Volvamos al silencio Al silencio de las palabras que vienen del silencio Al silencio de las hostias donde se mueren los profetas Con la llaga del flanco Cauterizada por algún relámpago
Las palabras con fiebre y vértigo interno Las palabras del poeta dan un mareo celeste Dan una enfermedad de nubes Contagioso infinito de planetas errantes Epidemia de rosas en la eternidad
Abrid la boca para recibir la hostia de la palabra herida La hostia angustiada y ardiente que me nace no se sabe dónde Que viene de más lejos que mi pecho La catarata delicada de oro en libertad Correr de río sin destino como aerolitos al azar Una columna se alza en la punta de la voz Y la noche se sienta en la columna Yo poblaré para mil años los sueños de los hombres Y os daré un poema lleno de corazón En el cual me despedazaré por todos lados
Una lágrima caerá de unos ojos Como algo enviado sobre la tierra Cuando veas como una herida profetiza Y reconozcas la carne desgraciada El pájaro cegado en la catástrofe celeste Encontrado en mi pecho solitario y sediento En tanto yo me alejo tras los barcos magnéticos Vagabundo como ellos Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos
Hay palabras que tienen sombra de árbol Otras que tienen atmósfera de astros Hay vocablos que tienen fuego de rayos Y que incendian donde caen Otros que se congelan en la lengua y se rompen al salir Como esos cristales helados y fatídicos Hay palabras con imanes que atraen los tesoros del abismo Otras que se descargan como vagones sobre el alma Altazor desconfía de las palabras Desconfía del ardid ceremonioso Y de la poesía Trampas Trampas de luz y cascadas lujosas Trampas de perla y de lámpara acuática Anda como los ciegos con sus ojos de piedra Presintiendo el abismo a todo paso
Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie Ni descolgar banderas de los pechos Ni dar anillos de planetas Ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno Quiero darte una música de espíritu Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles Y estalla en luminarias dentro del sueño. Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido Hablo en una lengua mojada en mares no nacidos Con una voz llena de eclipses y distancias Solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas Una voz que se desfonda en la noche de las rocas Una voz que da la vista a los ciegos atentos Los ciegos escondidos al fondo de las casas Como al fondo de sí mismos
Los veleros que parten a distribuir mi alma por el mundo Volverán convertidos en pájaros Una hermosa mañana alta de muchos metros Alta como el árbol cuyo fruto es el sol Una mañana frágil y rompible A la hora en que las flores se lavan la cara Y los últimos sueños huyen por las ventanas
Tanta exaltación para arrastrar los cielos a la lengua El infinito se instala en el nido del pecho Todo se vuelve presagio ángel entonces El cerebro se torna sistro revelador Y la hora huye despavorida por los ojos Los pájaros grabados en el cenit no cantan El día se suicida arrojándose al mar Un barco vestido de luces se aleja tristemente Y al fondo de las olas un pez escucha el paso dc los hombres
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol La muerte se ha dormido en el cuello de un cisne Y cada pluma tiene un distinto temblor Ahora que Dios se sienta sobre la tempestad Que pedazos de cielos caen y se enredan en la selva Y que el tifón despeina las barbas del pirata Silencio la tierra va a dar a luz un árbol Tengo cartas secretas en la caja del cráneo Tengo un carbón doliente en el fondo del pecho Y conduzco mi pecho a la boca Y la boca a la puerta del sueño El mundo se me entra por los ojos Se me entra por las manos se me entra por los pies Me entra por la boca y se me sale En insectos celestes o nubes de palabras por los poros
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol Mis ojos en la gruta de la hipnosis Mastican el universo que me atraviesa como un túnel Un escalofrío de pájaro me sacude los hombros Escalofrío de alas y olas interiores Escalas de olas y alas en la sangre Se rompen las amarras de las venas Y se salta afuera de la carne Se sale de las puertas de la tierra Entre palomas espantadas
Habitante de tu destino ¿Por qué quieres salir de tu destino? ¿Por qué quieres romper los lazos de tu estrella Y viajar solitario en los espacios Y caer a través de tu cuerpo de tu cenit a tu nadir?
No quiero ligaduras de astro ni de viento Ligaduras de luna buenas son para el mar y las mujeres Dadme mis violines de vértigo insumiso Mi libertad de música escapada No hay peligro en la noche pequeña encrucijada Ni enigma sobre el alma La palabra electrizada de sangre y corazón Es el gran paracaídas y el pararrayos de Dios
Habitante de tu destino Pegado a tu camino como roca Viene la hora del sortilegio resignado Abre la mano de tu espíritu El magnético dedo En donde el anillo de la serenidad adolescente Se posará cantando como el canario pródigo Largos años ausente Silencio Se oye el pulso del mundo como nunca pálido La tierra acaba de alumbrar un árbol.

EL ESPEJO DE AGUA
Mi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo

AEROPLANO

Una cruz
se ha venido al suelo
Un grito quebró las ventanas
Y todos se inclinan
sobre el último aeroplano
El viento
que había limpiado el aire Naufragó en las primeras olas La vibración persiste aún
sobre las nubes
Y el tambor
llama a alguienQue nadie conoce
Palabras
tras los árboles
La linterna que alguien agitaba
era una banderaAlumbra tanto como el sol
Pero los gritos que atraviesan los techos
no son de rebeldía
A pesar de los muros que sepultan
LA CRUZ DEL SUR
Es el único avión
que subsiste

CANCIÓN NUEVA

Dentro del horizonte
ALGUIEN CANTABA
Su vozNo es conocida
DE DÓNDE VIENE
Entre las ramasNo se ve a nadie
Hasta la luna era una oreja
Y no se oye
ningún ruido
Sin embargo
una estrella desclavada
Ha caído en el estanque
EL HORIZONTE
SE HA CERRADO
Y no hay salida


ELLA

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas


LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol
Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
[otras cosas...Es doloroso y lleno de ternura
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio


ARTE POÉTICA


Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema ;
Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El Poeta es un pequeño Dios.

VICENTE HUIDOBRO POR JUAN GRIS


CONVERSANDO CON VICENTE HUIDOBRO. Por Ángel Cruchaga Santa María

Las figuras intelectuales más interesantes acaso son aquellas que a través de combates arduos logran vencer, premunidas de su grandeza.
El artista que ha nacido en un ambiente de paz y no conoce el resquemor que produce una herida sin bálsamo, no posee el mérito máximo del esteta que ha ido cotidianamente auscultando el corazón del mundo en una compenetración íntima y aceda.

