Visión del arte
Por José Gregorio Hernández Tome la pluma y escribí con desencanto: Capítulo segundo. El Arte La tarde esta cálida, tempestuosa y cargada de fluido eléctrico, que obraba implacablemente sobre mis nervios, comunicándonos como unas corrientes no interrumpidas de malestar. Había tenido durante el día un trabajo fuerte y emocionante, y me sentía con cansancio físico muy pronunciado. Traté de coordinar mis ideas para comenzar a escribir, confiando en que el movimiento producido por la composición intelectual me haría olvidar el cansancio del cuerpo y los trastornos nerviosos de causa meteorológica. ¡Vano intento! Mis esfuerzos en este sentido fueron inútiles; por lo contrario, lejos de armonizarse las ideas se me empezaron a confundir lamentablemente. A mí alrededor los objetos tomaban formas fantásticas, moviéndose caprichosamente y agitándose en un baile siniestro y lúgubre. En particular, un ramo de viejas flores que estaba olvidado sobre la mesa en que me había puesto a escri...