jueves, 9 de junio de 2011

La Pasión. Por Gisela Kozak Rovero



Salimos del amor

como de una catástrofe aérea


Cristina Peri-Rossi



Convencida y vencida, húmeda y anhelante, te contemplo dormida luego de abrir la puerta del cuarto en el que duermes en la casa de una amiga común que se niega a tomar partido en la guerra civil. Tú y yo estamos en bandos distintos y por eso nos separamos hace un año. Hay una tregua y debo hacer un reportaje sobre esta frontera entre la nada y el olvido, pero en realidad estoy aquí porque te sigo amando. Qué cansada debes estar pues ni siquiera apagaste una débil luz amarillenta que tienes en la mesa cerca de tu cama. Tu uniforme militar está arrugado en una silla: una química trocada en guerrera. Hace frío pero tú duermes confiada entre cobijas gruesas que te envuelven y que solo dejan ver una pantorrilla torneada, un brazo finamente musculoso, el cuello. Disfruto tu perfil, la nariz que surge del entrecejo con un trazo contundente y recto. Entro, cierro, me quito la chaqueta de cuero, la dejo en la única silla. Con ternura me inclino sobre ti, arreglo las cobijas sobre tu cuerpo.
Quiero ser esas cobijas para tocar toda tu piel en una sola caricia. Me acuesto a tu lado. Aceptas mi presencia, estás dormida, ¿estás despierta? Recorro apenas rozándote con mi nariz tu cuello desde la nuca hasta tu oreja; el olor es solo tuyo. Siento tu estremecimiento y te envuelvo con el brazo izquierdo, te acomodas, sabes que soy yo quien te abraza. Mis pechos prueban su dureza en tu espalda. Mi otra mano sostiene mi cabeza. Abres los ojos pero no me miras de inmediato. Con los dedos comienzo a recorrer tu vientre y empiezo a subir. Haces un gesto tímido intentando evitarlo; no insisto, beso tu cuello, no he dejado de amarte nunca, ni un día, murmuro. Quisiera disfrutar tu pecho izquierdo, volver a sentir de nuevo que me llena la mano, tentar el endurecimiento de tu pezón. Haces un gesto de inquietud; hemos estado de costado y te das la vuelta para enfrentarme. Tropiezas con mi boca que te espera, la mantengo sobre la tuya; apenas ladeo la cabeza, mi brazo derecho se acomoda en tu nuca y hombros, mis labios hacen apenas un movimiento sobre los tuyos que se entreabren con un gesto tímido. Envuelvo tus labios con los míos, soy yo la que conduce el beso, la intensidad, el tiempo que durará, el punto justo de humedad, el movimiento exacto de la lengua: apenas la punta. Es un beso largo, de reconocimiento, de reencuentro. Aquí vine a claudicar, lo sé. Tratas de detenerme, observo tus ojos negros que dicen que sí y tus labios que dicen que no. Te sientas, te atraigo hacia mí. Soy yo quien te ofrece la boca, la que rodea tu cuello, la que espera el abrazo que posee, la que te murmura a tu oído hazme tuya, haz lo que quieras conmigo, te daré lo que pidas, me abrazas. Todavía estoy a medio vestir, eso te molesta, te humilla un poco. El que yo esté con ropa enfatiza tu desnudez. Siempre has dormido desnuda, pero hace demasiado frío. ¿O sabías que vendría a verte? Te separo un momento de mí, te miro, veo fragilidad, te abrazo, te acuno, te digo lo que vine a decirte: me rindo. No contestas, pasan minutos entre abrazos, besos de variada intensidad, caricias en la espalda, en el cabello. Frente a tu rostro me quito la franela, me acaricias los pechos lentamente y luego de un modo más intenso; mi cuello se arquea (te extrañaba tanto) mi entrecejo se une (te deseaba tanto) mi boca se abre, gimo. La precisión, la rapidez de tu lengua, la forma de abrir la boca y cubrir el pezón siempre me han gustado. Vamos cambiando de posición, me dejas hacer cuando te recuesto y bajo a tus pechos. Los trato con gentileza, mi boca cerrada los recorre antes de probarlos, te los beso con paciencia, presiono tus pezones entre dos dedos, los acaricio con la yema del índice, empiezas a arquearte, a gemir, a perder el control. Abres tus muslos, quieres que me acomode entre ellos. Lo hago, cuidando no exceder el peso justo sobre tu cuerpo. Nos movemos llevando un compás suave, exactamente al mismo ritmo, tocándonos las caras, el cabello, en una caricia que incluye todo el cuerpo, concentradas, mirándonos a veces, escondiendo