Entre los intelectuales chilenos existe un poeta que después de sufrir el turbión de las diatribas burdas y del sonreír liviano de los histriones malévolos y oscuros ha encontrado una senda en la cual gustará un perenne reposo espiritual.
Este artista se llama Vicente Huidobro, Él será un desorientado para aquellos que viven adorando a muchas de nuestras risibles momias literarias. La bizarría de sus versos novísimos, el grito de su corazón sano y profundo, batido por vientos potentes, parecerán sacrilegios en la conciencia de los iconoclastas.
¡Santa inocencia que me hace sonreír desde mi rincón luminoso!
Pensando que nadie podría darme una idea más precisa de las escuelas literarias de hoy, especialmente de las de Francia y España, fui a conversar con Vicente Huidobro. Su estada de más de dos años en Europa lo facultaba para guiarme por los caminos intelectuales por él recorridos. Huidobro al saber que deseaba entrevistarlo quiso enmudecer, como lo había hecho con muchos literatos; pero mi tenaz insistencia logró el propósito.
Sus palabras traducen un formidable soplo estético que hallará comprensión en todos aquellos que han aguzado el alma en la angustia lírica.
He aquí nuestro diálogo:
¿Qué orígenes tiene el "Creacionismo, o sea, la escuela así bautizada?
Ante todo no sé por qué a esta escuela han dado en llamarla creacionista.
Si nos viésemos forzados a buscarle antecedentes a toda costa, algunas de sus características podrían verse en ciertas frases de Rimbaud y de Mallarmé y en casi todos los grandes poetas de épocas anteriores. Por esto yo considero que el creacionismo no significa una revolución tan radical como han creído los críticos en el primer momento, sino la continuación de la evolución lógica de la poesía.
¿Qué tendencias literarias modernas existían a su llegada a París?
Cuando llegué a la capital francesa, conocí varios círculos literarios de las últimas tendencias, muchos de los poetas jóvenes que deseaban escapar del molde simbolista habían caído en, algo mucho peor: "el futurismo". Estos jóvenes publicaban la revista Sic, cuyo director era Pierre Albert Birot, y en la cual colaboraban entre otros Pierre Reverdy, Jean Cocteau, y en algunas ocasiones, Guillaume Apollinaire.
Birot, aunque creía ser futurista era solamente un simbolista, y esto acontece a todos aquellos que comulgan en la escuela auspiciada por Marinetti.
¿Cómo se manifestó en París el ¨Creacionismo"?
Después de largas conversaciones y de un cambio continuo de ideas por el más interesante de los jóvenes poetas: Pierre Reverdy, fundé con él la revista Nord-Sud, en marzo de 1917. En esta revista, pues, ha nacido la nueva tendencia, la más sería y profunda después del simbolismo. Nosotros no hemos pretendido como los futuristas hacer el arte de mañana, ni como los neosimbolistas interpretar el arte pretérito, nos contentamos simplemente con hacer el arte de hoy.
Antes de seguir hablando de los poetas creacionistas, dígame qué otras tendencias sobresalen en la literatura francesa.
La escuela de los "unanimistas" fundada por Jules Rornains y George Duhamel y la de los "simultaneístas", representada por H. Barzun, Sebastián Voirol y Fernand Divoire.
¿Cuál es el credo estético de los "unanimistas"?
Los unanimistas pretenden sentir la vida en su unanimidad, o sea, en el sentimiento colectivo, como lo ha demostrado Romains en su poema "Le Theatre". Es el hombre el que se compenetra con los que está a su alrededor, aun con las cosas inertes y las cosas comunes.
Los "símultaneístas" anhelan presentarnos en conjunto la simultaneidad de los sentimientos diversos, haciendo que hablen en sus poemas varias voces a la vez. Anteriormente a ellos, Jules Romains, jefe de los "unanimistas", había presentado, en 1909, en un teatro de París, su poema "L'eglise", a cuatro voces, y un poeta rumano Tristán Tzara había hecho lo mismo con su poema a cuatro voces "Fievre puerperale". Villiers de L' Isle Adam hizo un ensayo de poema a varias voces y Mallarmé en un ensayo estético habló de la oda, a múltiples voces. Ejemplo de "simultaneísmo", aunque algo rudimentario, hallamos también en la Edad Media en un poema del Arcipreste de Hita. Fuera de estas reformas no raciales, los unanimistas y simultaneístas siguen siendo en el fondo simbolistas.
¿Cuál es la estética del creacionismo?
Para contestar necesitaría escribir un libro. En una conferencia que dicté hace tiempo en Francia, y que consta de más de ochenta páginas, pude apenas señalar los puntos principales mostrando la seriedad de nuestra estética.
Queremos hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad; deseamos elaborar un poema que tornando de la vida sólo lo esencial, aquello de que no podemos prescindir, nos presente un conjunto lírico independiente que desprenda como resultado una emoción poética pura.
Nuestra divisa fue un grito de guerra contra la anécdota y la descripción, esos dos elementos extraños a toda poesía pura y que durante tantos siglos han mantenido el poema atado a la tierra.
En mi modo de ver, el "creacionismo" es la poesía misma; algo que no tiene por finalidad, ni narrar ni describir las cosas de la vida, sino hacer una totalidad lírica independiente en absoluto. Es decir, ella misma es su propia finalidad.
En general, los poetas de todas las épocas han hecho imitaciones o interpretaciones más o menos fieles de la vida real.
Yo creo, y esto es fácil concederlo, que una obra de arte mientras mejor imitada o interpretada esté será menos creada.
¿A qué causas obedece la supresión de la puntuación en el creacionismo?
Creo que la puntuación era necesaria en los poemas antiguos, eminentemente descriptivos y anecdóticos y de composición compacta; pero no así en nuestros poemas en los cuales por razón misma de su estructura y dado que las diferentes partes van hiriendo distintamente la sensibilidad del lector, es más lógico cambiar la puntuación por blancos y espacios. Se comprende que al principio esto pueda causar desorientación; pero pronto el lector, a medida que va habituándose, acepta la razón que nos obliga a ello.
¿Son numerosos los poetas que forman el grupo creacionista?
En mi concepto, y dentro del sentido puro de nuestra estética, son aún reducidos, aunque día a día nuestro grupo va acrecentándose con jóvenes de gran talento y de fuerte cultura, que se lanzan estusiastamente por el nuevo camino.
¿Cuáles son las obras publicadas por los creacionistas?
Reverdy ha publicado, La lucarne ovale, Le voleur de Talau y Les ardoises du toit, Jean Cocteau aún no ha dado a la publicidad ninguna obra; pronto editará su poema "Le Cap de Bonne Esperance" y "Le Cocq et L' Arlequín"; Blaise Cendrars, joven poeta suizo, acaba de publicar La guerre au Luxemburg, Profond aujourd’hui y Le Film de la fin du monde, y tenía últimamente en prensa, Le Panamá ou les aventuras de messepts oncles.
Hay también un poeta alemán: Ruibiner, quien, a pesar de la separación ideológica ocasionada por la guerra, sintió latir fraternalmente su espíritu con el nuestro y quiso realizar en obras la estética creacionista, publicando el poema "La lumiére celeste".
Hay además un joven poeta inglés, Ezra Pound, que también ha deseado venir a nosotros y que iba a traducir a su idioma natal mi libro Horizon Carré.
¿Qué poetas españoles de hoy son creaconistas?
De los poetas jóvenes de España, los más interesantes sin duda alguna, se han acercado a nuestro grupo. Ellos son aún desconocidos en América, pero no por eso sus obras dejarán de tener menos importancia. Son estos: Ramón Prieto y Eliodoro Pucha, Mauricio Bacarise, quien... [ilegible en el original]
¿Alguien presintió el creacionismo en América antes de su viaje a Europa?
Solamente Carlos Muzzio Sáenz Peña, crítico argentino, que leyendo, en 1916, mis versos vio claramente nuestras tendencias futuras.
¿Hay alguna escuela literaria interesante fuera de las ya nombradas?
La de los "ímaginistas", que es una escuela oriunda de Inglaterra, con ramificaciones en Estados Unidos y Canadá. Sus principales figuras son: Richard Aldington, director de la revista The Egoist; Skipwith Cannell, Horace Holley, James Joyce y Ezra Pound, director de la Little Review, de New York.
Los imaginistas pretenden hacer una exposición directa del sujeto, presentando las cosas desnudamente; sus poemas son una sucesión de imágenes de la cual debe desprenderse la sensación total.
¿Qué opinión le ha merecido el artículo de Canssinos Asséns sobre su obra, publicado en el primer número de Cosmópolis?
Estoy muy agradecido porque es demasiado elogioso para mí; pero me parece que hay en él dos errores que es necesario desvanecer. En ese artículo aparecería yo como habiendo recogido en mi libro Horizon Carré, el evangelio práctico de Les Ardoises du toit, de Reverdy, lo cual es imposible, pues mi obra es anterior; y además, mucho antes de conocer a Reverdy había yo escrito y publicado en Buenos Aires casi toda la primera parte de Horizon Carré, en una plaquette titulada El espejo de agua, algunos de cuyos poemas, como 'El hombre triste" y "El hombre alegre", leí en esa misma ciudad en el Ateneo Hispano-Americano el año de 1916.
No pretendo con esto dar a entender que yo haya influenciado a Reverdy, eso sería tan falso como que él me hubiera influenciado. Fue solamente una analogía espiritual, y así el primer día que nos hallamos en París pudimos constatarlo leyéndonos mutuamente poesías en las cuales había cierto fondo estético semejante. Sin embargo, fuera de este pequeño fondo semejante bastaría leer nuestras obras para percibir la absoluta diferencia que existe entre ellas. Mientras Reverdy es un poeta eminentemente dramático, yo creo ser un poeta puramente lírico. Además, como usted ha visto en sus libros, Reverdy es todavía un poeta descriptivo.
El otro error de Canssinos ha sido el de incluir en nuestro grupo los nombres de Roger Allard y Louis de Gonzaque Frick, dos poetas sin ningún valor original y absolutamente simbolistas. También he visto mezclado en el grupo aludido los nombres de Apollinaire y Max jacob, los cuales apenas pueden ser considerados como un puente entre el simbolismo y nosotros.
¿Cuáles son las obras creacionistas que ha publicado usted?
El espejo de agua, Horizon Carré, Hallali, La Tour de´Eiffel, Ecuatorial, Poemas Árticos y el ballet ruso Le Football, con música de Stravinsky.
¿Qué obras tiene en preparación?
El poema creacionista simultaneísta "La lumiérre Artificial", a tres voces en gramófono con nuevos procedimientos; el "Romancero de Buffale Bill"; la pieza de teatro titulada Johohé y "Las... [ilegible en el original] ensayo sobre La nueva estética.
Después de escuchar la ferviente voz de Huidobro, saturada de espíritu y de verdad, sentí en mi corazón como un crecimiento de alas.
Quien lleva tanta fe en los ojos vencerá las emboscadas triunfando en todos los caminos donde vaya su alma de viajero obsesionado por nuevas estrellas.
Para penetrarse de la esencia del creacionismo y poder estimar su finalidad profunda es preciso analizarlo detenidamente, no con la premura con que puede hacerlo un crítico que sólo vea las exterioridades sin desentrañar los prestigios rotundos que brotan de cada verso, que es como un peldaño en la gran escala de la sensación total, o sea, en el completo amasijo en el cual vibra la armonía y se destacan diáfanamente las imágenes que dan la impresión de un mundo original, más conciso y sugerente que el mundo nuestro monótono de vejez.
Canssinos Asséns, cuyo criterio nunca fue torcido por ruines manejos, ha publicado en La Correspondencia de España y en Cosmopolis siete artículos sobre el creacionismo. En ellos señala a veces con una sutileza admirable los atributos de la nueva escuela, haciendo un firme elogio de la personalidad de Vicente Huidobro, llegando a decir que el más alto acontecimiento artístico español del año de 1918 era la pasada de este gran poeta por la ciudad de Madrid.
Huidobro partirá pronto a Europa donde piensa proseguir su labor independiente y fecunda.
(El Mercurio, Santiago, 31 de agosto de 1919, pág. 4).

