jueves, 8 de enero de 2009

REPASO A LA NARRATIVA DE ANA TERESA TORRES. Por Valmore Muñoz Arteaga

La literatura de la mujer en Venezuela es relativamente nueva. Nace, a mi juicio, de la mano de Teresa de la Parra, y cobra matices insospechados en la poesía casi olvidada de María Calcaño. La escritura de las mujeres anteriores a ellas no hace más que justificar la tradición masculina de la historia y del mundo. Con Teresa de la Parra y, muy especialmente, María Calcaño, la mujer se vuelve protagonista, se transforma en una queja angustiada por ser asumida desde la igualdad. Consciente o no de ello, Teresa de la Parra transgrede los valores establecidos a través de un lenguaje intimista en el cual se explaya su experiencia femenina, haciendo de su cuerpo y el cuerpo de la escritura uno solo.
A Teresa de la Parra le siguieron otras mujeres quienes, al igual que a la sociedad venezolana, los eventos del año 28 sirvieron para un despertar. Entre ese grupo de mujeres destaca Antonia Palacios. En 1935 aparece Alas fatales, primer libro de María Calcaño. En ese libro, a decir de Gonzalo Ramírez Quintero, se pudo reconocer como en ningún otro la voz del deseo. A través de la poesía y el erotismo, Calcaño rompe con el autoritarismo de los códigos y las conformidades de una época en donde estas heroicidades eran pagadas con la desaprobación y la marginalidad.
Sin embargo ya se había encendido la llama y no había, ni hubo, forma de apagarla. La literatura se ofrecía ahora a la mujer como un territorio magnífico para su desarrollo, así como un punto fundamental para su reconocimiento. Quizás en la literatura venezolana sea la escritura de Ana Teresa Torres una de las más preocupadas, no sólo por los estilos y estéticas literarias, sino por la posición de la mujer en el diario acontecer nacional. Su obra así lo demuestra. Una obra que se divide entre la narrativa y la investigación.
Una obra literaria que se inicia con El exilio del tiempo (1990), la novela es una biografía de la narradora, que no necesariamente es la misma Ana Teresa. La “aparente” protagonista de esta novela comienza a reflexionar sobre el descubrimiento de una frase que la lleva a escribir un párrafo, luego un pasaje y, al final, una novela. El relato se transforma mágicamente en un entramado de voces que recuerdan a otras voces, a otros tiempos, un tiempo que ya no es, pero que existe paralelamente desde la ficción. Su siguiente novela, Doña Inés contra el olvido (1992), como su nombre lo indica, es una lucha encarnecida por vencer al olvido. La protagonista, doña Inés, se revela como la conciencia de un país. Una novela que en poco más de doscientas páginas realiza un paseo retrospectivo por tres siglos de historia nacional. Distinguida en 1991 con el Premio de Novela de la I Bienal Mariano Picón-Salas y ganadora del Premio Pegasus de Novela. La favorita del señor (1993) es una novela erótica con la cual resulta finalista en el concurso internacional de novela erótica La Sonrisa Vertical. Esta obra es, sin lugar a dudas, una de los textos eróticos más reveladores en cuanto a las armas de seducción femenina se refiere. Una novela que profundiza en los territorios del deseo desde una óptica ensimismada en las sensaciones del cuerpo de la mujer.
Su siguiente novela fue Vagas desapariciones (1995), nuevamente Torres apuesta a la reconstrucción de la historia, esta vez las de Pepín y Eduardo. Pepín se vuelve un escritor autodidacta con una obsesión perturbadora, escribir para recordar una fecha que ha olvidado. Mientras Eduardo definitivamente ha olvidado sus obsesiones y se dedica a clasificar fotografías que lo ayudan a no desvanecerse. De esta manera se va edificando la historia de una ciudad, Caracas, tejida con hilos de humor, ternura y brutalidad. Malena de cinco mundos (1997) es otro trabajo literario en el cual la memoria se erige como eje en torno al cual girará la novela. Malena es una mujer corriente que decide reclamarle a los Señores del Destino todas sus vidas pasadas. Éstos deciden complacerla y recuperan las cinco vidas de Malena; la primera desarrollada en la antigua Roma; la segunda, en Florencia durante el renacimiento; la tercera, durante la época colonial venezolana; la cuarta, en la Viena de Freud; y la quinta, en una exótica isla del Caribe. En el transcurso de esta parodia de la reencarnación, o de visión del Orlando de Virginia Woolf, Ana Teresa Torres reconstruye y reflexiona acerca de la historia de la mujer.
Los últimos días del acorazado Potemkin (2000) es la novela con la cual Ana Teresa Torres abre las puertas al nuevo milenio. Para Florence Montero Novel, la novela representa “azar, pesquisas, indagaciones, reconstrucciones sucesivas, conciencia de la invención de historias que se recomponen, de hipótesis que se revocan en la búsqueda permanente de sentidos, ejercicio de la memoria que intenta modelar la huella de un itinerario vital, esta novela nos sugiere la imagen de la navegación exploratoria del mundo íntimo del sujeto y el complejo tránsito de la creación literaria”. El corazón del otro (2004) es su novela negra que recorre, a través la brillante inteligencia de la autora, los pasillos oscuros de la culpa y de la muerte. Su última novela publicada es Nocturama (2006), luego de haber experimentado con notable éxito los territorios de la literatura erótica y la novela negra, Ana Teresa Torres decide abordar el campo de la ciencia ficción. A mi juicio, una de las novelas más alucinantes de la literatura venezolana. Al igual que muchas de sus obras anteriores, la memoria se transforma en el recurso central para contar la historia, esta vez de Ulises Zero, quien despierta una mañana sin saber quién es y qué hace en una ciudad sin nombre.
Ana Teresa Torres también ha abordado la investigación en el campo del psicoanálisis como lo demuestran los textos El amor como síntoma, Territorios eróticos, Elegir la neurosis y más recientemente Historias del continente oscuro.

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