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Mostrando las entradas etiquetadas como Misticismo

¿El silencio es una amenaza?

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 Dedicado a la Promoción 59 El silencio, aunque parezca la ausencia de estímulos, para nuestro cerebro es una señal cargada de información, y a menudo, esa información nos pone en alerta. No es que seas alérgico a la paz; es que nuestra biología parece estar programada para interpretar el vacío sonoro de maneras muy específicas. Para nuestros ancestros, el silencio absoluto en la naturaleza rara vez era una buena señal. En la selva o la sabana, cuando los pájaros dejan de cantar y los insectos callan, suele ser porque hay un depredador acechando . El cerebro humano evolucionó para interpretar el silencio repentino como una anomalía ambiental que requiere atención inmediata. Al no haber ruido de fondo, el sistema auditivo aumenta su sensibilidad , lo que nos pone en un estado de hipervigilancia que genera estrés. Cuando el mundo exterior se calla, el mundo interior sube el volumen. En ausencia de tareas externas o sonidos que nos distraigan, el cerebro activa la Red Neuronal ...

El aroma de la gracia

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  Estas líneas las tuve pendientes durante varios meses. El pasado Miércoles de Ceniza, mientras caminaba hacia el teatro del colegio para celebrar la misa respectiva, volví a tropezarme con un arbusto, cuyo recuerdo es muy especial para mí. Ya no podía postergarlo más. Sin embargo, no sabía el nombre de aquel arbusto. Le pregunté a Madre Esperanza, pero ella tampoco lo sabía. Tengo un escrito en el tintero sobre él, le dije a la Madre, y me pidió que lo consultara con el jardinero.  Jazmín de Azahar  es su nombre, profesor, me dijo el buen Eddy. Aquí está el artículo. Jazmín de Azahar del colegio Mater Salvatoris El Jazmín de Azahar es un arbusto conocido también como azahar de la India, limonaria o naranjo jazmín, es, como apunté, un arbusto o pequeño árbol perenne, famoso por sus flores blancas altamente perfumadas, similares a los cítricos. Sin embargo, para mí, en especial su perfume, es un camino que me lleva al recuerdo de mi casa y, muy especialmente, de mi mamá ...

El santo de la Cruz

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  Oh dulcísimo amor de Dios “¡Oh dulcísimo amor de Dios, mal conocido! El que halló sus venas descansó”, escribía San Juan de la Cruz en un grupo de sentencias escritas entre 1578 y 1580 reunidas en lo que terminó llamando Dichos de luz y amor. Sentencias que, según las fuentes, son sus primeros escritos de poderosa fuerza sintética a partir de los cuales germinaría toda su obra posterior. En tiempos en los cuales el ruido y la estridencia han invadido nuestra vida y todos nuestros espacios, ruidos expresados en abominables injusticias y agresiones certeras a los derechos humanos y a la sacralidad de la vida, el gozo infinito que nos reserva la lectura de San Juan de la Cruz nos ayuda a reencontrarnos y reconciliarnos con aquellas dulces ideas que nos tejiera en el alma desde su alma enamorada: “Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías, y el mismo D...

Dios, el amor de los místicos

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 Por Valmore Muñoz Arteaga En «Eros y ágape. La noción cristiana del amor y sus transformaciones», libro publicado en 1969 por Anders Nygren, teólogo luterano sueco, se dice que el deseo recóndito en la actitud místico-religiosa no puede ser sino la expresión de una actitud del ser humano hacia Dios, una contestación a la llamada seductora y encantadora del Esposo que, al intuir su presencia, enamora a la esposa. El deseo de gozar por clara y esencial visión al Esposo es el propósito capital que desnuda al místico. Es su deseo del Amado lo que lleva a la esposa a salir velozmente de noche, dejando de lado cualquier otro afán, tras los vestigios de quien, habiéndola enamorado, la dejó luego herida de amor. El deseo es fuerza que hace salir al místico del mundo y de sí para buscar a Dios. Esa ardorosa búsqueda de Dios dentro y fuera de ellos hace que, de alguna manera, los míticos nos ofrezcan un rostro distinto e intenso de la teología, por ello hay quien afirmó que todos los santos...