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Unas páginas de Hermann Hesse

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  Introducción Hay un escritor que me acompaña desde que me inicié en la lectura. Ese escritor es Hermann Hesse. Amé su pensamiento y ha sido un amor que, misteriosamente, se ha venido renovando a lo largo de mi crecimiento personal y espiritual. Esta relación tan íntima la produjo en mí el profundo impacto que me causó leer El Lobo Estepario, la novela más occidental del alemán y, sin duda, la que más he disfrutado. La novela que describe el drama existencial y espiritual de un hombre que vive la transición del siglo XIX al XX y que no termina por encajar con los nuevos valores que la modernidad, poco a poco, comienza a establecer. Entre sus líneas, ideas y pasajes logré hallar un bálsamo para mi inconformidad. En Harry Haller descubrí un alma afín a la mía. Un espíritu siempre inconforme, a veces con una voluntad firme, de hierro, incluso hasta avasallante, pero otras tantas fastidiado, aburrido, oscurecido por situaciones que no termino de asimilar. Sus libros fueron el mapa...

El silencio de Dios. Releyendo a Camus

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 Por Valmore Muñoz Arteaga Al leer la noticia de la muerte de Nietzsche, Joan Maragall, brillante escritor español contemporáneo del filósofo alemán, una fuerte piedad invadió su alma: “la vida y la muerte de este hombre tienen algo de trágico, escribe, algo que espanta y apiada. Nietzsche es un sediento de absoluto, un sediento de Dios; pero no quiso bajarse a beberlo en la fuente de la fe, y murió de sed”. En cierta forma, las líneas de estas palabras de Maragall, me impulsan a recordar a un escritor muy acariciado por mí en mi juventud: Albert Camus, autor al que he vuelto por compromiso docente en el colegio donde laboro y sobre el que Vargas Llosa dice que para comprenderlo hay que considerar siempre su condición de provinciano, de hombre de frontera y de formar parte de las minorías. Hombre sencillo que no sintió mucho afecto por el progreso que venía con el cemento y el asfalto, pues en sus ojos brillaban pletóricas las luces naturales del paisaje campestre. Escritor que cue...