VICENTE HUIDOBRO Y JUAN LARREA


INTRODUCCIÓN A VICENTE HUIDOBRO. Por Federico Schopf

La importancia de la obra de Vicente Huidobro para el surgimiento de los movimientos de vanguardia en América Latina y, en general, en el ámbito de lengua española, ha sido reconocida hace ya suficiente tiempo. Huidobro es -junto a César Vallejo, Oliverio Girondo, Carlos Drummond de Andrade, Pablo Neruda, Nicolás Gullén, entre otros- uno de los fundadores de la gran poesía latinoamericana de la primera mitad del siglo. Ecuatorial o Poemas árticos (ambos de 1918) se convirtieron de inmediato en modelos para la renovación de la poesía de su época en América Latina y España. Altazor es una de las contribuciones hispanoamericanas a la poesía del siglo XX.

Las actividades de Huidobro fueron múltiples. El itinerario de su vida y su obra no es lineal: poeta radicalmente innovador, novelista, dramaturgo, autor de guiones de cine, político, polemista de temer, corresponsal de guerra en el campo de batalla. Buscó un nuevo arte -que correspondiera a su época-, pero también aspiró a transformar la vida.
Ahora -a cien años de su nacimiento: "increíble que el poeta más joven que nos haya nacido esté cumpliendo hoy los 100 años (1) decía otro poeta: Gonzalo Rojas- la obra de Huidobro no tiene sólo un significado histórico, lo que sería ya suficiente. Una parte considerable de sus textos ha recobrado extrema actualidad, se ha abierto a una nueva lectura que ilumina dimensiones acaso decisivas de nuestro presente de crisis y anhelo de cambio.

Los Comienzos de un Poeta
Vicente Huidobro (Vicente García-Huidobro Fernández, heredero del marquesado de Casa Real) nació el 10 de enero de 1893 en Santiago de Chile en una mansión situada en el paseo principal de esta ciudad. Su familia estaba integrada al ambiente político y financiero de la época. Era propietaria -entre muchos otros bienes- de la conocida Viña Santa Rita, donde su abuelo materno, profundamente católico, había implementado un sistema cooperativo de asistencia social, novedoso por esos años. Vicente Huidobro se educó en el exclusivo Colegio de San Ignacio, regentado por los padres jesuitas, que luego fueron blanco de su crítica. Desde muy temprano, su madre -que escribía con el pseudónimo de Monna Lisa- le incentivó su inclinación por las letras. Ella misma mantenía una tertulia literaria en sus habitaciones del enorme palacio que "en sus distintas dependencias, entre personas de la familia, criados y criadas, contando a un enano o tonto doméstico muy célebre, alojaba, según cálculos prudentes, unas sesenta almas"(2). Estaba suscrita a revistas culturales francesas que le permitieron al joven poeta informarse detalladamente de la escena parisina y europea.
Santiago de comienzos de siglo es una ciudad de alrededor de 400.000 habitantes en que coexiste, choca, pero también se complementa una modernización parcial, en gran parte una modernización de las apariencias -edificios públicos en el centro, aunque también estaciones de ferrocarril, mansiones representativas, vestidos a la moda, carruajes, primeros automóviles, normas sociales- con la compleja herencia de una sociedad de usos y costumbres fuertemente arraigados en las rancias tradiciones hispano-cristianas.
Vicente Huidobro inicia su formación literaria en un ambiente cultural aún marcado por la presencia crepuscular del modernismo, consolidado en América Latina por Rubén Dario (1867-1916). Su primer libro, Ecos del Alma (1911) asume convencionalmente la poética modernista y delata fuertes influencias que incluso retroceden hasta el romanticismo de Bécquer y el desengaño romántico de Heine. El libro está dedicado a Manuela Portales Bello, con quien se casará en 1912.
Los libros siguientes Canciones en la noche y La gruta del silencio –publicados apenas 2 años después- introducen algunos cambios: no sólo hay parodias sarcásticas de tópicos del modernismo, sino que incorpora formas novedosas como el caligrama, que reproduce visualmente aquello de que se habla, por ejemplo, una capilla de aldea. Pasando y pasando –libro de críticas y crónicas que la familia horrorizada recoge y quema debido a sus fuertes ataques a los jesuitas, salvándose escasos ejemplares- muestra ya plenamente la incomodidad de Huidobro en relación a los modelos poéticos heredados y también su incontenible rebeldía contra la sociedad establecida: Dejemos de una vez por todas lo viejo...En literatura me gusta todo lo que es innovación. Todo lo que es original. Odio la rutina , el cliché y lo retórico... Odio los fósiles literarios. Odio todos los ruidos de las cadenas que atan. Odio a los que todavía sueñan con lo antiguo y piensan que nada puede ser superior a lo pasado... Amo todos los ruidos de las cadenas que se rompen... Admiro a los que perciben las relaciones más lejanas de las cosas..." (3).
En el mismo año (1914), en su conferencia "Non Serviam" -leída en el Ateneo de Santiago- Huidobro avanza teóricamente hasta el borde mismo de la nueva poesía, es decir, hasta los comienzos del vanguardismo: proclama la necesidad de una poesía que no siga siendo imitación de la naturaleza, imagen mimética, sino creación de mundos propios, independientes del mundo real.
En 1916 Huidobro y su familia -y como la leyenda dice, con una vaca a bordo para tener leche fresca para los niños- viajan a Europa. Su meta es, por supuesto, París, capital de la vanguardia internacional.
De paso por Buenos Aires, edita El espejo de agua (1916), plaquette que contiene su célebre "Arte poética" y una serie de poemas que testimonian que ya está bastante adelantado en su camino a la vanguardia. Como se sabe, la autenticidad de la fecha de esta edición ha sido puesta en duda, pero, a casi ochenta años de la polémica, no hay que angustiarse tanto. La segunda edición -posterior a sus primeros poemas vanguardistas de París- apareció en Madrid, en 1918. De todos modos, es el primer vanguardista en lengua española. Y uno de los primeros en cualquier idioma.

