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NAZISMO Y COMUNISMO. Por Tzvetan Todorov

El mero empleo de los términos «totalitario» y «totalitarismo» implica que pertenecen a una sola familia algunos Estados históricamente distin­tos y que son percibidos, ellos mismos, como opuestos entre sí. La ex­tensión de los regímenes así comparados sigue siendo, al mismo tiempo, objeto de debate: ¿se trata, por un lado, del comunismo, o de su variante rusa, el bolchevismo, aunque éste pudo ser exportado a continuación, o del estalinismo, su período más intenso? Y, por el otro lado, ¿nos las ve­mos sólo con el nazismo o debemos incluirle en la familia, más extensa, de los fascismos? Y, si es así, ¿tiene ésta más miembros aparte de Alema­nia e Italia, por ejemplo España? Sea cual sea la respuesta dada a estas preguntas, el propio hecho de comparar y relacionar nazismo y comunismo suscita, hoy aún, vivas re­sistencias. Hay varias razones para ello. La primera nada tiene que ver con el análisis político: procede del desagrado que nace en cada uno de nosotros cuando n...

PAUL KLEE - UNDERWATER GARDEN

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TODAVÍA SIN NOMBRE. Por Valmore Muñoz Arteaga

a V. R. J. L I Hablas desde esa distancia más rara que la noche. Has hablado sobre cuerpos y ciudades sólo palpables a ojos cerrados. Tu cuerpo habla sobre mi cuerpo que sangra la noche por los ojos. Los pájaros –misteriosos pájaros– gritan de lejos la crueldad de los dioses mientras, como soplo que aprisiona la lámpara, la fibra de los días tiembla de sed y de sueño. Tiembla pavorosa. Reconozco tu voz cuando habla roja como ángelus incendiado. II Me prenso furiosamente a eso que parece ser el río que brota entre tus muslos. Chupo del ojo del navegante tus entrañas más lejanas. Chupo hasta que las campanas del fin del mundo crepiten las sombras proyectadas en la frente de la bestia. Nos caminamos siguiendo la huella del silbido ahogado de la soledad, paseando entre cementerios, cruces, la nostalgia de los océanos, charcos de ceniza, el mundo. Nos caminamos embriagados por el fuego. Camino contigo por esta necesidad de atarme al brinco sonoro de tus senos. Al ciclo quemante que bordea l...

BLACK SABBATH - N.I.B

Some people say my love cannot be true please believe me, my love, and I'll show you I will give you those things you thought unreal The sun, the moon, the stars all bear my seal Oh yeah! Follow me now and you will not regret leaving the life you led before we met You are the first to have this love of mine forever with me 'till the end of time Your love for me has just got to be real before you know the way I'm going to feel I'm going to feel I'm going to feel Oh yeah! Now I have you with me, under my power Our love grows stronger now with every hour Look into my eyes, you will see who I am my name is Lucifer, please take my hand Oh yeah! Follow me now and you will not regret leaving the life you led before we met You are the first to have this love of mine forever with me 'till the end of time Your love for me has just got to be real before you know the way I'm going to feel I'm going to feel I'm going to feel Oh yeah! Now I have you with me, under...

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE II Parte. Por Herman Melville

Tan cierto es, y a la vez tan terrible, que hasta cierto punto el pensamiento o el espectáculo de la pena atrae nuestros mejores sentimientos, pero algunos casos especiales no van más allá. Se equivocan quienes afirman que esto se debe al natural egoísmo del corazón humano. Más bien proviene de cierta desesperanza de remediar un mal orgánico y excesivo. Y cuando se percibe que esa piedad no lleva a un socorro efectivo, el sentido común ordena al alma librarse de ella. Lo que vi esa mañana me convenció de que el amanuense era la víctima de un mal innato e incurable. Yo podía dar una limosna a su cuerpo; pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma. No cumplí, esa mañana, mi propósito de ir a la Trinidad. Las cosas que había visto me incapacitaban, por el momento, para ir a la iglesia. Al dirigirme a mi casa, iba pensando en lo que haría con Bartleby. Al fin me resolví: lo interrogaría con calma, la mañana siguiente, acerca de su vida, etc., y si rehu...

D. H. LAWRENCE. Por Bertrand Russell

Mis relaciones con Lawrence fueron breves y febriles, y duraron, en total, aproximadamente un año. Nos conocimos gracias a lady Ottoline Morrel que, como nos admiraba a los dos, nos hizo creer que debíamos admirarnos él y yo también mutuamente. El pacifismo había suscitado en mí un estado de ánimo de rebelde amargura y encontré a Lawrence con tanta rebeldía como yo. Esto hizo que, al principio, los dos pensáramos que existía una gran coincidencia entre nosotros, y sólo de un modo gradual fuimos descubriendo que nuestra discrepancia mutua era mayor que la discrepancia existente entre cada uno de nosotros y el kaiser. En aquella época, Lawrence tenía dos actitudes ante la guerra: por un lado, no podía adoptar la postura de un patriota de todo corazón, pues su mujer era alemana; pero, por otro lado, tenía tal odio a la humanidad, que propendía a creer que ambos bandos debían tener algo de razón, puesto que se odiaban entre sí. Cuando llegué a conocer esas actitudes, me di cuenta de que no...