La profanación del rostro: El hombre ante el abismo de su propia desmesura (Shakespeare, Shelley y Orwell)
Escribir sobre el límite es, en última instancia, escribir sobre lo que nos hace humanos. Desde la mirada del personalismo católico, el hombre no es un accidente de la materia ni un soberano absoluto de su destino, sino una persona: un ser dotado de una dignidad sagrada que se descubre a sí mismo en la relación con el otro y en el respeto a una verdad que lo trasciende. Cuando William Shakespeare, Mary Shelley y George Orwell exploran la ruptura de los límites éticos, naturales y sociales, no solo están narrando tragedias literarias; están describiendo la herida que el hombre se infringe a sí mismo cuando intenta ocupar el lugar del Creador o cuando reduce al prójimo a la categoría de objeto. En el teatro de William Shakespeare, el dramaturgo más profundo de la condición humana, el límite es el tejido mismo del orden moral. En Macbeth, la ambición no es vista simplemente como un defecto psicológico, sino como una transgresión ontológica. Al romper el límite ético del respeto a ...