mi cara en tu cuello, aferrándonos con ternura de alta temperatura la una a la otra porque en medio de este peligro somos la vida que nos queda.Un beso largo indica la tempestad en ciernes; regreso a tus pechos dueña y sin freno, los pruebo, los envuelvo con mi boca. Mi mano acaricia tu vulva, te abres sin apuro, me contengo, apenas rozo tu clítoris. Tu mano en la mía indica que quieres más. Mi dedo medio presiona suavemente de arriba hacia abajo y viceversa. Subo a tu boca y mientras te beso bajo a la entrada de tu vagina y dejo los dedos justo en la entrada. Me detienes, me recuestas, me quitas lo que me queda de ropa y nuestros cuerpos se emulsionan en una danza que dura minutos; estás sobre mí, me jineteas paciente y sabia, me amansas la inquietud mientras te sujeto por los hombros y te pido que sigas. Mi cuerpo acepta tu ritmo, tu peso, tu forma de mordisquear mis orejas, tu beso altanero de labio contra labio, tu lengua vencedora, un mordisco preciso que da un levísimo dolor, dolor curado por la ternura de tu beso siguiente. El ritmo es otro, los besos más dulces, el movimiento más acompasado. Penétrame, te pido, me acunas por un instante en tu regazo. Buscas entre mis muslos, me tocas el clítoris con la frotación exacta, al rato introduces dos dedos, cuidadosa. Eres lenta para enloquecerme.
Te pedí una tregua, ya va amor, te dije con tanta ternura que me soltaste sin chistar. En un instante tenía mi rostro en tu bajo vientre. Tu perla asomaba redonda y plena. La punta de la lengua recorrió desde la entrada de tu vagina hasta el clítoris erecto y se detuvo: primeo un toque …estremecimiento…Otro. Presionar, lamer con levedad primero y ante tus gemidos, tu “más rápido”, lamer velozmente, envolver tu perla con los labios y chuparla, sentir tu olor a vainilla, los vellos cuidadosamente afeitados y puestos en su lugar. Tu vulva es hermosa, su carne es rosada, los labios mayores están tan bien modelados como los menores. Mi lengua es precisa con tu clítoris, el placer te arranca gemidos. Luego me dices “Así, cógeme”. Te penetro con mis dedos por la vagina y el ano y al minuto los espasmos comienzan: siento el primer sismo en mi lengua y las contracciones en mis dedos, rítmicas, primero más fuertes, luego más leves. Los gemidos son irregulares hasta hacerse cada vez más largos y sostenidos. Terminas. Me apartas, agotada, dulce, gimiente, temblorosa. Luego cuando sientes mi rostro cerca del tuyo, lo acaricias sin abrir los ojos.No me perdonas tu entrega. Me volteas sin apuro, sé lo que quieres, mis rodillas y mis codos van a la cama. Me arqueo y gimo, te duele, no, quizás duela un poco, te hincas, te afincas, sí, duele un poco, jadeo mientras el orgasmo tiembla en el vientre. Recuesto la cara de la cama, completamente invadida. A los orgasmos leves ya ocurridos sucederían las sacudidas mayores. Tus dedos me sacan un gemido profundo y visceral, un orgasmo pleno de espasmos. Estamos cansadas pero unos minutos después estás delante de mí, te sujeto por la nuca, te beso, mi dedo te acaricia tu orificio más secreto de modo clemente y tierno, tus muslos estás abiertos, tocas tu clítoris con tu dedo medio derecho. Quiero ver tus gestos mientras tienes otro orgasmo. Te recuesto en la cama, te penetro con la mano derecha y sigo la ruta hacia el vientre, muevo los dedos hacia arriba, presionando. Mi mano izquierda en tu nuca está jalándote hacia abajo, los ojos negros te brillan, enrojeces hasta el cuello, aceptas el placer que te doy ¿por soledad, por necesidad, por el pasado, por amor? Esa humedad que facilita el deslizarse de mi mano dentro de ti es un regalo que me haces. Acaricio tu clítoris con el pulgar: tus ojos negros se abren todavía más, las pupilas dilatan, parpadeas, frunces levemente el entrecejo; es la cara de dolor leve del placer extremo, veo tus dientes, tu lengua rosada. Me miras como extrañada, con secreta rebeldía, gritas ahogadamente, culminas.
Luego tu lengua afilada y rápida extrae mi último orgasmo casi al borde del desmayo. En la mañana me despierto abrazada por ti, tu frente está en mi nuca. Te pregunto: ¿y ahora qué pasará con nosotras?
No contestas.
¿De verdad estarás dormida?


