La Tortuga
Una fábula de Leonardo Castellani
No te rías, oh Dios
fuerte, de mis esfuerzos frustrados, porque hay una voluntad tristemente terca
que gime a Ti desde el fondo de mi impotencia.
Te voy a poner un
ejemplo.
Una vez, oh Dios infinitamente
grande que estás aquí presente, pesqué una tortuga en el río Salado y la llevé
para casa. La tortuga quería escapar y volverse al río patrio, lo cual
manifestó sacando una pata por un agujero de la bolsa en que venía y rasguñando
la barriga del bayo, que se llevó muchos rebencazos acompañados del tratamiento
de "mancarrón imbécil'' por pegar cimbrones bruscos a la zurda como si lo
espoleasen con nazarenas, siendo así que yo ni siquiera lo taloneaba. Y era la
tortuga que quería escapar.
Le di por jaula un
cajón de kerosén bocarriba. La tortuga se arrimó contra la pared, se levantó en
dos patas, se fue de espaldas, estuvo manoteando un rato para incorporarse y
después volvió con el mismo resultado a la tentativa de trepar las tablas. Yo
me fui a dormir seguro. ¡Y al otro día, sin tener alas de pájaro ni patas de
liebre, la tortuga se había escapado y estaba en el río!
¿Cómo hizo?
Cómo hizo para
escaparse lo sabes tú, Dios mío, yo no lo sé. Lo que yo sé es que aquí está en
el suelo el rastro de las zampas torpes en la tierra húmeda de lluvia, el
rastrito de las uñas chuecas que agarra derechito sin un solo sesgo la
dirección del río.
Yo supongo que el
animal testarudo intentó uno o dos centenares de veces trepar la pared de
tablas. Que en una de esas afirmó en una irregularidad de la madera y se alzó
unos centímetros. Que se cayó. Que volvió a afirmarse y a caerse una punta de
veces. Y que en otra de esas, por otra casualidad, topó con las uñas otra
cornisa más arriba, alcanzó con la cabeza el borde y después con una zampa y
luego con la otra se izó torpemente, superó la barrera, se dejó caer al otro
lado como un ladrillo, y agarró al galope la dirección del agua, oliéndola como
un perro huele la querencia. Yo no sé. El caso es que milagro no ha sido y la
tortuga ahora está en el río.
Por lo tanto
Dios hombre que te hiciste carne siendo espiritual,
Yo te juro con
todos los recursos de mi natura racional-animal,
Ya que patas de
liebre no tengo y las alas quebradas me duelen tanto,
Yo te juro que
yo me haré santo.
Que saldré algún
día -n o sé cómo- del cajón oprimente
En que doy
vueltas en redondo y tropiezo continuamente
"Padre,
propongo no hacerlo más ", y mañana lo hago tranquilamente.
Pero setenta
veces siete aunque tuviera que levantarme
Y aunque tuviera
línea por línea milimétricamente que arrastrarme
Y yo sé que el
diablo es fuerte, pero yo soy más terco y más cabezudo
Y yo sé que el
diablo es diablo, pero la oración es mi escudo;
Y es malo, pero
Tú sólo puedes sacar bien del mal
-Con tal que no
me dejes nunca caer en pecado mortal-
Yo te juro que
saldré con tu gracia del cajón desesperadamente
Que andaré de
las virtudes iluminativas el camino rampante
Y me hundiré en
el río de la contemplación
Con una terca,
de tortuga, tosca y humilde obstinación.


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