El CreacionismoParís el Nuevo Mundo
Huidobro encontró los caminos para articularse de manera relativamente rápida en los grupos de avanzada de París. Sorprende el desplante con que evalúa la situación que encontró a su llegada: "conocí varios círculos literarios de las últimas tendencias, muchos de los poetas jóvenes que deseaban escapar del molde simbolista también habían caído en algo peor: el futurismo. Estos jóvenes publicaban la revista SIC... colaboraban entre otros Pierre Reverdy, Jean Cocteau y, en algunas ocasiones, Guillaume Apollinaire" (4). Los primeros poemas plenamente vanguardistas de Huidobro
-traducidos al francés con ayuda del pintor Juan Gris- aparecieron en Nord-Sud, revista que aspiraba a representar la tendencia cubista en literatura y que reconocía en Apollinaire al poeta que en ese momento había "trazado rutas nuevas, abierto nuevos horizontes". El mismo Apollinaire -en relación a la pintura de Picasso, Braque, Delaunay- había anunciado ya en 1913 que el cubismo no era "un arte de imitación, sino un arte de concepción que puede elevarse hasta la creación" (5). Su poema "Zone" -de Alcools, también de 1913- había introducido, a su vez, el montaje y la representación fragmentaria de espacios y tiempos en la poesía.
Horizon carré apareció en 1917. Sus poemas corresponden
-aunque no del todo- a las ideas estéticas que Huidobro venía elaborando por lo menos desde 1914 y que lo condujeron a la proposición del creacionismo como una forma de poesía radicalmente nueva. La creación de un mundo poético, paralelo e independiente del mundo real, es uno de los rasgos diferenciales del creacionismo en sus comienzos. Más tarde -según Huidobro declara en 1921 en Madrid- estas imágenes creadas representan un mundo que debiera existir y están compuestas por elementos que, desde un punto de vista formal, se relacionan necesariamente y no de manera arbitraria. El tejido escrituras -expresa también en 1921- hace que "cosas paralelas en el espacio se junten en el tiempo o viceversa, expresando, así, en su conjunción, algo nuevo". Ese mismo año, su amigo, el pintor cubista Juan Gris se expresaba significativamente en la misma dirección: "Intento hacer concreto lo que es abstracto, procedo de lo general a lo particular, para Regar así a un hecho real" (6) (real en el sentido de nuevo).
El sujeto de la poesía creacionista despliega sus imágenes en un estado de "delirio poético" en que convergen la más inusitada imaginación y una extrema conciencia. El poeta es activo: no se debe entregar pasivamente a la inspiración ni reducirse a ser mero vehículo de exteriorización del inconsciente (que es la crítica que Huidobro le hace al surrealismo). El poeta creacionista ha de controlar su escritura y dominar las técnicas que le permitan realizar sus intenciones estéticas. Pero la serie de obras que van desde Horizon carré (1917) hasta Saisons choisies (1921) o incluso más adelante hasta Autonme régulier y Tout à coup (ambos de 1925) no se adecúan totalmente a los esquemas de la doctrina creacionista, estableciendo con ella más bien relaciones de identidad parcial y diferencias significativas.
El sujeto de estos poemas no logra controlar permanentemente el curso de su escritura: cede, por ejemplo, en Poemas árticos (1918) a la nostalgia y recupera imágenes del lugar de origen en el Nuevo Mundo. No sólo la fuerza de estos recuerdos perfora la clausura del mundo creado: emergen también experiencias, pulsiones, deseos reprimidos, asociaciones que entran en conflicto productivo con la voluntad estética del sujeto, alcanzando a sustituirla en mayor o menor medida.
Es sobre todo en Automne régulier y Tout à coup que la escritura -embargada por el juego- se escapa por muchos meandros a las restricciones del creacionismo y, dejándose llevar, entre otras técnicas, por la escritura automática y la asociación de palabras, se entrega a un curso algo errático de divertimiento enmarcado, a menudo, por estrofas y rimas irónicamente regulares. El sujeto se desborda o reconoce más allá de su identidad autocontrolada o bien es la escritura misma, el medium de su expresión, el que lo descentra, lo sustituye por un sujeto del lenguaje que lo incluye, lo diluye, lo excede.
Vicente Huidobro llega a Madrid por segunda vez en 1918. Publica allí cuatro libros: Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel (con ilustraciones de Delaunay), Hallali. Contienen los primeros versos auténticamente vanguardistas aparecidos en lengua castellana. Entre sus novedades resalta su utilización expresiva de los espacios en blanco, la ausencia de puntuación, sus versos en mayúscula, su ruptura de la columna versal, etc. Este tipo de poema, las ideas y la información que traía Huidobro produjeron un fuerte impacto en algunos grupos de jóvenes poetas. Saludaron a Huidobro como un adelantado de las nuevas tendencias estéticas que, en ese momento, se desarrollaban en la Europa transpirenaica. La poesía y la teoría creacionista fueron uno de los fermentos desde los que se elaboró no sólo el ultraísmo, sino también la poesía de importantes escritores de la generación del 27 (entre ellos, Gerardo Diego, Juan Larrea, Rafael Alberti, Federico García Lorca). Para Gerardo Diego, la significación de la obra de Huidobro en la poesía española es tan esencial que, sin su consideración, "un aspecto de la obra colectiva de nuestro tiempo resultaría inexplicable" (7).
En 1918 Huidobro colabora también en la aventura de Dada –en el mismo número en que Tristan Tzara declaraba que "no reconocemos ninguna teoría, estamos cansados de academias cubistas y futuristas, laboratorios de ideas formales"-, pero en otra publicación dadaísta: Le coeur à barbe, Huidobro no deja de advertir a "aquellos que asisten al entierro del cubismo que el ataúd está vacío y que el cubismo, oculto en una esquina del siglo, mira pasar su entierro con una pequeña sonrisa intermaxilar" (8). Pero el flujo más suelto que adopta su verso, su aproximación a cierta oralidad, su más acentuado carácter juguetón –como bien señala De Costa- deben no poco a la libertad proclamada por el dadaísmo. De hecho, el contraste entre la teoría creacionista y su trabajo poético -la fuerza de las circunstancias, sus necesidades expresivas-, condujeron a Huidobro a una experiencia repetida de los límites del creacionismo ortodoxo.
En los años en que recopila una serie de textos sobre poesía y creacionísmo -publicados en Manifestes, (1925)- su poesía ha traspasado con demasiada frecuencia la clausura de la autonomía absoluta de sus representaciones y también la identificación entre el sujeto y la conciencia activa y vigilante. Su escritura amplifica el mundo y el sujeto abriéndose a una referencia, por supuesto, que va más allá del realismo. Por esa misma fecha, el ensayista peruano José Carlos Mariátegui (1895-1930) constataba que, en esos momentos, "el realismo nos alejaba de la realidad", recubría o reducía las dimensiones de una realidad en acelerada transformación. Y añadía, en plena euforia revolucionaria: "sólo podemos encontrar la realidad por los caminos de la fantasía" (9).
Los primeros años de la década del veinte fueron muy activos para Huidobro. Funda Creación, Revista internacional de arte -más tarde Création: aparecen en total tres números- en que colaboran Raymond Radiguet, Gerardo Diego, Francis Picabia, Jean Cocteau, Tristan Tzara, Ivan Goll, Juan Larrea, Paul Dermée, etc., se reproducen partituras (una de Schönberg), obras de Lipchitz, Braque, Gris, Picasso, etc. Publica artículos en L'Esprit Nouveau revista que quiere representar una modernidad constructiva-, diseña "poemas-ropas" con Sonía Delaunay, Edgar Varèse estrena en Nueva York una pieza musical con textos suyos, toma posiciones críticas frente a las concepciones poéticas del naciente surrealismo, en especial, frente a la escritura automática, escribe el guión de una película "cubista" sobre Cagliostro, que realiza el director rumano Mine Mizú, da numerosos recitales, pronuncia conferencias en París, Madrid, Estocolmo, Berlín, procurando legitimar a nivel internacional sus ideas estéticas, publica varios libros, entre ellos, uno sobre el imperialismo británico (Finis Britannia,1923), finge que agentes británicos lo secuestran como represalia, pero la policía descubre el fraude, perdiendo Huidobro para siempre a un amigo, Juan Gris, y también algo de crédito en los círculos en que se mueve.
Atraído y preocupado por los transtornos políticos en Chile, Huidobro retorna temporalmente a su país en 1925. Allí lo reciben con entusiasmo los poetas que sostienen combativamente la vanguardia, entre ellos, Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Pablo Neruda; Juan Emar -narrador experimental redescubierto en nuestros días- le hace una importante entrevista el diario La Nación, donde mantiene unas páginas dedicadas al arte nuevo, en que se difunde masivamente información y materiales sobre la vanguardia en Chile y el mundo.
Con el propósito de intervenir activamente en política, Huidobro funda un periódico, Acción; cuando este es cerrado por orden del gobierno, lo sustituye por La Reforma, en que denuncia la corrupción de la clase política establecida y propone medidas de urgencia para la salvación del país. El poeta llega a ser proclamado candidato a la Presidencia de la República en la Asamblea de la Juventud Chilena, cercana al socialismo, sufre más de una agresión física, pero la campaña -que en verdad era simbólica- no tiene éxito.
En 1926, Huidobro es uno de los editores -junto a Jorge Luis Borges y Alberto Hidalgo- de un importante Indice de la nueva poesía americana, editado en Buenos Aires, y en que advierte que "el gran peligro del poema es la poesía". Aparecen en la antología una muestra representativa de los poetas de avanzada: entre ellos los argentinos Jorge Luis Borges y Ricardo E. Molinari, el colombiano Luis Vidales, los chilenos Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Humberto Díaz-Casanueva, los mexicanos Carlos Pellicer y Manuel Maples Arce, los peruanos César Vallejo y Alberto Hidalgo, el mismo Huidobro y el venezolano Antonio Arraiz.
Es también en este viaje que se enamora intensamente de "Una mujer, acaso la más triste, sin duda la más bella" (10) que es, en realidad, una joven colegiala de quince años, hija de un conocido hombre público. En un poema aparecido en La Nación durante la Semana Santa -y que parecía tratar de la vida, pasión y muerte de Jesucristo- se refiere a su amada y expresa que "...lo único que vale en la vida es la pasión/ Vivimos para uno que otro momento de exaltación" (11). El escándalo alcanza tales proporciones que el poeta debe abandonar precipitadamente el país, sin familia. Vuelve a París, pasando por La Habana.
Enseguida, viaja a Nueva York -que aún se mantiene como capital del cine- y gana allí un premio de US$ 10.000 por la novela "con mayores posibilidades de ser adaptada al cine". La obra en cuestión es Cagliostro (la misma que sirvió de guión a la película parisina nunca estrenada). Despliega
-adaptada a las exigencias del cine mudo- las peripecias de un mago del siglo XVIII que, imbuido de las ideas progresistas del Siglo de las Luces, pretende transformar positivamente a la sociedad, pero lo pierde su ambición y su amor hacia Lorenza, que se suicida y lo sume en la desesperación. En Nueva York toma contacto con personalidades del mundo del cine, como Douglas Fairbanks, Gloria Swanson, Charles Chaplin, Lilian Uttal.
Las conversaciones de Huidobro con uno de ellos, Douglas Fairbanks, son uno de los motivos que lo incitan a escribir "la verdadera historia de Mío Cid Campeador, figura histórica de la que -según las averiguaciones del poeta- él era un descendiente lejano. Su "obra novela fílmica" es una recreación libre de la leyenda cidiana, hecha sobre la base de fuentes documentales y tomando en cuenta los efectos que la figura del Cid ha producido en el curso de los siglos. Como el mismo Huidobro lo declaró, él sentía en esos años una enorme atracción por los hombres de acción y aventura que
-como el Cid o Napoleón- eran capaces de decidir el curso de la Historia.
El narrador de Mío Cid Campeador juega con los procedimientos de la vanguardia -el montaje de tiempos y espacios, por ejemplo-, alcanzando, así, una intensa actualización y acercamiento de su personaje épico a sus lectores modernos. Publicada en 1929 es -junto a Cagliostro- una de sus novelas más logradas e innovadoras.
Las propuestas narrativas de Huidobro -como las de Neruda y María Luisa Bombal- abren el estrecho horizonte de la novela chilena de esa época y -como señala Ana Pizarro- anticipan ciertos rasgos de "la gran renovación narrativa del continente en los años sesenta" (12).

