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Exégesis Maracucha en Caracas. Por Norberto José Olivar

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Discurso leído por Norberto José Olivar al momento de recibir el Premio de la Crítica a la Novela de 2008. Que un vampiro diga que dios existe puede que suene mal, acaso muy mal, pero que además se dé aires de teólogo y exponga que dios es un individuo de fina ironía, de agudo sentido del humor y de una puntería inaudita, pues se sobreentiende que sus motivos tendrá, piensa uno, pero es lo menos que se espera cuando se ostenta un abolengo en esencia maligno y defectuoso. Sin embargo, estas motivaciones o improvisaciones teológicas tan súbitas, vienen de la estupefacción que sobrecogió a Maracaibo, hace unas pocas semanas, cuando una despiadada centella decapitó a la muy venerada y excelsa patrona de nuestra querida y sanguinolenta playa. Que un rayo impacte sobre una de las imágenes de la Chinita no es cosa de otro mundo, si se considera que hay más de cien distribuidas, estratégicamente, en toda Maracaibo, pero que fulmine a la principal, a la número uno, de entre tantas, a la que vig...

Xavier Velasco. Autor de El Diablo Guardián

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Enamorado impenitente de la música, las motocicletas, la adrenalina y las palabras en esteroides, Velasco comenzó a escribir a los nueve años, como una forma de escapar a las aulas. Ejerce desde entonces la literatura como un vicio secreto, al que años después da curso a través de experimentar con la crónica y la forma de vida del rock. Tránsfuga de las carreras de Ciencias Políticas y Literatura, ejerce luego oficios variopintos, como el de director creativo (de lo cual dice haber extraído "algún dinero y ningún orgullo") y editor de una revista de aristócratas. Acostumbrado a dobles y triples vidas, Velasco desempeña al mismo tiempo los papeles de copywriter, periodista, rockero, socialité, noctámbulo barriobajero y escritor subrepticio. Escribió durante 16 años en el suplemento Sábado, del periódico unomásuno, fundado y dirigido por Fernando Benítez. Publicados sus escritos en los periódicos Novedades, El Universal, El Nacional, La Crónica, Milenio, Reforma y El País, fue...

Diablo Guardián. Por Xavier Velasco

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¿Quién de ellos no era yo? El Señor esté con vosotros... El sepelio es el fin de la primera persona. Una ocasión pomposa donde unos cu antos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos, más hondo e insondable. Ellos: los que no están, ni van a estar. Los que, si un día estuvieran, nos harían correr despavoridos. ¿o no es así, despavoridos como dicen que corren los que huyen de los muertos? Lo más fácil, e incluso lo más lógico, sería que enterrásemos a nuestros difuntos en el jardín de la que fue su casa. Pero entonces ya nadie se sentiría en su casa, ni en su mundo, sino sólo en el de ellos.– los temibles difuntos–, a quienes conducimos al panteón para poner entre ellos y nosotros no sólo tierra, sino de preferencia un mundo de por medio. Por más que añoremos a nuestros muertos, no queremos estar ni un instante en su mundo. Ni respirar su aire, ni mirar su paisaje. Desde la cripta de la familia Macotela, camuflado por el olvido de los vivos, Pig divide...

Sergio Pitol. Autor de Nocturno de Bujara

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Escritor nacido en la ciudad de Puebla. Cursó sus estudios de Derecho y Filosofía en la Ciudad de México. Es reconocido por su trayectoria intelectual, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la difusión de la cultura, especialmente en la preservación y promoción del patrimonio artístico e histórico mexicano en el exterior. Ha vivido perpetuamente en fuga, fue estudiante en Roma, traductor en Pekín y en Barcelona, profesor universitario en Xalapa y en Bristol, y diplomático en Varsovia, Budapest, París, Moscú y Praga. Socialista democrático y agnóstico. La desgracia, la enfermedad y el aislamiento crearon su estilo literario, que él define como una autobiografía oblicua en la que se funden la vida y la literatura. Ha escrito No hay tal lugar (1967), Infierno de todos (1971), Los climas (1972), El tañido de una flauta (1973), Asimetría (1980), Nocturno de Bujara (1981), Cementerio de tordos (1982), Juegos florales (1985), El desfile del amor (1985), Domar a la divina g...

Nocturno de Bujara -Vals de Mefisto-. Por Sergio Pitol

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I Le decíamos, por ejemplo, que al anochecer el aleteo y el graznido de los cuervos lograba enloquecer a los vi ajeros. Decir que esos pájaros llegaban a la ciudad por millares equivalía a no haber dicho nada. Era necesario ver las ramas de los altos eucaliptos, de los frondosos castaños a punto de desgajarse, donde se coagulaba aquel torvo espesor de plumas, picos y patas escamosas para descubrir lo absurdo de reducir ciertos fenómenos a cifras. ¿Significaba algo decir que una bandada de miles de cuervos revoloteaba con estrépito bajo el cielo de Samarcanda antes de posarse en sus arbolados parques y avenidas? ¡Nada! Era necesario ver aquellas turbas de azabache para que los números dejaran de contar y se abriera paso una informe pero perceptible noción de infinito. —A la hora de la caída de los cuervos —comentaba Juan Manuel — no es raro que alguna turista portuguesa se arroje desde un balcón del octavo piso del hotel Tamerlán, o que un diplomático escandinavo de excursión por la ciu...