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Roberto Bolaño. Autor de Los Detectives Salvajes

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Escritor nacido en Santiago de Chile, Bolaño ha llevado una existencia bastante trashumante. A los 15 años estaba viviendo en México, donde comenzó a trabajar como periodista y se hizo troskista. En el 73 regresó a su país y pudo presenciar el golpe militar. Se alistó en la resistencia y terminó preso. Unos amigos detectives de la adolescencia lo reconocieron y lograron que a los ocho días abandonase la cárcel. Se fue a El Salvador: conoció al poeta Roque Dalton y a sus asesinos. En el 77 se instaló en España, donde ejerció (también en Francia y otros países) una diversidad de oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador. Hasta que, en los 80, pudo sustentarse ganando concursos literarios. A fines de los años 90 la suerte empezó a estar de su lado: Los detectives salvajes (1999) obtuvo el premio Herralde y el Rómulo Gallegos, considerado el Nobel de Latinoamérica. Es autor de las novelas, La pista de hielo (1993), La literatura nazi en...

Los Detectives Salvajes. Por Roberto Bolaño

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MEXICANOS PERDIDOS EN MÉXICO (1975) 2 de noviembre He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así. 3 de noviembre No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche. O al menos una buena parte. Después, con aparente resignación, entré en la gloriosa Facultad de Derecho, pero al cabo de un mes me inscribí en el taller de poesía de Julio César Álamo, en la Facultad d e Filosofía y Letras, y de esa manera conocí a los real visceralistas o viscerrealistas e incluso vicerrealistas como a veces gustan llamarse. Hasta entonces yo había asistido cuatro veces al tall...

Salvador Garmendia

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Narrador venezolano que ejerció la docencia universitaria y el periodismo y escribió guiones radiofónicos y televisivos. Nació en Barquisimeto, ciudad del estado de Lara. Su iniciación literaria estuvo ligada al grupo de la revista Sardio y al conocido como El Techo de la Ballena. Con Los pequeños seres (1958), su primera novela, mostró sus notables dotes de observación y su interés por la existencia gris y rutinaria de los habitantes de los centros urbanos, de la alienación que sufren en su trabajo y en su medio familiar. En 1959 obtuvo el Premio Municipal de Prosa por esta novela. Sus finas exploraciones en la inadaptación y el fracaso se extendieron después a nuevos ámbitos en las novelas Los habitantes (1961), Día de ceniza (1963), La mala vida (1968), Los pies de barro (1973) y Memorias de Altagracia (1973), mientras progresivamente enriquecía el realismo con el aporte del género fantástico en los cuentos de Doble fondo (1966), Difuntos, extraños y volátiles (1970), Los escondites...

Tres textos de Salvador Garmendia

Me ha advertido Mharía Vázquez Benarroch que el primer texto pertenece a José Ignacio Cabrujas, uno de los intelectuales más importantes de Venezuela de finales del siglo XX. TRES MONOS BLANCOS La mañana que me tocó acudir por primera vez al edificio donde tenía su sede la antigua Radio Caracas, de Bárcenas a Río, para comenzar bien temprano mi primer día de trabajo de libretista en esa emisora, me di cuenta de que hasta ese momento nunca en mis correrías por el centro de la ciudad, había llegado más allá de la Plaza La Concordia; lugar de encuentros vespertinos con alguna muchacha del servicio de adentro, de aquellas que usaban loción Sonrisa y polvos La Negrita y estudiaban en la escuela de noche. Una vez pasé la raya, me interné en esa tierra de nadie rumbo al objetivo de mis sueños, la primera emisora radial del país. Eran las ocho de la mañana y asistía al comienzo de mi carrera de escritor del aire, cuando empezaba ya a dejar de tener 18 años. Casi por inercia, me detuve...