AltazorY la Crisis del Creacionismo
Parece haber consenso, sin embargo, en que la obra maestra de Huidobro -la que se inscribe diferencialmente en la poesía universal- es un largo poema que publicó en 1931: Altazor. Representa, en uno de sus sentidos, la puesta a prueba más a fondo del creacionismo como concepción de la poesía y como práctica poética. Según declaraciones hechas por Huidobro en 1919 -de paso en Madrid con destino a París- habría existido una versión francesa ya por esos años, esto es, a fines de la Primera Guerra Mundial, en una atmósfera de fin del mundo que permitió tanto la escritura de La decadencia de Occidente de Spengler como el surgimiento del dadaísmo.
Un primer testimonio público del poema apareció en 1925 en La Nación de Santiago de Chile. Era el prefacio de Altazor, traducido del francés por Juan Emar. Allí se declara que Altazor nació "a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo" y que "los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer y de agonía" .
Altazor está compuesto de siete cantos y un prefacio. Su frágil -y problemática- unidad está mantenida por el hilo argumental de una caída de desarrollo, orientación y velocidad discontinuas. Quien cae es Altazor, sujeto y personaje de la escritura, "animal metafísico cargado de congojas... que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente" (13).
Angel rebelde o Icaro moderno -sin alas, pero provisto de una innovación técnica: un paracaídas- Altazor cae en el espacio sideral, pero también en el interior sin fondo de sí mismo y en el tiempo, en la historia, que es el escenario convulso de una sucesión intermitente de catástofres y comienzos. Altazor atraviesa –desintegrándose él mismo- espacios y edades históricas en busca desesperada de fundamento y sentido para su vida. Dios ha muerto –es ya pura historia- y toda una metafísica y una moral se ha desmoronado, ha perdido validez universal, no es fundamento. Su reiterada búsqueda conduce al poeta una y otra vez a la nada de fundamento. El curso discontinuo del poema –el orden discontinuo de sus partes, que no es necesario, que pudría ser otro- produce la apariencia de un desarrollo del estado de ánimo del poeta desde la angustia por la existencia y la muerte –es la época de Ser y Tiempo de Heidegger- hasta el júbilo por la propia nadificación, desde la depresión por la temporalidad vacía de la vida hasta la euforia desatada por una existencia que se consume y plenifica en el puro presente, no aspirando a fundamento trascendental alguno, perdiéndolo de vista. Pero estos estados de ánimo más que sucederse definitivamente el uno al otro, se superponen, coexisten, se alternan o sustituyen como signos de contradicciones que embargan al poeta.
No obstante, en la escritura de Altazor reaparece con alguna frecuencia, obstinada, la pregunta por el ser o fundamento dirigida a la trascendencia y cierta nostalgia de Dios (lo que ha permitido interpretaciones cristianas del poema).
La caída que inicialmente parece vertical, se hace múltiple, acontece en varias dimensiones del espacio y del tiempo, es simultáneamente centrífuga y centrípeta, descentra al sujeto, desintegra su identidad, lo instala en el espacio sideral y no sólo la tierra como punto de referencia y lugar para construir la habitación del hombre.
La escritura es paralelamente –y no sólo de manera derivada o ancilar- una exploración radical de las capacidades cognoscitivas o poéticamente cognoscitivas del lenguaje, una experimentación persistente y a fondo de sus recursos, que lo precipitan en su destrucción. Altazor es –como lo indicó Guillermo Sucre- un poema que representa y comunica paradójicamente el fracaso de la poesía : "Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser. Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser" (14).
También en 1931 apareció Temblor de cielo, poema extenso en prosa que escenifica una intensa relación amorosa en una atmósfera de catástrofe inminente, en la cual se anuncia la muerte de Dios y se reafirma la experiencia erótica como una consumación.
Un año después publica en París su obra de teatro Gilles de Raiz, en que el poeta exalta la figura fascinante de Gilles de Raiz, mariscal de Francia en la época de Juana de Arco. La pieza es una indagación en el desenfreno sexual, destructivo y autodestructivo, a que se entrega el personaje central, al parecer, por haber perdido a la única mujer que había amado, Gila. Esta obra -parece que escrita mucho antes- había suscitado tanto el entusiasmo de Edgar Varèse, que éste le escribió (en 1927) al actor John Barrymore, exhortándole a interpretar el papel principal, no sin advertirle que había pedido al propio Huidobro que no presentase el manuscrito a ningún productor antes de recibir la respuesta de Barrymore.

