jueves, 8 de enero de 2009

DOÑA INÉS CONTRA EL OLVIDO. Por Víctor Bravo

Esta novela publicada en 1992 condensa trescientos años de historia venezolana, lo que recuerda el cuento «El camino de Santiago» (1949), de Alejo Carpentier, que condensa la historia de un día y, de manera paralela, de veintiún siglos; y ese doble arco temporal le permite al personaje alcanzar la conciencia de las verdaderas razones de la guerra. En la novela de Ana Teresa Torres (1949), la estrategia naturalmente es otra: Doña Inés, voz narrativa, comienza su relato al final de su vida y lo continúa desde la muerte, atravesando las épocas en su condición de fantasma, para crear una distinta perspectiva de los hechos familiares y los acontecimientos históricos. En el plano familiar se narra una historia: la del litigio iniciado a principios del siglo XVIII entre Inés de Villegas y Solórzano, mantuana caraqueña, y Juan del Rosario Villegas, su «paje y liberto», por la posesión de una tierras en Curiepe. La voz narrativa atraviesa las épocas dedicada a buscar los documentos que comprueban su condición de dueña de las tierras en disputa, sólo que los papeles no aparecen y tendrá que llegar al siglo XX para saber de ellos nuevamente. En su recorrido a través del tiempo apelará continuamente a los que tuvieron alguna participación en la querella, empezando por su primo y esposo Alejandro Martínez de Villegas y Juan del Rosario, así como los distintos reyes y autoridades locales a quienes refuta sus decisiones.
Doña Inés pretende hacer el registro de la historia familiar, confirmar el derecho de sus descendientes a reclamar lo que les pertenece, aspecto que le permite hacer constantes referencias al devenir histórico venezolano desde la Colonia hasta la actualidad. Ese plano familiar es asediado, intervenido, inundado por los acontecimientos históricos que, en ese doble plano se somete a la «reescritura», a la apertura de perspectivas desde el relato novelesco.
La novela se plantea así, como lucha titánica, la recuperación de la memoria y como conciencia de su pérdida. Doña Inés enfrenta a todos con su don para recordar y establecer sus percepciones, pero al final señala: «Es inútil el recuerdo, Alejandro, he podido comprenderlo… En este país de la desmemoria yo soy puro recuerdo». Es el desencanto de quien ha visto cometer los mismos errores una y otra vez, a lo largo del tiempo, pero ahora intenta salvar del olvido su historia, su visión, el conocimiento que, como Orlando, el personaje de Virginia Woolf, le ha proporcionado su viaje por las diferentes épocas, en un país marcado por el extravío y las contradicciones.
La novela expresa en su título la titánica lucha de triunfos y derrotas, de la intención de recuperación de la memoria que siempre es de alguna forma triunfo del olvido. Los dos signos contradictorios se ponen en evidencia en la novela; los del olvido puestos en evidencia por el extravío del país; y el del triunfo, evidenciado en la posibilidad de una novela, la de Ana Teresa Torres, que, desde la perspectiva del relato novelesco, hace posible alguna nueva representación del sentido de la historia.

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