Las palabras del Papa Francisco para Venezuela

 Por Valmore Muñoz Arteaga


Me acostumbré a escuchar música mientras escribo. Esto me ha resultado muy estimulante en la búsqueda de la verdad que me habita. Creo con firmeza inamovible que esa verdad se nos hace presente en la medida en que logramos disfrutar de la belleza, pero no como mero hecho estético, sino como algo mucho más profundo que nos comunica directamente con el comienzo de todo, esa belleza antigua de la que nos habló San Agustín en sus Confesiones. Así que, trazo estas líneas, mientras mi corazón busca entre notas maravillosas la belleza en las Oberturas de Rossini. He decidió escuchar precisamente a Rossini porque, desde que lo escuché por primera vez siendo aun niño, no solo me ha puesto en sintonía con la belleza, sino que lo hace desde una jovialidad y una inocencia que me desarma. No sé, quizás porque muy en el fondo arden las palabras de Jesús cuando advertía que el Reino de los Cielos está dispuesto para los niños (cfr. Mt 19,14).

En este momento comienzan las primeras notas de Semiramide (1823), obertura que, curiosamente, acaricia el tema de la verdad, aquello que el Papa Francisco nos ha pedido buscar. Ahora, quiero dejar claro dos cosas: aunque en mi interior pueda debatirme con muchas ideas, entre aciertos y confusiones, de mi boca solo saldrán palabras arropadas por una decisión: mantenerme en perfecta unidad con el Papa de la Iglesia Católica. En segundo lugar, porque mi pensamiento ha sufrido un cambio muy profundo al cual me condujo el conocimiento de la Madre María Félix Torres, fundadora de la Compañía del Salvador y de los colegios Mater Salvatoris. La lección de la Madre que mejor ha perfumado mi corazón es comprender que amar a Cristo es fundamental para el ser humano, pero mucho más decisivo y definitivo es sentirse amado por Él. Esto último te permite ver lo que antes no podías ver. No ahondo más sobre esto porque quiero cerrar estas líneas con ello. Así que, desde estas dos consideraciones, se sostendrán estas líneas.

El Papa Francisco, en el Ángelus del domingo 4 de agosto, se refirió a la crisis venezolana con las siguientes palabras: “Dirijo un llamamiento sincero a todas las partes a buscar la verdad, a ejercer la moderación, a evitar cualquier tipo de violencia, a solucionar los conflictos a través del diálogo, a tener en cuenta el verdadero bien de la población y no los intereses partidistas”. Luego nos exhortó a encomendarnos a la Virgen María de Coromoto y al beato José Gregorio Hernández. María, porque es el único camino para llegar a Jesús. El Dr. Hernández porque, como médico experto en la ciencia de la misericordia, sanará las heridas de nuestro corazón.

Estas palabras no fueron bien recibidas por muchos, me atrevo a afirmar que por una mayoría. Fueron señaladas de tibias y, en algunos casos, gracias a Dios, minoritarios, como una muestra de respaldo al gobierno porque, según estas voces exaltadas por el dolor y la impotencia, están en sintonía ideológica. Sí, nuevamente escuché y leí aquello de que el Papa es comunista. Sobre esto, me disculpan, no haré ninguna mención. No tiene sentido, ni vale la pena. Lo que sí haré es tratar de explicar esas palabras del Papa Francisco desde cuatro observaciones que usted, estimado lector, evaluará como considere pertinente.

1.- El Papa Francisco se ha referido a Venezuela durante la oración del Ángelus que tradicionalmente se desarrolla los domingos en horas del mediodía. ¿Qué es el Ángelus?   Se trata de una oración para contemplar el misterio de la Encarnación, el acontecimiento por el cual el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios. Es una pequeña pausa en el día a día que nos sumerge en la intimidad de la Virgen María y la Santísima Trinidad. Bajo esta premisa, y no hay otra, ¿qué tipo de palabras debía pronunciar el Papa? Si no a un llamamiento a la unidad que convoca la verdad, pero no una verdad coyuntural, sino una más profunda vinculada a la unidad amorosa a la cual somos llamados los cristianos (cfr. Jn 17,21-23). Así ha sido el rezo del Ángelus desde el 15 de agosto de 1954, cuando Pío XII solicitó que fuera transmitido por primera vez por radio y televisión, a petición de los jóvenes de la Acción Católica y con ocasión del Año Mariano. El rezo, desde entonces, es un momento de cercanía acompañado con algún mensaje pastoral, un cariñoso saludo a los peregrinos presentes en la plaza de san Pedro y los que lo sintonizan por los medios de comunicación, y las intenciones y preocupaciones de la Iglesia que tiene más presente y por las que pide oraciones.

2.- El Papa Francisco ha llamado a buscar la verdad. Cuando nos hace invitación, de todo corazón, dudo a que se refiera a la verdad de los resultados electorales, además, harto conocidos por todos y por él. Las declaraciones que han hecho los cardenales venezolanos, el vocero del Vaticano ante la OEA, los comunicados de la Conferencia Episcopal Venezolana, son una referencia, no solo de lo que conoce el Santo Padre, sino de cuál es la posición oficial del Vaticano. Por otro lado, y aunque pueda resultar chocante, tampoco se refiere a buscar la verdad de los resultados electorales, ya que, aunque signifique lo que significa, no deja de ser un hecho circunstancial que pasará, que será superado. El Papa nos ha pedido buscar una verdad más profunda: nos ha pedido buscar a Cristo.