Poesía, compromiso político, últimos poemas
"Total" -un manifiesto algo desatendido hasta hace poco, pero de fundamental importancia para comprender el desarrollo de la obra de Huidobro- proclama una decidida voluntad de cambio del poeta en su comprensión del trabajo literario. Fue publicado en francés en 1932 -en Vertigral, revista del orfismo-; luego, en 1933 en La Nación de Buenos Aires, pero también en el primer número de Total (1936), revista fundada por Huidobro en Chile como "contribución a una nueva cultura".
"Total" impugna violentamente las representaciones fragmentarias del hombre. Critica a los poetas, sus "pequeñas voces sutiles", sus preocupaciones por su "yo mezquino", su tendencia alienada a comprender la realidad en términos de antagonismos insuperables. Huidobro proclama ahora "el canto del ser realizando su gran sueño, el canto de la nueva conciencia, el canto total del hombre total". El manifiesto finaliza pidiendo "un ancho espíritu sintético, un hombre total, que refleje toda nuestra época, como esos grandes poetas que fueron la garganta de su siglo" (15). La decisión de hacer literatura de esta especie -que pretende una visión totalizante del hombre y la sociedad, que establece una relación entre literatura y cambio social- está notoriamente vinculada al fuerte compromiso político que asumió Huidobro a partir de su vuelta a Chile en 1933, época en que -según René de Costa- habría comenzado a militar en el Partido Comunista. Pero en esta " gran síntesis " -como advierte David Bary- la voluntad de cambio, de representación social no puede perder de vista la angustia metafísica y el anhelo de comunicación amorosa. No es simplemente realismo socialista -reducción, falsificación- en cualquiera de sus variantes.
La inestable situación política del país -en que se sucedían los cuartelazos- y la crisis generalizada en el ámbito internacional, motivaron numerosos textos de Huidobro entre ellos, La próxima (1 934), novela que vaticinaba una nueva guerra mundial, y En la luna, guignol o comedia en que se ejercitaba una acerba crítica a políticos y militares que manipulaban las democracias aparentes de América Latina.
Su compromiso con este nuevo proyecto literario no le impidió, sin embargo, patrocinar la publicación de la mejor muestra de poesía vanguardista del momento: la Antología de la poesía chilena nueva (1935), editada por Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim, en la que el mayor espacio dedicado a Huidobro incentivó todavía más la lucha que mantenían Huidobro, Pablo de Rokha y Pablo Neruda por el predominio en el campo de la poesía de avanzada en Chile.
Síntoma del anacronismo y resistencia de la crítica institucionalizada de esos años, fue la nota sarcástica que dedicó a esta antología el crítico periodístico más prestigiado de esos días: Alone, que insistía en medir la poesía nueva, rupturista y existente ya desde la Primera Guerra Mundial, con los parámetros de la poesía anterior, modernista y postmodernista, justamente aquella que, para los poetas de la Antología, no expresaba ya la nueva sensibilidad ni las transformaciones de toda índole de la vida moderna. Los efectos de la Antología sobre los poetas más jóvenes fueron en cambio, completamente diversos. Uno de los grupos de entonces, La Mandrágora Constituida por Braulio Arenas, Enrique Gómez-Correa, Teófilo Cid, a veces, Gonzalo Rojas- reconoció en Huidobro -combatiente del período heroico de las vanguardias- un adelantado de sus propios proyectos, uno de los fundadores de la nueva estética y práctica de la poesía como forma de vida. La inclinación surrealista del grupo no afectó mayormente a Huidobro, que recibió de ellos -fuera de una cotidiana forma de adhesión- al cumplirse veinte años de la aparición de Ecuatorial y Poemas árticos, un significativo homenaje.
La insurrección de Francisco Franco galvanizó aún más el trabajo político de Huidobro. Funda asociaciones de intelectuales en apoyo de la República Española, escribe artículos y poemas, pronuncia discursos encendidos. En 1936 viaja a España y participa activamente en el conflicto. Visita el frente de batalla y quiere alistarse como voluntario, pero el General Lister decide que puede hacer más con su palabra por la libertad de España. Asiste en 1937 al Congreso de Intelectuales Antifascistas que se celebra en Valencia que reúne a intelectuales de Europa y América.
La pugna entre Huidobro y Neruda no tenía lugar sólo en la escena literaria y se había extendido hasta España. En la década del 30 ocuparon posiciones distintas en el amplio, complejo y cambiante espectro de la izquierda. La insignia de la hoz y el martillo aparece en la solapa de Huidobro en algunas fotografías de esos años. Neruda se mantenía aún como un intelectual antifascista, sin partido. En Valencia se reavivó el conflicto y desde París la Association International des Ecrivains pour la Defense de la Culture les envió a ambos una carta invitándolos a dejar de lado diferendos personales en beneficio de la causa común. "El triunfo moral y material sobre el fascismo". Firmaban la carta, entre otros, Tristan Tzara, César Vallejo, Alejo Carpentier, Juan Larrea.
A su vuelta a Chile continuó su campaña por la República Española y contra el fascismo, pero se va distanciando del Partido, debido al pacto germano-soviético y al asesinato de Trotzki. Como recuerda su hijo Vladimir, desde hacía tiempo consideraba que Stalin se había apartado de la línea leninista de la Revolución Rusa. Después de la Segunda Guerra Mundial, Huidobro aclara sus posiciones en "Porqué no soy comunista" (1 947) (16).
En 1941, el poeta publica dos libros simultáneamente: Ver y palpar y El ciudadano del olvido, que reúnen poemas escritos desde 1923.
Ver y palpar delata que el creacionismo no ha sido abandonado del todo en la práctica poética de Huidobro. El poeta ya no afirma la independencia de las imágenes respecto a la experiencia o la identidad absoluta entre sujeto y conciencia; el sujeto poético queda más suelto, oscila, juega entre diversas posiciones, el sujeto de la escritura recurre a la imagen creada, a las "situaciones creadas" para representar experiencias en que la libertad abre el espacio del juego, la asunción lúdica de la vida y la muerte. El "non sense" (Lewis Carroll), la reiteración obsesiva de formas paralelas, la sucesión de palabras semejantes en el sonido o el significado, la circularidad de los poemas, van abriendo perspectivas o brechas en las representaciones heredadas del mundo y el hombre.
El ciudadano del olvido es -junto a Poemas árticos, Ecuatorial y Altazor- uno de los libros de poesía fundamentales de Huidobro. Livianamente hermético, predomina en sus poemas una mirada retrospectiva que -desde la experiencia acumulada de una vida intensa- nos entrega una visión conmovida de la existencia, más allá de sus ilusiones, no desesperada y no totalmente exenta de expectativas. "Preludio de la esperanza" -que inicia el libro- repite formas expresivas que canalizan la reiterada indagación del poeta en los límites de la experiencia humana. "Irreparable, nada es irreparable" se transforma en signo de esta asunción de la vida, en que el retorno de lo irrepetible hace encontrar, en su reconocimiento, una apoyatura, el camino de un probable sentido, la conciliación momentánea entre angustia y serenidad, la (des)dicha de la existencia. La relación entre "Sino y Signo" -título del último poema del cojunto- construye el espacio de juego en que se acoplan parcialmente soledad y contacto, palabra y silencio, el yo y el prójimo, esperanza y desaliento, amada y amante, alegría y amargura.
Por esos años, la relación con Ximena se está resquebrajando. Algunos poemas podrían leerse como testimonio de la crisis: "Comprendido habría sido muy otro. Pero no pudo ser, acaso no debió ser" (17).
En 1944 -deseoso de participar en la Segunda Guerra Mundial -Huidobro parte a Europa como corresponsal de guerra. Es autorizado a llevar uniforme norteamericano. Trabaja para las emisiones de la Voz de América. Según recuerda Juan Larrea, fue "herido en la cabeza, como Apollinaire. Entró con las tropas libertadoras en Berlín, trayendo como botín de guerra un teléfono personal de Hitler. Regresó a Santiago en 1945 unido a su tercera esposa, una chilena espléndida (Raquel Señoret) que descubrió en la Embajada de su país en Londres" (18).
A finales de 1947, de vuelta a su casa de Cartagena, en la costa del Pacífico, donde pensaba celebrar el Año Nuevo, el poeta sufre un derrame cerebral. Muere el 2 de enero de 1948 -poco antes de cumplir los 55 años- y, luego de permanecer en una tumba provisional, es enterrado en las alturas de una colina frente al mar.
Poco antes -el 24 de septiembre de 1947- había escrito a Juan Larrea: "Seguramente vendrá otra clase de poesía, si es que el hombre necesita de ella. Nosotros somos los últimos representantes irresignados de un sublime cadáver... Queremos resucitar el cadáver sublime en vez de engendrar un nuevo ser que venga a ocupar su sitio. Todo lo que hacemos es ponerle cascabeles al cadáver, amarrarle cintitas de colores, proyectarle diferentes luces, a ver si da apariencias de vida y hace ruidos. Todo es vano. El nuevo ser nacerá, aparecerá la nueva poesía, soplará en un gran huracán y entonces se vera cuán muerto estaba el muerto. El mundo abrirá los ojos y los hombres nacerán por segunda vez o por tercera o cuarta. Esta carta ya se pone aburrida. Discúlpame, la cortamos antes que parezca discurso (19).
Poco después de su muerte, su hija Manuela editó Ultimos poemas, que recoge parte de los numerosos inéditos y textos dispersos que dejó Huidobro, luego de su inesperada muerte. Contiene, entre otros, dos poemas decisivos: "El paso del retorno" y su célebre "Monumento al mar".
Desde el impacto que tuvieron los primeros libros vanguardistas del poeta, en 1918, hasta hoy, su poesía no ha dejado de ejercer una influencia, a menudo indirecta, pero no menos efectiva. Su obra es el comienzo y parte importante de la base de todo un período de la poesía en lengua española en nuestra época. Su imaginación aérea, que instala al hombre en el espacio celeste y su legitimación del juego en el ámbito del arte son contribuciones decisivas de Huidobro para la poesía actual. Su representación -o expresión- de la fragmentariedad de la experiencia, su indagación en una subjetividad que se fuga de sí misma en tanto que se busca, su amplificación de la habitación humana al hiperespacio, su relativizací6n de la realidad, su experiencia de la transformación y transformación de la experiencia en un mundo intervenido por la técnica, son algunas de las dimensiones de su obra que actualizan fascinantemente su lectura. Como dice Nicanor Parra, ahora más que nunca
El poeta se hace vidente
vicente
vigente(20)
Notas

(1)Gonzalo Rojas, "Huidobro, de repente" Culturas, suplemento Semanal de Diario 16, Madrid enero 9, 1993. P.1.

(2)Alone, "A propósito de Vicente Huidobro" con R. de Costa, Vicente Huidobro y el creacionismo. Madrid, Taurus, 1975. P. 112.

(3) V. Huidobro, Pasando y pasando en : Obras Completas, Santiago, Andrés Bello, 1976, V. I. p.658.

(4) A. Cruchaga, "Conversando con Vicente Huidobro" (1919), en R. de Costa, op. cit., p.62.

(5) G. Apollinaire, Meditations Esthétiques (1911), Paris, Herman, 1980.p.67.

(6) J. Gris, L`Esprit Nouveau, Paris, 5(1921), pp. 533-534.

(7) G. Diego, "Vicente Huidobro (1893-1948)" en: R. de Costa, op.cit., p.26.

(8) V. Huidobro, Le coeur à Barbe, Paris (Abril 1922).

(9) J. C. Mariátegui, "La realidad y la ficción", en: El artista y la época, Lima, Amouta, 1973 p. 23.

(10)V. Huidobro, "Pasión, pasión y muerte" (sic), en: Obras Completas, VI, p. 623.

(11) V. Huidobro. Id. p.636.

(12) A. Pizarro "Otros géneros" en Desembarcar cometas como turistas, Santiago, Fundación Huidobro, 1992. P. 7.

