lunes, 27 de diciembre de 2010

La Vida es Sueño -Fragmento-. Por Pedro Calderón de la Barca

Descúbrese SEGISMUNDO, como al principio, con pieles y

cadena,

durmiendo en el suelo; salen CLOTALDO, CLARÍN y los dos

criados

CLOTALDO: Aquí le habéis de dejar

pues hoy su soberbia acaba

donde empezó.

CRIADO 1 Como estaba,

la cadena vuelvo a atar.

CLARÍN: No acabes de despertar,

Segismundo, para verte

perder, trocada la suerte

siendo tu gloria fingida,

una sombra de la vida

y una llama de la muerte.

CLOTALDO: A quien sabe discurrir,

así, es bien que se prevenga

una estancia, donde tenga

harto lugar de argüir.

Éste es el que habéis de asir

y en ese cuarto encerrar.

CLARÍN: ¿Por qué a mí?

CLOTALDO: Porque ha de estar

guardado en prisión tan grave,

Clarín que secretos sabe,

donde no pueda sonar.

CLARÍN: ¿Yo, por dicha, solicito

dar muerte a mi padre? No.

¿Arrojé del balcón yo

al Icaro de poquito?

¿Yo muero ni resucito?

¿Yo sueño o duermo? ¿A qué fin

me encierran?

CLOTALDO: Eres Clarín.

CLARÍN: Pues ya digo que seré

corneta, y que callaré,

que es instrumento ruín.

Llévanle a CLARÍN. Sale el rey BASILIO,

rebozado

BASILIO: ¿Clotaldo?

CLOTALDO: ¡Señor! ¿Así

viene vuestra majestad?

BASILIO: La necia curiosidad

de ver lo que pasa aquí

a Segismundo, ¡ay de mí!

de este modo me ha traído.

CLOTALDO: Mírale allí, reducido

a su miserable estado.

BASILIO: ¡Ay, príncipe desdichado

y en triste punto nacido!

Llega a despertarle, ya

que fuerza y vigor perdió

con el opio que bebió.

CLOTALDO: Inquieto, señor, está,

y hablando.

BASILIO: ¿Qué soñará

agora? Escuchemos, pues.

En sueños

SEGISMUNDO: Piadoso príncipe es

el que castiga tiranos;

muera Clotaldo a mis manos,

bese mi padre mis pies.

CLOTALDO: Con la muerte me amenaza.

BASILIO: A mí con rigor y afrenta.

CLOTALDO: Quitarme la vida intenta.

BASILIO: Rendirme a sus plantas traza.

En sueños

SEGISMUNDO: Salga a la anchurosa plaza

del gran teatro del mundo

este valor sin segundo;

porque mi venganza cuadre,

vean triunfar de su padre

al príncipe Segismundo.

Despierta

Mas, ¡ay de mí! ¿Dónde estoy?

BASILIO: Pues a mí no me ha de ver;

ya sabes lo que has de hacer.

Desde allí a escucharle voy.

Retírase el rey BASILIO

SEGISMUNDO: ¿Soy yo por ventura? ¿Soy

el que preso y aherrojado

llego a verme en tal estado?

¿No sois mi sepulcro vos,

torre? Sí. ¡Válgame Dios,

qué de cosas he soñado!

CLOTALDO: (A mí me toca llegar, Aparte

a hacer la desecha agora).

SEGISMUNDO: ¿Es ya de despertar hora?

CLOTALDO: Sí, hora es ya de despertar.

¿Todo el día te has de estar

durmiendo? ¿Desde que yo

al águila que voló

con tarda vista seguí

y te quedaste tú aquí,

nunca has despertado?

SEGISMUNDO: No.

Ni aun agora he despertado;

que según, Clotaldo, entiendo,

todavía estoy durmiendo,

y no estoy muy engañado;

porque si ha sido soñado

lo que vi palpable y cierto,

lo que veo será incierto;

y no es mucho que, rendido,

pues veo estando dormido,

que sueñe estando despierto.

CLOTALDO: Lo que soñaste me di.

SEGISMUNDO: Supuesto que sueño fue,

no diré lo que soñé;

lo que vi, Clotaldo, sí.

Yo desperté, y yo me vi,

--¡qué crueldad tan lisonjera!--

en un lecho, que pudiera

con matices y colores

ser el catre de las flores

que tejió la primavera.

Aquí mil nobles, rendidos

a mis pies nombre me dieron

de su príncipe, y sirvieron

galas, joyas y vestidos.

La calma de mis sentidos

tú trocaste en alegría,

diciendo la dicha mía;

que, aunque estoy de esta manera,

príncipe en Polonia era.

CLOTALDO: Buenas albricias tendría.

SEGISMUNDO: No muy buenas; por traidor,

con pecho atrevido y fuerte

dos veces te daba muerte.

CLOTALDO: ¿Para mí tanto rigor?

SEGISMUNDO: De todos era señor,

y de todos me vengaba;

sólo a una mujer amaba...

que fue verdad, creo yo,

en que todo se acabó,

y esto sólo no se acaba.

Vase el rey BASILIO

CLOTALDO: (Enternecido se ha ido Aparte

el rey de haberle escuchado).

Como habíamos hablado

de aquella águila, dormido,

tu sueño imperios han sido;

mas en sueños fuera bien

entonces honrar a quien

te crïó en tantos empeños,

Segismundo, que aun en sueños

no se pierde el hacer bien.

Vase CLOTALDO

SEGISMUNDO: Es verdad; pues reprimamos

esta fiera condición,

esta furia, esta ambición,

por si alguna vez soñamos;

y sí haremos, pues estamos

en mundo tan singular,

que el vivir sólo es soñar;

y la experiencia me enseña

que el hombre que vive, sueña

lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!

¿Que hay quien intente reinar,

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí

de estas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

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