miércoles, 22 de octubre de 2008

LA GRAMÁTICA DEL ALUCINADO.

Algunos poemas de Hesnor Rivera pertenecientes a un libro que no fue.

Ante-pretérito simple
Alrededor de tu casa
sólo el horizonte es más ancho
agita sus paredes
de pañuelos en alto:
hacia el sur los de antaño.
Hacia el norte los más recientes
pero de igual modo lejanos.
Aquí la concordancia lleva
a cuestas y a simple vista
sus bártulos. Verbigracia
el sustantivo Demencia es rojo
como el amor que lo precede
y lo anuncia y al mismo tiempo
lo sigue y lo proclama a gritos.
El verbo se convierte siempre
en actos que la memoria inventa
para que el olvido —como suele
suceder— verdadermaente exista.
Tome su continente
de animal si se quiere insípido
como el del loro
cuando guarda silencio.
En este caso la concordancia
debe proyectar la seda
de sus tentáculos
para involucrar tu casa
por obra y gracia del adjetivo
referido simultáneamente a las trampas
seductoras del espacio y el tiempo.
De ese modo el horizonte puede
retornar a su sitio verdadero
que incluye bosques. Mástiles
—techos sembrados de leguminosas.
Puros pálpitos de amorosas locuras.
Reflexiones como pesadillas
sobre amores para siempre pendientes
llenos de incorrecciones
y al final cada vez más joviales.

Presente indefinido
Te encontraré ayer tarde.
Seguramente tú hayas perdido
ahora el porvenir contemplando
el vuelo del águila dorada.
Tú habrás estado siempre
inmóvil en el centro del día
de aquel año lejano
en que nos separamos sin darnos
cuenta —sin siquiera
percatarnos allí mismo
de lo que ocurría y todavía ocurre.
De lo que aún perseguimos
hollando la arena de un tiempo
malgastado miserablemente
por saborear los más vivos instantes
de una existencia
que no transitamos nunca.
El pasado por simple puede
que exista pero sólo
como un área y una atmósfera
donde apenas crece la espera.
Donde cada quien es el mártir
de sus propias alucinaciones
y declina y conjuga los hechos
según el giro de sus hábitos
—según la controversiade sus delicadas memorias
siempre creadas y sobrealimentadas
con substancias fantásticas
para que se multipliquen
con voracidades indígenas.
Volveré a verte
y será de nuevo ayer.
Y te he perdido porque ahora
es mañana.
Y es allí justamente
en ese bosque de los insomnios donde
las palabras intercambian las frondas
de sus significados absurdos
—donde pierden su brillo
y se bifurcan las sendas
de los astros del comienzo.
Donde los recuerdos cobran
las apariencias de las profecías
sobre el final de los combates
entre el amor y la muerte.
Es allí justamente donde estamos.
Donde nuestros desengaños
son simples como el pasado
que de pronto se volverá de espaldas
para que podamos
hace mucho encontrarnos.


Futuro pluscuamperfecto
El futuro no existe.
Lo inventaron los gramáticos
que padecieron más hambres
durante su permanencia
por lo común muy larga
bajo la superficie del mundo.
El futuro sólo existe
cuando le quita el puesto
al pasado vivido muchas veces
pero que desconocemos
casi siempre a diario.
Por eso
nada puedo prometerte
visión mía –sombra amada
que encontré y perdí tantas veces.
Que contemplé día tras día a fondo
pero en el laberinto de las noches más claras.
Por eso
todo cuanto te digo lo invento
a expensas de mi propia
destrucción propiciada ahora
y a cada instante por los sentidos
cuando se interfieren
y se entredesgarran
—cuando luchan
por beber en el ánfora
del más bello desorden.
Si alcanzo a recordar el tiempo
de nuestra vida próxima
resulta que en realidad somos otros.
Dos desconocidos que simpatizan
desoladamente. Y se tocan
hasta el extravío
en el traspatio
de una soledad que nos borra
furiosamente los rostros.
Es entonces cuanto tú me llamas
con el nombre de cualquier objeto.
Y me dices fuego noctámbulo
—navío
para un solo viaje.
Pájaro
de las alas impropias. Signo
de la intemperie sombría.
El futuro no existe.
Lo inventamos nosotros
sin siquiera conocerla
O por lo redondo.
Pero conociéndonos a tientas
siempre con el hambre o con la sed
de los sentidos revueltos—conociendo en fin o apenas
cosas tan prácticas como
el infinito y el tiempo
donde los nombres se apagan.
Donde desaparecen de pronto
las palabras para reaparecer
más libres que los pedazos
de nuestro amor siempre nuevo.

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