(13) V. H., Altazor en Obras Completas, V. I. pp. 387, 393.

(14) V. H., id., 382.

(15) V. H., "Total" en : Obras Completas, V. I. p. 755.

(16) El artículo apareció con el título cambiado: "Por qué soy anti-comunista", en: Estanquero, Santiago (abril 1947), lo que molestó a Huidobro.

(17) V. H., "Irreparable, nada es irreparable", en: Obras Completas V. I. p. 516.

(18) Juan Larrea, declaración a R. de Costa en Poesía. Ministerio de Cultura. 30-32 (1989), p. 385.

(19) V. Huidobro. Carta a Juan Larrea (24. O9. 1947). Op. cit., 388-390.

(20) N. Parra, Discurso de Cartagena (inédito), 1993.

BREVE ESBOZO PARA UBICAR A VICENTE HUIDOBRO. Por Andrés Morales

Últimamente, la figura del gran poeta chileno Vicente Huidobro (Santiago, 1893-Cartagena, 1948) parece ser indispensable para cualquier visión, panorama o estudio medianamente riguroso de la poesía chilena e hispanoamericana. Antes no sucedía así, las largas sombras de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges o César Vallejo parecían oscurecer y hasta ocultar la voz de Huidobro. Desde los finales de los años setenta hasta hoy se ha comenzado a hacer justicia. Y, quizá, no han sido los críticos o exégetas los que han señalado la necesidad de reconocer la obra y la teoría poética del chileno. Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Juan Jacobo Bajarlía, Enrique Lihn u Oscar Hahn -poetas todos ellos a la par de ensayistas- han sido los primeros en recuperar la figura y el peso de Vicente Huidobro. Como digo, hasta bien entrados los años setenta la crítica casi no había dado nada de sí (1), o, si se había reconocido a este autor, sólo se le mencionaba en artículos, algunas críticas o en estudios panorámicos y misceláneos (2). Había que "redescubrirlo" en estas épocas de tanto revival, postmodernismo y nostalgia por las verdaderas pasiones: no las artificiales, sucedáneas o descafeinadas que ahora campean en el territorio de la estupidez y desorientación general en el universo de la poesía. Y, así, un buen día, los críticos ( se ha de subrayar que sólo unos pocos, aunque de gran calidad, Ana Pizarro, Hugo Montes, Mireya Camurati, George Yúdice, Antonio de Undurraga o René de Costa) revisaron, "re-vieron" e introdujeron al poeta en las cátedras de las universidades y en las así llamadas revistas serias.

