domingo, 1 de abril de 2012

Milan Kundera. Por Cinzia Ricciuti.


Kundera, siempre Kundera, cada cuatro o cinco años, cuando alguien
me lo recuerda, cuando necesito desnudar las cosas, cuando quiero
que me sean dichas sin adornos.
Leo La Insoportable Levedad del Ser.
Me pregunto si de verdad me gusta ese libro o si simplemente me
acostumbré a decir que me gusta o si me gustó alguna vez y ya no.
Igual lo leo, lo devoro.
Kundera y su sinceridad.
Kundera y sus personajes miserables que no tienen ni siquiera el
derecho a un poco de realidad. Sacados de su mente, expuestos, solos,
sin sangre.
Kundera el cirujano de los sentimientos.
El que habla siempre de pesadillas.
El poco poeta.
No hay amor en Kundera.
La amargura por su Praga invadida, por los rusos, por la incertidumbre,
por la indignidad.
Es tiempo de horrores, me digo.
Y sigo.
Leo a sus mujeres.
Sus hombres no me gustan. Aman y no lo saben, odian y no lo saben.
Odian amando, aman odiando.
Tienen miedo. Son hombres. Me alejo.
En sus mujeres...me reconozco.
Kundera hubiese podido ser mujer.
Hay muchas escenas con espejos.
Mujeres desnudas viéndose al espejo.
¿Nos vemos realmente?
¿O el espejo es un tránsito, un puente hacia ese mundo que
no entendemos y que es nuestro?
¿Nuestro?
Kundera me pone difícil.

Cinzia Ricciuti, nació en Caracas, Venezuela, pero no tiene patria.
Es Intérprete Público, traductora y profesora. Ha participado en el Taller de Escritura Creativa dictado por el escritor Fedosy Santaella, en el Taller Escribas con el escritor Israel Centeno y en el Taller de poesía del poeta y ensayista Armando Rojas Guardia.
Ha leído sus poemas en variadas lecturas públicas desde el 2007 hasta la actualidad. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas electrónicas Letralia, La Casa Azulada y Los Hermanos Chang.
Desde 2006 lleva el blog http://verdadesqueasoman.blogspot.com/.