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El Mundo por Dentro. Por Francisco de Quevedo

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A DON PEDRO GIRÓN, DUQUE DE OSUNA. E stas son mis obras: claro está que juzgará V. Excelencia que siendo tales no me han de llevar al cielo; mas como yo no pretenda dellas más de que en este mundo me den nombre, y el que más estimo es de criado de V. Excelencia, se las invío para que, como tan gran príncipe, las honre; lograrán de paso la enmienda. Dé Dios a V. Excelencia su gracia y salud, que lo demás merecido lo tiene al mundo su virtud y grandeza. En la aldea, abril 26 de 1612. Don Francisco Quevedo Villegas. AL LECTOR, COMO DIOS ME LO DEPARARE, CÁNDIDO O PURPÚREO, PÍO O CRUEL, BENIGNO O SIN SARNA. E s cosa averiguada, así lo siente Metrodoro Chío y otros muchos, que no se sabe nada, y que todos son ignorantes, y aun esto no se sabe de cierto, que a saberse ya se supiera algo; sospéchase. Dícelo así el doctísimo Francisco Sánchez, médico y filósofo, en su libro cuyo título es Nihil Scitur, no se sabe nada. En el mundo ...

Elogio de la lectura y la ficción. Por Mario Vargas Llosa

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Discurso de Mario Vargas Llosa al recibir el Premio Nobel de Literatura 2010 Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas. La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía...

Sobre el cadáver de Norberto José Olivar. Por Ricardo Ramírez Requena

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Creo que figuras como Lord Byron o Novalis se hubieran complacido al leer los dos últimos libros de Norberto José Olivar. Hablo de "Un vampiro en Maracaibo" y de "Cadaver exquisito". Byron le hubiera comentado complacido a Shelley de su descubrimiento y Novalis a su novia muerta. Si hay un lugar en donde nuestro autor quizás se encontraría a sus anchas sería en la célebre reunión de Polidori, Mary Shelley y su marido, y Byron en donde apostaron escribir una obra digna del romanticismo, de sus oscuridades y fidelidades. Si bien Frankenstein de Mary, joven menor de 20 años que se fugó con Shelley de la casa de sus padres, puede considerarse la obra más lograda, el Drácula de Stoker tiene plena vigencia. Creo que a Olivar le gustaría estar cerca, grabándolos, observándolos, y tomando notas. Y a lo mejor hasta se relame. Las dos novelas de Olivar tienen toda la huella del romanticismo gótico, son hijas de Príncipe de la luz y de su égida. Hablo de un signo luciferi...