Por otra parte, los lectores también se encontraban sumidos en la ignorancia o en el desconcierto. Las escasas ediciones o reediciones, las tardías Obras Completas, a la par de leyendas negras, no reconocidas influencias de más de un poeta "deudor" o la simple y llana ignorancia e ingenua clasificación de poeta francés o poeta burgués afrancesado (Huidobro, miembro antes que Neruda del Partido Comunista, aunque primero también en abandonarlo) y otras simplezas peores, contribuían a que el público no descubriera el valor de la obra huidobreana, el carácter y la auténtica revolución que produjo este poeta en el mundo de las letras chilenas, hispanoamericanas, españolas y hasta francesas. No hace falta argumentar más, basta con revisar el archivo del poeta cuidadosamente clasificado en la Fundación Vicente Huidobro de Santiago de Chile (3) para comprobar que muchas de las polémicas, el ciego partidismo literario y hasta la política se encargaron de ocultar la trascendencia de este autor. Pero el tiempo "que todo lo vence" ha alterado radicalmente el escenario del presente eliminando estos prejuicios y, de tal forma, que hoy por hoy, desde México hasta la Patagonia -e incluso en Europa- todos o casi todos los poetas actuales (y los no tan actuales) se sienten comprometidos, tributarios y deudores de la poesía del chileno. Se puede decir que se ha configurado un verdadero "tópico Huidobro" (¿qué diría entonces, ahora, Vicente? Antipoeta y mago, como el mismo se define en Altazor, sonreiría ante tamaña injusticia anterior -sufrida por el propio poeta y proveniente de sus colegas chilenos, españoles y franceses- como también de las desmesuradas aficiones y homenajes actuales).
Pero, ¿cómo situar a Huidobro, hoy, a ciento cinco años de su nacimiento? Difícil pregunta y, más que difícil, enrevesada por la proyección dispersa y secreta, durante un largo paréntesis de casi treinta años, o, por esta fiebre huidobreana que, al parecer, a todos nos afecta.
Situar a Huidobro, sin caer en la exageración de la apología o en el pecado de las "anteojeras" y de la parcialidad, significa revisar la historia de la poesía en castellano desde finales del siglo XIX hasta ahora. Quizás habría que anotar algunos puntos esenciales que hagan más fácil la comprensión de su figura, su gesto, su poética y su poesía.
En primer lugar, Huidobro escribe sus textos iniciales bajo el influjo del romanticismo, del simbolismo y del modernismo, como la mayoría de los poetas de la lengua castellana de esa época. La presencia de los poetas franceses, de Rubén Darío (a quien nunca rechazó, como si lo hizo con aquellos que repetían su estilo y establecieron una verdadera retórica postrubendariana) y hasta del lejano Gustavo Adolfo Bécquer, empapaban toda la poesía del continente americano y de España. Nadie se salvó ( ni aún Vallejo o Neruda) y tampoco Huidobro. No se trata aquí de descalificar semejantes influjos, pero sí de dejar en claro que los "esquemas" y el tono poético se repetían, trasnochadamente, hasta la saciedad. Vicente Huidobro en Ecos del alma (1911), Canciones en la noche (1913) o en Las pagodas ocultas (1914) cayó en este mismo problema. Tal vez, la etapa de formación del poeta sea la época de su producción menos interesante, aunque destacan formalmente -y de allí la inclusión de algunos de esos textos en la presente selección- los caligramas de Canciones en la noche, un esfuerzo sólo comparable, en Hispanoamérica, al del mexicano José Juan Tablada.
Tampoco escapó Huidobro a las teorías filosóficas del norteamericano Ralph Waldo Emerson o del uruguayo Rodó: Adán (1916), un poema de largo aliento, fundacional, aunque formalmente aún en territorios ya probados, intenta ver al hombre en su condición primera y con la capacidad de nombrar, decir y recrear al universo entero.
Pero, en ese mismo año de la aparición de Adán, ve la luz El espejo de agua, breve libro o plaquette que esboza totalmente el espíritu de la obra de Vicente Huidobro. Es allí donde se incluye el famoso poema "Arte Poética", casi un manifiesto, una declaración de principios, un "juramento" poético que, a la par con sus primeras conferencias ("La poesía") y manifiestos ("Non Serviam"), trazará las líneas de su nueva forma de poetizar. Desde aquí en adelante todo serán polémicas, algunas de ellas aclaradas o casi aclaradas ( como la acusación de antedatación de El espejo de agua, desmentida por el profesor norteamericano René de Costa, aunque puesta nuevamente en duda por la estudiosa chilena Paulina Cornejo), otras que aún pesarán de forma injusta en la mente de algún poeta o crítico excesivamente incrédulo, quisquilloso o parcial: en las que el "repertorio" varía desde si es él el "padre" del creacionismo o no, si fue influido o influyó por o en tal o cual autor, si realmente estuvo ligado y que importancia tuvo -e injerencia- en la gestación de la mediocre vanguardia española llamada ultraísmo, etc. Asuntos que, con el correr de los años, en vez de desprestigiar al poeta sólo han conseguido demostrar la estrechez de horizontes de los "acusadores" o bien, de los "defensores a toda prueba". Pero, no me detendré en estos problemas. Se irá a la obra auténticamente revolucionaria, refundadora, indómita y temeraria del Huidobro más revelador.
Como dije antes, es con la plaquette El espejo de agua (supuestamente editada en Buenos Aires en 1916) y, fundamentalmente con poemas como "Alguien iba a nacer" o "Arte Poética" ("...inventa mundos nuevos y cuida tu palabra [...] Por qué cantáis la rosa ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema...") donde se enuncia el camino a seguir y que será proyectado en otra lengua, el francés, con Horizòn Carré publicado en 1917, en París. Allí aparecerán casi todos los textos del breve poemario de 1916 (4) con la excepción de "Arte Poética" -tal vez demasiado obvia en el París de las vanguardias- y se producirá la fusión entre los intentos de Reverdy y otros, los aciertos deslumbrantes de Apollinaire y los esfuerzos del chileno. Mucho se ha hablado de esta época, pero hay que recalcar que se trata de un momento de eclosión, de un boom (si cabe el término), de necesaria ruptura y oxigenante -en palabras Octavio Paz- que "contagia" a pintores, músicos, dramaturgos, novelistas, escultores, poetas y artistas en general -por programáticos o anárquicos que se autoproclamen- y que los hallazgos se comparten, se transmiten y sirven de precedente o influencia para los que llegan, o cambian o se inician en las letras y en las artes. Juan Gris tradujo, según el profesor René de Costa, poemas de Huidobro al francés y hasta intentó escribir una poesía propia o variaciones sobre textos del poeta de Altazor. Varesse musicalizó algunos poemas de Tablada y Huidobro, Picasso retrató junto a Gris al chileno, Delaunay ilustró el libro-poema Tour Eiffel, Arp escribió conjuntamente con Vicente Huidobro Tres novelas ejemplares (publicadas en Santiago de Chile en 1935), hasta Federico García Lorca, en España, dedicaría un hermoso poema de homenaje y reconocimiento para el chileno. Es imprescindible señalar los viajes de Huidobro a Madrid como puntos de flexión, conjunción y reflexión en torno a la poesía escrita en la península ibérica. La importancia de su encuentro con Rafael Cansinos-Assens, con Ramón Gómez de la Serna o con Guillermo de Torre (más tarde tenaz enemigo del chileno como queda explicitado en las múltiples injusticias cometidas en contra de la importancia de Huidobro en España en su Historia de las literaturas de Vanguardia) y más aún -por muy deficiente que sea su calidad poética como hoy podamos constatar- por el impulso definitivo que consiguió dar para el nacimiento del ultraísmo hispano y para producir un verdadero "remezón" en la conciencia y en los poemas de los autores españoles, tan importante como la lograda por Rubén Darío en sus viajes a la península. Gerardo Diego, el último y genuino exponente del creacionismo español y Juan Larrea (que luego erivaría hacia una línea distinta) son los "encuentros" más felices entre la poesía hispanoamericana y la poesía española. Incluso, al diferenciar a Diego, a De Torre, a Garfias y a Cansinos, Huidobro hace de sus estadías en Madrid algo verdaderamente renovador -aunque sólo sea para un grupo pequeño de iniciados- que permita a los poetas del llamado "Grupo de 1927" conocer las vanguardias y asumirlas (junto a sus búsquedas personales, claro está) y cambiar esa suerte de "retórica" archiconocida e intentar otra clase de poesía: más actual, menos aislada del resto de Europa, más contemporánea. Incluso, a través del ultraísmo español (que influenciaría al, en ese entonces, joven Jorge Luis Borges), el poeta chileno consigue un fenómeno muy especial (probablemente involuntario y sin mayores pretensiones): devolver la vanguardia a Hispanoamérica en un viaje de ida y vuelta al plantear -Borges mediante- las líneas del ultraísmo argentino. Curioso fenómeno: el creacionismo comienza a gestarse en América, se consolida, crece y se desarrolla en Europa y vuelve al nuevo continente con particularidades quizás distintas, pero con una intención semejante, esto es, replantear la poesía, olvidar los pasados influjos y construir una poética otra.
Y aquí surgen algunos problemas. Huidobro escribe, produce con gran velocidad. Publica libros en París, en Madrid, en Santiago de Chile; es antologado e incluido en revistas italianas, inglesas, norteamericanas, hasta checas y polacas… Su obra se fragua en el argumento del cambio, de la renovación (véanse los manifiestos que se incluyen en esta selección), pero, en el afán por lo nuevo, tal vez, pierde altura, emoción, llegada (como todos los vanguardistas en sus momentos ágidos al cuestionar todo arte anterior e incluso hasta la recepción del lector), transformándose en una "poesía de tesis" donde se quiere ejercer el cambio y demostrarlo a todas luces, antes que éste y aparezca en el poema y no con el poema. Sin duda encontraremos textos bellísimos, reveladores, abiertos a cualquier lector sensible, pero serán los menos. Desde Horizón Carré hasta la aparición de Altazor o el viaje en paracaídas (1931) y Temblor de cielo (1931), Huidobro seguirá (con excepciones como Hallalí, poéme de guerre de 1918 o los notables poemas de Tout á coup y Poemas árticos- en su trazo demostrativo, hasta pedagógico, si se quiere, de lo que para él debe ser la nueva poesía.
Con Altazor su obra consolida el "salto mortal" de la vanguardia (Cantos V y VII) y la belleza transparente, del asombro, penetrante, hasta producir la conmoción del lecor ("Prefacio", Cantos I, II y IV, por ejemplo). Lo mismo en el ya nombrado Temblor de cielo. El análisis de Altazor o Temblor… me llevaría a extender latamente estas palabras. Ana Pizarro, René de Costa, George Yúdice, Jorge Schwartz o Mireya Camurati, han conseguido magníficas interpretaciones. Lo importante es subrayar, desde la aparición de estos dos libros recién mencionados, la auténtica plasmación de forma y contenido que se produce en su obra. Un verdadero "Arco voltaico", como diría Huidobro, un arco del prodigio que ilumina el camino poético y que hasta podría oscurecer su trabajo anterior: Ver y palpar (1941), El ciudadano del olvido (1941) y fundamentalmente sus póstumos Últimos poemas (1948, recopilados por su Hija Manuela Huidobro de Yrarrázaval) acrecientan la estatura del poeta y lo transforman de tal manera que su escritura se vuelve más espontánea, de la sangre, de alto vuelo y con una "emoción directa" fácil de recuperar. Es por esta razón que en esta selección que ahora presentamos se haga mayor hincapié en la inclusión de sus últimos trabajos a partir de Altazor y se deje fuera a aquellos tan marcados por la tradición formal (época de formación) o los que convierten a muchos de sus textos en lo que yo llamo "poesía de tesis" (época de consolidación y crecimiento del creacionismo).
El lenguaje, la expresión, el tono, el temple y la constitución o anatomía del poema hace del conjunto de estos libros últimos su aporte mayor a la poesía de este siglo XX. La locura, la fiebre del vanguardismo se alejan para que la voz del poeta entone el canto mayor con precisión, con rigor y buscando no el "truco" ni el "equilibrismo", sino la interioridad con mayúsculas, sumergiéndose en las preguntas esenciales del hombre , del poeta. Adivinando la fugacidad, la caída, el fin: presintiendo la muerte y redescubriendo a la naturaleza, ya no la ficticia o la imaginada, sino la real (véase, por ejemplo "Monumento al Mar"), para no sólo incorporarla como un escenario, sino hacerla surgir entre el espacio negro de la letra de molde y el espacio blanco, del silencio, de la página impresa.
Sin duda toda antología es injusta, parcial y subjetiva: nada nuevo bajo el sol. A pesar de esto y no queriendo dar excusas de antemano creo que la auténtica dimensión del poeta no sólo está en su obra, sino en la relevancia, en la presencia, en la vitalidad (que existe en sus poemas, qué duda cabe) pero ya imposible de recuperar completamente. Huidobro es poesía y poesía de arte mayor, pero también es el misterio de la voz prodigiosa, es una época, hoy revisitada sólo parcialmente, donde la pasión y la fuerza junto a una fresca e incomparable inteligencia lograban el hallazgo definitivo.
Tal vez ahora, en el fin de siglo y luego del primer centenario del poeta, logremos recuperar "la gloria y la sangre", el milagro de las utopías verdaderas, no el "post" ni el "pre": el ahora palpitante que nos sobrecoja en el placer del canto, la palabra, la voz.
Santiago de Chile, enero de 1993- abril de 1998

Notas

(1) Véase nuestra Bibliografía Mínima en torno a los estudios sobre Huidobro.

(2) La notable excepción la constituye Cedomil Goic con su volumen fundador La poesía de Vicente Huidobro. Ediciones de los Anales de la Universidad de Chile. Santiago, 1956. Incluso unas primeras Obras Completas tendrían que esperar largos años (hasta 1976) para ver las prensas bajo el cuidado de Hugo Montes en la Editorial Andrés Bello de Santiago de Chile.

(3)En 1992 tuve el privilegio de trabajar en la constitución del Archivo del legado del escritor chileno con los funcionarios y bibliotecarios de la Fundación Huidobro, todos bajo la responsable e inteligentísima dirección de la Profesora Ana Pizarro, directora de la institución y del nieto del poeta y presidente de la misma, Vicente García Huidobro, lo que me permite afrimar con propiedad lo anteriormente dicho. Allí se encuentran celosamente microfilmados y clasificados los manuscritos, las revistas, antologías, cartas y poemas que lo enlazan con lo mejor de las letras de esa época: Gerardo Diego, Raymond Radiguet, André Malraux, Francis Picabia, Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Jean Cocteau, Juan Larrea, Federico García Lorca y un larguísimo etcétera.

(4) De allí es que he preferido su versión auténticamente creacionsita, reelaborada en ese libro parisino y traducida por José Zañartu, años después, al castellano. Igualmente, en esta selección, se ha utilizado el criterio de dar a conocer sólo las traducciones vertidas al castellano, más que nada por problemas de espacio. Las restantes versiones a la lengua materna del poeta pertenecen al mencionado José Zañartu, al poeta vanguardista chileno (miembro del grupo "Mandrágora") Teófilo Cid y al profesor y compilador de las Obras Completas de Huidobro, Hugo Montes.