La Pasión es uno de los cuentos que laten En Rojo, nuevo libro de Gisela Kozak Rovero.

domingo, 5 de junio de 2011

Entrevista que le hice al escritor Norberto José Olivar



1.- Creo que la literatura te ha tratado muy bien, lo cual significa para mí, que ella se ha sentido bien tratada por ti. ¿Qué significa ella en tu vida?
Significa contentamiento, pero no felicidad. Me justica, pero no me indulta. Es la única manera de ser honesto. Y te enseña a vivir con la incertidumbre.


2.- Tuviste una incursión fallida en la poesía, es algo que cuentas en el Cadáver Exquisito. Tu despecho poético lo desbocaste en un libro de cuentos llamado El Extraño Caso de Agustín Baralt. Un libro que, recuerdo bien, te trajo muchas satisfacciones. Ahora bien, ¿por qué no has vuelto sobre el cuento?
Luego de ese libro he escrito muy pocos cuentos. Ese asunto es misterioso, una vez, con toda una investigación realizada sobre la vida del poeta Ismael Urdaneta, me lancé a escribir su novela, y de pronto, sin explicación, la narración se cerró. Traté de continuar, pero fue imposible, el relato estaba concluido. La novela, entonces, se convirtió en un cuento. Años después, escribí una novela sobre Papillon que resultó un desastre, y al revisarla, años más tarde, descubrí que la introducción era un relato independiente, así que lo saqué del frustrado libro. Por lo visto, el cuento se me da de manera accidental.

3.- Te he dicho en varias oportunidades y hasta creo haberlo escrito en algún sitio que tu narrativa tiene un antes y un después, y que ese punto de quiebre lo representa Morirse es una Fiesta. Otros, quizás más enterados que yo, señalan como ese momento El Fantasma de la Caballero. En todo caso, sea una u otra, lo cierto es que a partir de esos años hay otro trato con la narrativa, ¿qué cosa procuró ese quiebre?
En el “antes”, que a mi juicio hace frontera con Morirse…, mi percepción de la narración se centraba más en la historia como proceso, en sus múltiples posibilidades, y en alejarla de la simplificación moral. El “después”, de Morirse hasta Cadáver exquisito entendí que, para mostrar mejor las contradicciones y todo lo que me interesaba, tenía que aceptar a la literatura como un padecimiento. No solo empecé a escribir un tanto distinto, sino que mi vida personal sufrió un viraje radical: renuncié a cualquier militancia política y religiosa, y todas mis prioridades personales fueron reorganizadas en función de dedicarme casi, exclusivamente, a la literatura. Mi responsabilidad es escribir, no podría justificarme de otra forma. Como Kafka, no se trata de cierta tendencia, se trata de ser literatura. A algunas personas les cuesta entender algo semejante.


4.- La aparición de El Hombre de la Atlántida por Comala.com generó cierta controversia en Maracaibo, lo cual marcó una impronta en tus primeras historias: la polémica. ¿Qué cosa recuerdas con mayor regocijo de esa época? ¿No recibiste más amenazas?
Un ex miembro de la Asamblea Constituyente Me dedicó, sino recuerdo mal, más de veinte cuartillas, entre las cuales me insultaba y me animaba a seguir escribiendo, pero eso sí, con un poco más de respeto y sentido común. Luego un ex cónsul alemán me rellenó, vía celular, por casi una hora, por otra novela corta, La guerra de Zingg. La polémica siempre está presente cuando tratas de no simplificar la realidad, cuando muestras las contradicciones humanas, y cuando construyes una cartografía de intereses que pueda explicar la realidad. En pocas palabras, cuando eres honesto (no santo) y busca la dignidad de tu texto, cierta gente no te lo perdona, bien porque son unos imbéciles o, sencillamente, unos sinvergüenzas.


