jueves, 28 de octubre de 2010

Rimbaud, icono permanente. Por Luis Antonio de Villena


Si uno hojea libros de jóvenes poetas de ahora mismo, no será raro que halle algún poema dedicado a Rimbaud. Rockeros famosos, desde Bob Dylan a Patti Smith, han escrito canciones sobre el muchacho de Charleville o han buscado imitar su aire de adolescente insatisfecho. Jim Morrison (el cantante de “The Doors”) decía que Rimbaud era su maestro. Milan Kundera dijo que todos los rebeldes del 68 eran “miles de Rimbauds”. Y por supuesto buena parte de la poesía posterior a él (desde “Una temporada en el Infierno” e “Iluminaciones”) lo ha seguido. Sin él no hubiera habido ni surrealismo, ni Aleixandre ni Neruda, por citar nombres evidentes. Arthur Rimbaud (1854-1891) fue un viento transformador de la lírica, aunque su carrera literaria -apenas conocida mientras vivió- sólo duró cuatro años y la abandonó del todo cuando él apenas contaba 20. Su figura -equívoca en muchos órdenes- ha contado y cuenta tanto como su escritura. Se marchó de su patria y su mundo, anduvo con hombres y con mujeres, experimentó sensaciones y privaciones y hasta fue traficante de armas (se ha dicho que incluso de esclavos) en Aden. Murió de un cáncer en Marsella con 37 años y una pierna amputada. Su hermana Isabelle -una beatona- trató de “limpiar” su imagen turbulenta, en tanto que su examante y gran poeta simbolista Verlaine (que hablaba de “la novela de vivir juntos dos hombres”) intentó decir la verdad y preservar su obra, que acaso Isabelle hubiera destruido.

El novelista norteamericano Edmund White (autor de libros de tema gay y de estudio, tan notorios como su biografía de Genet o el relato “La historia particular de un muchacho”) ha escrito un libro pequeño sobre “Rimbaud” que acaba de publicar entre nosotros Lumen. El texto es sencillo , claro, ameno y propende a resaltar las facetas gays del poeta adolescente,en especial su relación turbulenta con Verlaine que terminó con un tiro. No dice nada que no supiéramos, pero sí incide en preguntarse el porqué de su infinita perduración como icono de rebeldía juvenil desde finales del siglo XIX hasta ahora mismo. Y eso le da otro aura al básico y fiel manual. Tanto como James Dean, Rimbaud ha representado, con trascendencia intelectual, la idea viva del “rebelde sin causa”, del joven que no ama la sucia sociedad en que vive y busca escapar (no sólo geográficamente) sin saber bien cómo. Abierto a probarlo todo y a epatar a toda clase de burgueses y sacristanes, Rimbaud está detrás de toda la inquietud y el nihilismo de parte de la mejor juventud occidental de los últimos años. Imagen, santo y seña de la rebelión joven y del inconformismo, para leer o gustar de Rimbaud no hemos de hacer ningún viaje al pasado, por fructífero que fuere; Rimbaud sigue estando aquí y ahora. Desde el “místico en estado salvaje” de que hablara Claudel hasta los “bad boys” de tantas películas y novelas de hoy, incluso trivializados o estetizados en la moda, que ha puesto ojeras y delgadez y pelo revuelto a lo chicos guapos de las pasarelas… Complementario y mucho más vivo que el Ché Guevara, Rimbaud no representa la revolución que ha sido dogmática y ahora parece imposible. Representa la revuelta, la insumisión siempre frente a lo establecido. Tal es su éxito y su eternidad, sin olvidar (por supuesto) que se trató, además, de un poeta de primerísima fila. “Por delicadeza, perdí mi vida”.

Página del autor:

http://www.luisantoniodevillena.es/index.php

lunes, 25 de octubre de 2010

Cadáver Exqusito. Apostillas del autor. Por Norberto José Olivar


Cadáver exquisito es una novela que, como en trabajos anteriores, mezcla diferentes géneros literarios, desde la crónica hasta la autoficción. En conjunto, es un relato que intenta atrapar el sentido de la vida del poeta marabino Hesnor Rivera, si acaso esto fuera posible, aclaremos.

