María mira la cruz
El lema del Papa León XIV de su visita a España me ha traído al corazón muchas cosas para pensar, pero, además, también me ha regalado imágenes para contemplar en silencio. Una de esas imágenes es la de la Virgen María mirando la cruz. Debo decir que San Juan es el único evangelista que nombra a María al pie de la cruz, y lo hace con una economía casi desconcertante. No registra palabra suya, ni lágrima, ni gesto. Dice solamente que «estaba» allí (Jn 19,25). Sin embargo, la Iglesia ha intuido siempre que en ese silencio ocurría algo decisivo: una mirada. Una madre miraba a su Hijo agonizante, una creyente miraba a su Dios crucificado, una discípula miraba al Cordero entregado. La Virgen levantó la mirada para poder contemplar a su Hijo que colgaba de una cruz. ¿Por qué hablar de «mirada»? Porque en el pensamiento bíblico, y de modo eminente en el cuarto evangelio, ver es conocer, reconocer y, finalmente, creer. El discípulo amado «vio y creyó» ante el sepulcro vacío (Jn 20,8), y Tomás ...