5.- ¿Has pensado en reeditar alguno de tus primeros libros? Creo que hay gente interesada en leer algunas de esas obras.
Supongo que esas cosas llegarán en su momento. El único libro que he pensado para una reedición es El fantasma de la Caballero.

6.- Entiendo que los libros de Enrique Vila-Matas y Paul Auster han sido muy importantes en tu madurez como escritor. ¿Por qué? ¿Qué has visto en ellos?
La mezcla de géneros, la autoficción, la libertad absoluta con la que escriben conectadas con los viejos surrealistas, todo eso repotenció y reconfiguró mi proyecto narrativo, que no es otro que Maracaibo.


7.- Cuando hablas de renunciar a toda militancia política y religiosa no termina resultando eso una posición política y asumir otro tipo de militancia? Te lo pregunto debido a que, de alguna manera Kafka terminó siendo militante de la literatura que creía encarnada en él.
Ser militante de la literatura es hacerse literatura, Kafka ya nos dio esa lección. No puedes usar a la literatura, ella es la que te usará… Esa es la única regla.


8.- Creo que la libertad es absoluta o no es. No crees que cuando se adjetiva la libertad pierde su esencia misma?
Sospecho que nadie puede ser absolutamente libre, eso no significa renunciar a serlo, pero la literatura puede exigirte, en algún momento, abandonar algunos “principios”, algunas “convicciones”, sino lo haces, entonces te abandonará a ti. Lo que nunca te aceptará es una relación a medias.

9.- No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero entre las palabras más manoseadas últimamente es el de libertad. Todo el mundo opina sobre ella con la misma pasión con la cercena. En el fondo, no crees que hablar y hablar y hablar de libertad es, de alguna manera, establecer un mecanismo, un dispositivo que sirva para neutralizarla? Fijarla en un discurso para luego apresarla?
Valery dice que hablamos de la libertad cuando se restringe de alguna manera, sino, pues ni cuenta te das que eres libre. Piensas en ella cuando falta. Creo que en este momento que atravesamos, hay ciertas preocupaciones sobre el ejercicio de la libertad. No se trata de que vivamos como esclavos, pero sin duda, la gente se piensa mucho lo que va a decir por miedo a perder ciertas oportunidades o beneficios. Eso ya va siendo una falta de libertad. De modo que está en los discursos actuales porque es una inquietud ciudadana, sin duda, ahora, eso no quiere decir que en la diatriba política no se exagere, de una u otra forma, según el bando, el alcance real de esta problemática. Lo triste es que el discurso político está atomizando la posibilidad de pensar, con seriedad y profundidad, en la libertad. Todo se reduce a la opinión y al protocolo electoral.


10.- ¿Qué autores venezolanos te han causado favorable impacto? Por supuesto, no sólo me refiero en esta pregunta a los autores y autoras actuales.
Mira, Francisco Massiani, Eduardo Liendo, nos enseñan la importancia del humor y la nostalgia en sus trabajos, Victoria de Stefano nos vuelca en la intimidad, nos sumerge en el pensamiento, en la metaliteratura, Adriano González León, Ana Teresa Torres, nos llevan a una visión más política, más social, más cultural. Es difícil precisar, porque son autores que están trabajando sobre una cotidianidad compartida, de modo, que tú padeces el mundo que ellos describen. La literatura venezolana no te influye, somos parte de ella, por eso es más complicado mirarla.


11.- Has resaltado a Francisco Massiani y eso me recuerda que es un autor de culto entre las nuevas promociones de escritores. He sostenido en algunos escenarios que es indispensable si queremos comprender el rescate de lo anecdótico, del pequeño relato dentro de la narrativa actual venezolana. Leíste seguramente Piedra de Mar. ¿Qué puedes contar sobre esa experiencia?
Piedra de mar es un recuerdo sentimental. Se lo leí a mi novia y, además, fue el primer libro que compré por decisión propia, no porque lo llevara mi padre. Me veo leyéndolo en el primer piso de la litera de mi cuarto, y recuerdo como fui retardando el final porque me daba mucha tristeza acabarlo. Cuando terminé esa lectura, me senté a escribir un relato, en el mismo estilo, que llamé Pepa e’ Zamuro, mis amigos se rieron mucho con aquello, pero luego lo quemé. Y no pidas copia porque fue mecanografiado en una Olivetti portátil.