Los hechos circunstanciales no se ven, ni se viven igual con o sin Cristo en el corazón. Allí, por ejemplo, podemos determinar si nuestras acciones apuntan hacia la justicia o hacia la venganza. Dijo el filósofo español Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Si las circunstancias tienen la capacidad para ayudar a definir a un hombre, entonces, ¿cómo serán advertidas esas circunstancias sin Cristo en el corazón? Un hombre sin Cristo en el corazón se transforma en el infierno del otro, así lo señaló en su momento San Oscar Arnulfo Romero, quien, por cierto, vivió entre muchos infiernos.

3.- El mensaje del Papa Francisco ha sido tibio, han dicho, supongo que quienes tienen por costumbre apagar los incendios con gasolina. En un dato llamativo y curioso, algunos meses atrás, el Papa Francisco llamó desequilibrado a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, y cabeza de una dictadura grosera. Estas declaraciones las hizo en una entrevista. En esa misma entrevista, el Sumo Pontífice tocó el tema venezolano. Al ser consultado sobre la situación política en Venezuela, constató su confianza en que pueda haber un cambio de régimen: “Pienso que sí. Pienso que sí, porque son las circunstancias históricas las que van a obligar a cambiar el modo de diálogo que tienen. Pienso que sí, o sea, nunca cierro la puerta a posibles soluciones. Al contrario, la fomento”. Por supuesto, estas opiniones están hechas al margen de toda liturgia que implica consideraciones más prudentes. Hasta estos momentos, no ha habido ocasión para una entrevista donde el Papa pueda dar rienda suelta a sus pensamientos más personales sobre la situación actual de Venezuela.

¿Mensaje tibio? Yo no lo veo tibio, todo lo contrario. Solo que muchas veces, o la mayoría de las veces, nuestra interpretación del exterior guarda estrecha relación con el nivel en que se encuentre nuestro temperamento, además, vivimos tiempos que estimulan las radicalidades que, por cierto, no pretendo juzgar. Cada quien vive con lo que tiene, sobre todo, en el corazón.

4.- Comentaba al inicio lo que he aprendido de la Madre Félix: no solo amar a Dios, sino sentirme amado. Sentirse amado por Dios abre la comprensión humana a otras dimensiones que contrastan con los intereses del mundo. Por ejemplo, son menos tibias las palabras del Presidente Boric, por ejemplo, a quien hoy aplauden por su apoyo a la causa venezolana. Claro, yo también lo agradezco, pero convencido de que no es por amor al pueblo venezolano o por defender los valores democráticos de la región, sino porque el conflicto venezolano potencia la posibilidad de un nuevo éxodo que complique la situación interna de Chile. A lo mejor, las palabras de Juan Barreto son percibidas menos tibias y más cónsonas con algunos pareceres, aunque la fuente de estas sea el temor a lo que vendrá y trata de asegurarse una pena menor ante la opinión pública nacional o internacional. Ahora bien, ¿los juzgaré por ello? Bueno, aunque lo he hecho, no ha sido mi intención, sino, más bien, ponerlos de ejemplo. Sean cuales sean sus razones, al final, ellos serán juzgados por el amor. Todos seremos juzgados por el amor, y el Papa Francisco lo sabe, ahora, ¿tú lo sabes?

El apóstol Santiago se hace una pregunta que yo me he hecho muchas veces, quizás tú también: ¿De dónde nacen las peleas y las guerras? Las peleas y las guerras, nos ayuda a entender, nacen de los malos deseos que siempre están luchando en nuestro interior. “Ustedes quisieran tener y no tienen, entonces matan; tienen envidia y no consiguen, entonces no hay más que discusiones y peleas” (Sant 4,2). Remata estar afirmaciones con una pregunta que, creo, deberíamos hacérnosla hoy: “¿No saben que la amistad con este mundo es enemistad con Dios? Quien desee ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios” (Sant 4,4). No, no creo que se trate de darle la espalda a nuestras responsabilidades ciudadanas. La amistad a la que alude Santiago se refiere a la relación amorosa con el mundo o con Dios. Amar al mundo implica dar la espalda a Dios. Amar a Dios implica acoger al mundo para su transformación. Esta es la verdad que nos toca buscar. Y hay que buscarla dentro de nosotros y que sea esa verdad la fuente de nuestras decisiones, ya que, lo que vivimos como sociedad no cayó de Marte y, mucho menos, es un castigo divino. Es el resultado de nuestras acciones, de nuestras decisiones, de nuestro compromiso con el otro y con la sociedad. Esto se vuelve más claro bajo la luz esplendorosa de sentirnos amados por Dios.

Bien, esto ya va muy largo, no sé cuántos habrán podido llegar hasta acá, si lo hiciste, muchas gracias por el acompañamiento. La música maravillosa de Rossini también languidece. Por fortuna, ni la belleza, ni la verdad –como si se tratara de cosas distintas–, la verdadera belleza y la verdad plena no languidecen, ni siquiera con el hombre. Ellas tendrán en toda ocasión y sea cual sea el escenario, la última palabra, la definitiva. No hay manera de que esto no sea así. Si decidimos ir a por ellas, muy probablemente, su voz se escuche más temprano y nuestro corazón esté preparado para su contemplación. Por ello, haré caso al Papa Francisco buscando la verdad. Paz y Bien, a mayor gloria de Dios. 


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