lunes, 4 de julio de 2011

«Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos»

Entrevista a Monzantg sobre el Bicentenario por Naile Manjarres





1.- ¿Podría resumir los rasgos determinantes del proceso independentista de Venezuela?
La independencia fue un proyecto sectario de un grupo de hombres que quería sustituir en el ejercicio del poder a otro grupo de hombres, también sectarios.

2.- Además de la importante participación de los miembros de la Junta Patriótica, ¿fue precisa la participación popular para concretar la firma del documento de independencia?
Lo que he observado es que, hasta el momento, eso que no sin nostalgia historiadores y otros «científicos» sociales llaman «participación popular», sucede como cuando en una película de Hollywood hay muchos «extras»: basta con que se muevan rápido, no se vean sus caras, griten mucho y mueran con facilidad. Aparte de eso, el final feliz o la cara que recordaremos será la del protagonista.

3.- ¿Los sucesos del 5 de julio de 1811 son algo más que una efeméride en el calendario?
Sí, son el punto de partida de una identidad política que permite reeditar un ritual que autoriza que una familia que gobernaba sea sustituida por la siguiente familia que gobernará.
La Declaración de la Independencia, en Venezuela, o su presumible antecedente, el 19 de abril de 1810, o las fechas de las grandes batallas, sólo me parecen momentos simbólicamente inaugurales de una mitología civil; de una forma de ejercer el poder político que se repite con indecorosa monotonía para que —como decía— la familia de turno controle el poder político y tenga acceso a buenos negocios en nombre de la república.

4.- ¿Cuál es el verdadero significado de la Firma del Acta de Independencia en nuestros días? ¿Somos independientes o estamos sometidos a un yugo diferente?
Ni siquiera las grandes potencias económicas son realmente independientes en lo político. Entrado como va el siglo veintiuno, Washington difícilmente toma decisiones sin considerar —aunque sólo sea como ejercicio mental— las consecuencias que traerían a su principal comprador de unos productos y abastecedor de otros: Beijing.
En todo caso, según se mueven la política y el comercio internacional, lo más a lo que se puede aspirar es a negociar «conflictos» con el menor costo político y económico posible.
La verdad, ya no me importan ni independencias ni futuros posibles cuando se trata de esos espectáculos provincianos y cuasi religiosos a los que llaman «Nacionalismo». Digo esto porque esa ficción de si somos independientes —o no— la verdad hoy no forma parte de mis angustias.

5.- ¿Qué tipo de dependencia se ve reflejada en la sociedad venezolana actual con respecto a alguna colonia extranjera?
Existe un arreglo internacional, en lo político y económico, según el cual hay interdependencia real entre todos los países. Sólo que a países como Venezuela les toca lidiar con más desventajas que ventajas.
Aparte de eso, por supuesto que existen formas y usos comerciales que permiten igualar patrones culturales y de consumo que privilegian a unos países y continentes.

6.- ¿La firma del Acta de Independencia culminó y consolidó verdaderamente nuestro proceso independentista?
No. Eso me suena a disco viejo y a ciencia ficción barata. Me resulta un discurso tan dinosáurico y anquilosado que me parece estar viendo películas de monstruos del espacio de los años 50, con sus —vistos desde hoy— limitados efectos especiales.
Pienso es cuánto me aburre, me causa hastío y me dan ganas de cambiar ese tema de la patria, el nacionalismo y unas mañosas identidades nacionales fabuladas al calor de la batalla por el poder.
Cualquiera sea la independencia que se logre, mañana habrá que independizarse —otra vez— de los libertadores, como ayer se decía, allá, más al sur. No otra cosa es lo que pasa en la Venezuela de 2011.

7.- ¿Conoce algún dato importante acerca del 5 de Julio de 1811 que no haya sido divulgado masivamente por otros historiadores?
Muchos historiadores han dicho, desde hace décadas, que no hubo una guerra por la independencia sino una guerra civil para decidir quién gobernaba las moribundas colonias españolas, y cuál de las potencias de Europa —o Estados Unidos— sustituía a España.
En todo caso, la independencia se me parece a una empresa privada en beneficio de pocos (hoy bien podrían llamarla «cooperativa») con la ilusión de que todos o muchos saldrían beneficiados.

8.- De conocer algunos de esos datos, ¿por qué considera que no han sido difundidos?
Todas las historias nacionales están contadas a partir de pequeñas y grandes falsedades, y la verdad, es mucho lo que la prensa ayuda. Con los historiadores pasa igual que con la prensa de todos los días: mentir es parte básica del oficio.
Vale recordar, apenas, aquello de que «el vencedor cuenta la historia».

9.- ¿Qué mensaje debería transmitir a la juventud venezolana la conmemoración del Bicentenario?
No creo que haya mucha relación entre lo que sucedió —o no— hace doscientos años y los programas de televisión, la música y los libros de autoayuda y de fastasmitas o brujos adolescentes y bienintencionados que leen los jovencitos a principio del siglo veintiuno.
Desde hace décadas, los jóvenes también pagarían para que pensaran por ellos.

10.- En comparación con décadas anteriores, ¿esa juventud cuenta con espacios significativos para el debate y la discusión acerca de este y otros hechos históricos?
En Venezuela hubo, hasta hace dos o tres días, algún escarceo de debate. Pero se centró en dos opciones que no pueden parecerse más.
Como dice Slavoj Zizek, quiero terceras opciones, y no me refiero a que salga un tercer grupo que no se parezca a los que ya tenemos: sólo por sanidad mental llamémoslos «grupo rojo», y «grupo azul» o «variopinto».
En lo que pienso es en que, como dice Jorge Luis Borges, «creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos».


MONZANTG. Nació en Maracaibo en 1967. Egresado en Historia y profesor de la Universidad del Zulia, y la Católica de Maracaibo, es ensayista y editor de la revista País Portátil.
Ha publicado: La fórmula de la locura (Buenos Aires, 2011) [Poesía]; La conversión de K (Maracaibo, Pierre Menard Editor, 2009).
jlmonzantg@gmail.com

1 comentario:

Jesús Suárez dijo...

Bárbaro, firmaría sin problemas lo que aquí dice el profesor; tan distante a la vez del patrioterismo oficial y de los historiadores "viudos" del puntofijismo. Es lo mejor que he podido encontrar hoy sobre este tema. Sin embargo, no haría lo mismo con las interpretaciones "socio-económicas" de literatura que le he leído en la revista País Portátil. Mis saludos al autor del blog