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ANTONIO LOBO ANTUNES

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Esta edición de Entre Shandys y Bartlebys está dedicada integramente a mi gran amiga y escritora cubana Vivian Jiménez, y con ella abrimos el 2009, deseándoles a todos lo justamente merecido para este nuevo año .

CRÓNICAS CON BUGANVILIAS. Por Antonio Lobo Antunes

Las buganvillas en flor a lo largo del muro. A menudo, no importa qué esté haciendo o en qué ande pensando, me vienen las buganvillas en flor, azules y moradas, a lo largo del muro, el viejo y oscuro muro de mi infancia, entre la travesía y el callejón. Tanta sombra, siempre, por debajo de la buganvilla: e insectos diminutos, lagartijas, amenazas. Recuerdos así: mi bisabuela, aturdida, desataba un pañuelo de bolsillo y desparramaba un montón de joyas en la mesa. Me quitaba los caramelos y se los comía ella con esa boca elástica de los viejos, la expresión de Popeye que tienen todos: sólo les faltan los bíceps y la pipa. Me olvidaba del ancla tatuada: les falta también el ancla tatuada, claro. Antes del desatino, mi bisabuela se metía en el tren, a escondidas, para ir a jugar a la ruleta en el casino. De Benfica a Estoril quietecita, con miedo a que la reconociesen. Antes de comenzar a escribir Memoria de elefante, me pasé un año entero jugando todas las noches en el casino. No a la rul...

CRÓNICA DEL PESACDOR DE LA AVENIDA MARGINAL. Por Antonio Lobo Antunes

Ninguna felicidad se parece a otra. Y las formas de concebirla, anhelarla, buscarla y expresarla son diferentes. Como la de un hombre de 43 años que no entiende cómo alguien quiere ser feliz con él, si él es un tipo aburrido, que apenas habla, no le gusta convivir con nadie, ni expresar nada. Sólo le gusta pescar los fines de semana por la noche. ¿Y así, que felicidad le espera a alguien junto a él? Cómo se te ocurre querer ser feliz conmigo, nadie es feliz conmigo, soy un aburrido. No me gusta convivir, no me gusta salir, no me gusta el cine, no me gusta la playa, ni siquiera me gusta cenar fuera, me gusta quedarme en mi rincón y que no hablen conmigo. ¿Qué rayos de felicidad podría darte? ¿Que te quedaras también en un rincón, aburriéndote? Además no me fijo en las fechas: en tu cumpleaños, en el mío, en el día en que nos conocimos y por lo tanto no regalo flores, no doy besos, no doy abrazos, no celebro nada, no te dejo con lágrimas en los ojos, conmovida, poniendo rosas en los jarr...

OTRA FORMA DE MEDIR EL TIEMPO. Por Isabel Mallén

La lectura de los autores que nos gustan hace que nos introduzcamos de lleno en esa atmósfera de ficción creada y nos olvidemos de todo lo demás. Lo que pasa a nuestro alrededor deja de tener sentido. Con Lobo Antunes pasa lo contrario. La palabra de este autor te atrapa para centrarte en el aquí y ahora, en el ya y el todavía para hablar de lo cotidiano, suyo y nuestro, para que se genere la magia de la identificación autor-lector. ¿Qué es lo que realmente le importa a un autor?, se pregunta. A él no le interesan nada la mesa donde escribe o su casa. Es más, dice que, las crónicas, a las que estoy haciendo alusión, no tienen importancia. Sin embargo dice en ellas cosas como en la Crónica del Pescador de la Avenida Marginal . O en esta otra: El “ya” y el “todavía” “Soy todavía en el placer que siento al andar por el bordillo de la acera, al saltar a la pídola sobre el puf de la sala. Soy ya al pensar, cuando me invade la funesta sensación de para qué y me quedo en el sofá rumiando mel...

EXHORTACIÓN A LOS COCODRILOS (Fragmento) Por Antonio Lobo Antunes

Recordaba una figura de tamaño natural, llamada Madame Dolores, a la que se le metía una moneda en el ombligo y soltaba una tarjeta con el futuro impreso, todos los futuros idénticos, una enfermedad grave pero curable, la boda con un caballero bondadoso, un viaje en barco, una herencia inesperada, y de hecho la figura acertaba porque realmente los futuros eran todos iguales. (...) Cuando me aplican el suero en el hospital, la sala del tratamiento es un acuario de peces acostados que lanzan al techo burbujas de palabras, verduscos, transparentes, sin pelo, desfigurados por la delgadez, extendidos en la arena de las sábanas con el líquido que cura el cáncer bajando hacia el brazo y los dientes y la lengua moviéndose siempre.

UN LOBO EN EL JARDÍN ZOOLÓGICO. Por Borja Hermoso

A ver cómo trata la Historia de la Literatura a António Lobo Antunes, pero nadie, ni sus detractores -que los tiene- le podrá negar a este señor de 58 años el esfuerzo de titán en la creación de unas imágenes que queman como lava y fluctúan entre precipicios de sensibilidad y pozos de amargura. En el culo del mundo es un mirador privilegiado desde el que poder divisar el mundo de Lobo, sus fascinaciones. Y si no: Si usted, señora, y yo fuésemos, por ejemplo, osos hormigueros, en lugar de conversar entre nosotros en este rincón del bar, tal vez yo me adaptaría mejor a su silencio, a sus manos detenidas en el vaso, a sus ojos de merluza de cristal flotando en algún lugar de mi calva o en mi ombligo, tal vez nos podríamos entender con una complicidad de hocicos inquietos olisqueando en el cemento añoranzas de insectos que no había, tal vez nos uniríamos, al abrigo de la oscuridad, en coitos tan tristes como las noches de Lisboa, cuando los neptunos de los lagos se desprenden del barro de ...

LA REALIDAD HECHA AÑICOS. Por Mario Merlino*

Comienzo repitiendo frases más o menos hechas: toda traducción impone un compromiso, blablablá, cada texto es un riesgo, una carrera de obstáculos, blablá, un placer, un vértigo, blá. Ocurre que con António Lobo Antunes me sentí -perdóneseme la hipérbole- al borde del abismo. Me encontré con él y sus máscaras en Tratado de las pasiones del alma y hubo un primer estado de estupefacción, de maravilla, de prodigio. Hacía tiempo que (en calidad de lector primero, de traductor después) no me topaba con un tornado narrativo como el suyo. Mucho se publica y, entre lo mucho, uno se ahoga de aburrimiento con tanta literatura autocomplaciente, previsible: nadie se libra de los tópicos, claro está, pero convertir los tópicos en obra literaria y deleitarse con ellos se deriva en una experiencia próxima el espejito de la maligna madrastra de La bella durmiente. Mi primera cita con la escritura de Lobo Antunes fue una cita rítmica. Y esa danza compartida se fue acrecentando con las novelas que sigui...