La vida (o el sentido de una vida) es una incógnita, no es «biografiable», bien advirtió Antonio Tabucchi, de modo que, para acercarme a ese Hesnor íntimo y misterioso, tuve que valerme de todo lo que la literatura permite, que es casi todo como se sabe. Diremos que partiendo del canon tradicional de la novela histórica, específicamente, cuando diferencia entre fidelidad y autenticidad, advertimos, con cierto estupor, que algunos hechos han sido removidos de sus cronologías, algunos personajes de sus biografías, pero tal conmutación ilumina, créanme, las escurridizas y fragmentarias propiedades de la verdad histórica. Sin embargo: «Cualquiera que intente escribir historia contemporánea en una forma más perdurable que la de un artículo periodístico común, está colocando su cabeza bajo el hacha del verdugo», dijo Rajani Palme Dutt en una ocasión. Y ahora le creo mansamente.

Quizás sea la novela más difícil y divertida que haya escrito; difícil, porque la cercanía de los personajes y sus amigos y familiares me obligó a los más insólitos malabarismos y estratagemas; divertida porque, en definitiva, Hesnor Rivera es un hombre mágico y enigmático, la encarnación auténtica del surrealismo. Alguien me aconsejó que cambiara los nombres, pero, de haberlo hecho, no me habría entretenido en la andadura del texto, y los lectores, estoy seguro, lo cuestionarían. En cambio, ahora buscarán la verificación de lo dicho en contraste con su experiencia y por las relaciones que pudieron mantener con este ser extraordinario, por supuesto, muchos cuestionarán iracundos las “falsificaciones” y las “imprecisiones” acometidas, pero a unos y otros el libro les habrá sacado del tedio y el aburrimiento. Y claro, el único que llevará palos será el autor, pero ya estoy acostumbrado a esos arrebatos, que un ex cónsul de una potencia europea te insulte una hora vía celular es una cosa muy rica, o que los sabios novelísticos te descueren por tu ineficacia, te juro, es una sensación que lubrica cualquier estreñimiento. Realmente lo malo sería que nadie dijera nada, como dice Wilde, lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien.

Mi amigo Pierre Michon afirma que a él no le gusta inventar los personajes de sus historias, prefiere los fantasmas, a los verdaderos muertos, prefiere los archivos, y esa es, precisamente, la metodología de mi trabajo, ando por ahí resucitando muertos, y el morbo de la gente se excita con el asunto, nada disfrutan más que una historia real y secreta.

Esta es una novela con un solo personaje: Hesnor Rivera, el poeta luciferino de Maracaibo (y, claro, acaso el narrador), todos los demás son meros fantasmas, marionetas, zombis que van apareciendo para que el poeta diga sus parlamentos o haga lo que tiene que hacer. Es así, porque el mundo para Hesnor empezaba y terminaba en él y sólo en él. De modo que, para darle vida, me inventé un método un tanto surrealista: el «ego-paranoico-narrativo», es decir, nadie más existe en la realidad del relato (léase la vida), los demás son robots, visajes, seres acartonados que entran y salen de su vida. ADVIERTO: no es la novela del grupo Apocalipsis, es, que no quepa la menor duda, la novela de Hesnor Rivera. Lo cual me obligó, como narrador, a crear un mundo postizo —como él mismo—, una realidad desconectada del sentido común, para que el personaje pueda moverse a sus anchas, y, porque, a la vez, la vida del narrador se va pareciendo cada vez más a la de su personaje, en un curioso proceso de fusión y/o «hesnorización» que hace de ambos universos —el del narrador y el personaje— de una extravagancia muy maracucha y liliputiense, absurdamente autárquica y caricaturesca.

Tengo la sospecha de que he escrito un ensayo que parece una novela, o quizás, una novela que se la da de ensayo, pero estas imprecisiones territoriales ayudan a pintar mejor a un individuo tan extraño y exótico como el poeta Hesnor Rivera.

Ya lo dijo Luis Barrera Linares: es el personaje resaltante de esta historia, “cuyos linderos narrativos oscilan entre la biografía imaginaria y la realidad de la ficción”. Estas palabras del Profe Luis dan una buena pista de lo que hay en este libro tan raro.

Y por supuesto, en esta deriva funeraria, como en las anteriores, hay mucho de zapping literario, cosa que me divierte demasiado.

domingo, 24 de octubre de 2010

5 poemas de Fiat Lux. Primer poemario de José Lira Sosa


Fiat Lux

Fiat –lux de mediodía

ebrio de miel roja

Fiat-lux entre los dientes

de la boa constrictor.