12.- Recuerdas algún encuentro en particular con Hesnor Rivera?
Yo jamás tuve ningún encuentro con Hesnor Rivera. Lo miré siempre de lejos, con cierto rencor. Acaso un saludo obligado por la cortesía, pero él no sabía que yo era una de sus víctimas…


13.- Para escribir Cadáver Exquisito me dejaste por un tiempo prolongado sin mis libros de Hesnor Rivera. Entrar en su mundo poético no para disfrutarlo sino para construir otro mundo, en este caso, narrativo ¿qué significó para ti?
Primero aclaremos que muchos de esos libros eran míos[i]. Tu biblioteca no resistiría una auditoría, pero bueno, igual me los “prestas”. Y para responderte, diría que Hesnor retoma a Maracaibo, pero de una manera diferente a Udón Pérez, que es el canto ditirámbico y obtuso. Hesnor busca la belleza de la ciudad en lo subjetivo, en la marginalidad, en la decadencia, en la oscuridad de una ciudad condenada por el sol. La belleza y la felicidad como algo efímero, y, acaso, encarnado en la mujer. Eso me conectó con él, con sus pesadillas, con sus miserias, y cuando conocí con más detalle su biografía, pues la seducción fue total. Me habría gustado ser Hesnor Rivera, porque vivió la literatura, y bueno, se dio al odio de una manera muy simpática. Todos los odiaban y lo amaban. Tuve la suerte de ir a París el año pasado y me hice un Hesnor-Tour, llegué hasta la casa de Breton y al bar donde aguardó Hesnor por aquel fugaz encuentro. No te imaginas lo extraño que me sentí pisando esos lugares.


14.- Qué te resultó más atractivo del Hesnor Rivera personaje y del Hesnor Rivera poeta? Naturalmente, esto en caso de que puedan verse por separado.
Para mí es una misma cosa. Indivisible.

15.- ¿Cómo percibes el movimiento editorial en Venezuela actualmente?
A pesar de los problemas, veo ganas, nuevos proyectos independientes y mucho entusiasmo en los lectores.


16.- He visto que has recibido mucho apoyo en Caracas. Cuando tu nombre apareció entre los 12 finalistas del Rómulo Gallegos, casi inmediatamente hubo una reacción en cadena por diversas redes sociales. Sin embargo, no distinguí lo mismo en Maracaibo. Obviamente, uno no debería ser profeta en ninguna parte, puesto que siempre terminan mal, pero, ¿por qué Maracaibo trata tan mal a sus hijos? Bueno, no digamos mal, ¿por qué Maracaibo no trata a sus hijos?
Maracaibo es frustrante, pero es nuestro espacio. Sin embargo, siento que mi trabajo empieza a calar, sobre todo, entre los jóvenes. He logrado que unos pocos vean la ciudad y la historia local desde una perspectiva diferente, eso puede traer cambios a futuro, pero, en todo caso, es un asunto lento, no hay que desesperarse. No se trata de reconocimiento personal, sino de sembrar ideas diferentes que puedan reordenar nuestra historia y nuestra literatura. Maracaibo más que metrópolis es una caricatura. Y nosotros estamos dentro.


17.- Cuando hablas y escribes de Maracaibo lo haces casi en el mismo tono inconforme del propio Hesnor cuando éste busca, de alguna manera, ocultarla tras las metáforas de su poesía, ¿será que es allí donde se opera un cierto encuentro con él?
La ciudad, la literatura, mueven sus peones, quiero creer que junto a Hesnor, soy uno más. En todo caso, la metáfora nos salva de crímenes más horrendos...

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[i] La verdad tras la verdad literaria: Norberto me obsequió hace algunos años la hermosa edición de El Visitante Solo de la cual hace mención en la novela. Sin embargo, para alimentar su historia, también utilizó mi ejemplar de la antología que le hizo la Revista Puerta de Agua a Hesnor. Una antología que en la actualidad es una reliquia. Por cierto, me la entregó con notas y versos subrayados. Sólo por eso, espero que gane algún día el Nobel, ya que, entre eso y algunos textos inéditos que tengo de él, podría resolver mi vejez.