Fiat-lux para flagelar mariposas

en las uñas de las brujas. Fiat-lux

hembra y macho como la voz del cocodrilo

de cristal amarillo. Fiat-lux uno puede

llevarte del dedo como a una galera encantada

uno puede abrazarte como a un hada

que danza

porque tú eres de harina blanca.

Fiat-lux bella proclamando destrucción

a grandes pasos

de ratón blanco. Fiat-lux terrible

a medianoche sin alas

Fiat-lux uno puede andar contigo

Sin puñal de luciérnaga

En la espalda

Uno puede convertirse en un lagarto

A tu solo contacto.

Fiat-lux repetido mil veces

Fiat-lux entre elefantes

de rodillas de goma.

Fiat-lux que no ha abandonado nunca

los ojos de arena de Jannine

Jannine de ojos de Fiat-lux

de ojos de noche

de lluvia como manos de Fiat-lux.

Fiat-lux de nalgas de látigo

de nalgas de hostia bendita

de nalgas de Jannine

Jannine de días

como piernas de lagartos

Jannine de noches

como ojos de luciérnagas

y Fiat-lux.


*****


Nilda

Mi hermana mueve sus piernas

de lagarta

y de pájaro mosca

mi hermana de sexo de lava de volcán

y de pecho de cristal refractario

se llama Nilda.

Mi hermana me busca en la jaula

de amianto

donde el jaguar de voz

de ídolo negro

respira mi aliento de champiñón

y de antracita

mi hermana dormida en las rodillas del oso

mi hermana de lengua de jengibre

de mejillas de arena

en la garganta del pájaro

muerto en la nieve.

Mi hermana de pie en la ventana del azogue

sometida al fuego y a la piedra.

Mi hermana de mamas reducidas

a cenizas

de cuello de alas

de murciélagos grises

mi hermana

límite

y serpiente del amor.


*****


Mitología nocturna

Noche gusana de tierra

noche de sexo de albaricoque

en las garras del altar nocturno

pájaro noche como una campana

de dedos de guitarra

pájaro lira como noche de azogue tremendo

noche de perfil

de búho en la arena.

Noche como el peso de la jaula a leona

como el paso de la tierra a leona

bella como la noche en las cejas

del petróleo inflamado

noche de salitre

deshecha

en los pliegues de la cerbatana

de seda

en los dedos de noche

a la derecha del tigre.

Noche de ventanas entre alfileres

noche donde mi talón de caballo

de diosa presagia una aguja

bajo el maniquí de dientes de cabra

donde mi vientre reemplaza

el abismo de labios de heno.

Noche de muñecas selváticas

la esfinge blanca de tu sexo

me habla a media voz

noche de jirafas como senos de lluvia

noche a mediodía

en el reloj de arena

noche gusana de tierra

tus dedos de noche

como lanzas de niña.


*****

Fábula para revelar el misterio

Había el recuerdo de la edad de piedra

y cada paso que tú dabas era

sacrificado

a la caricia fascinante

de estos dedos reptiles.

Había este vaso que contiene

la máscara que tú alimentas con tu miedo

y el hongo de tus aletas subpétreas

entregado a su vicio secreto. Había entre este

jinete de cenizas blancas y este bosque

sometido al influjo hechizante de tu risa

la mano de este criminal de sueño hecha

especialmente para retenerte a mi lado

como una estatua.

Inútil decir qué fiera descansa a tu derecha

ahora que tu cuerpo es cada vez menos sólido

y expone sus senos de arcilla

de arcilla intransmisible

y el terremoto en medio de su centro

levanta el paso de tus piernas

como un acantilado

sin ríos ni manos ni tú andando en ese río

con tus manos de frutos prohibidos.

Había una jirafa apuñaleada por mis dedos

de víboras

para revelar el misterio

y yo en medio de este campo

como un nuevo diluvio para tu odio primitivo.

Había el recuerdo de la edad de piedra.


*****

Los amantes exteriores

Ella es la piel de la cebra magnética

que mueve su cola

en la mano del siego.

Ella es la ardilla flagelada por las

nieves.

Ella es la máscara danzando

en los brazos del oso negro.

Y yo

soy el rostro del hombre

que abra su vientre

con las uñas del mono

Yo soy el ojo del cuervo

en su dedo de goma lúcida

el alcohol y la fiebre

en sus mejillas de cenizas

y en sus brazos

de estiércol puro.

Yo soy el que ama su pecho de cerbatana

y su vientre de gusano de tierra

pero ella es hecha

a prueba de aire

a prueba de fuego.

Ella es inoxidable como la palabra

asesino.