miércoles, 3 de noviembre de 2010

Poemas de Hesnor Rivera

ENDECHAS DEL INVISIBLE
Desde hace cierto tiempo
pasan con demasiada frecuencia
frente a la puerta de mi casa
gentes de tan comunes increíbles.

Un anciano y un niño
van hablando
sobre los peligros del sol
cuando el viento se quema
como una tela dorada.
Una mujer muy sola
hace gestos y muecas
de desesperanza
como extraídos de sus sueños recientes.

Los observo y ellos
no pueden verme
porque la tristeza me ha tornado invisible.

Otras veces la noche
arroja sobre las aceras
restos de cosas muertas
pero todavía tibias
que el esqueleto de un astro.

Salgo para respirar
el humo de los amaneceres
parados en la rama de la ventana.

Los vecinos despiertan
y conversan sobre el calor meridiano
-sobre sus menesteres
en los mercados y los malecones
tendidos como bestias azules
a orillas de la falda del lago.

Los contemplo pero no pueden
verme porque la tristeza
me volvió invisible.

Un extraño recuerdo
viene a cantar todas las tardes
desde el suelo del techo.
El canto se refiere siempre
a un viaje -a países
con semblante de montaña náufraga.
Con cabellera
de desierto
que se devora a sí mismo.

Se refiere a un viaje
y a la fiebre del amor contraída
entre las piedras y las ruedas
siempre en llamas
de los inviernos del sur.

Mis amigos oyen
que sollozo en el patio
pero no pueden verme
porque de seguro la tristeza
me ha tornado
para siempre invisible.


ITINERARIO
El invisible sale
subrepticiamente
sobre todo en horas de penumbra:
el amanecer
o el comienzo de la noche impiden
que lo delate su sombra.

(Porque él conserva
todavía su sombra
de llamativos tonos azules
-con olores de tormenta muy próxima)

Para llegar a su destino
da largos rodeos por los suburbios.
Allí ve una vez más a los niños
que ocupan su lugar de antaño
vendiendo hayacas
-tocando de puerta en puerta
la pobreza de la gente
de los Haticos -el desamparo
todavía vigente en las barriadas
donde el hambre da fiebre.

El invisible puede ser visto
por quienes le oyen disertar
sobre poemas -sobre magias
y aventuras antiguas.
Pero por lo común se marcha
repentinamente.

Lo persigue
la maravillosa amenaza del amor
y sus risueños fantasmas.

A mediodía
vuelve a la casa
como siempre más que nunca
enamorado del mundo.
Pero se percata
de que alrededor sus libros
desaparecieron. Se tornaron
invisibles en sus marcos
las fotografías. Y hasta la cama
donde la memoria paría
poco a poco sus sueños
y la imaginación inventaba recuerdos
ya según parece no existe.

Sólo queda el espejo.
El invisible toca
en su superficie el frío
de las imágenes
que para siempre se fueron
-la ceniza de azogue
de un tiempo cuya gran tristeza
también lo ha tornado invisible.


A ORILLAS DE LAS CATÁSTROFES
Sentado a orillas
de las catástrofes
espero la nave
de los que no quieren todavía marcharse.
Espero el gran torrente
de las cosas que cambian
para retornar al pasado.

Porque partiré y retornaré.
Por eso tu imagen
-tierra madre mujer mía-
me acompaña. Me acompaña
tu forma de velamen
perdido entre relámpagos.
Tu cintura de goleta
que navega en un bosque
sin chocar ni siquiera
con la llama
de la sombre
de un árbol.
Me acompañas cuerpo de redoma
encantada que me consume
para que resucite
convertido en metales
de significación improbable
-en oros más desleznables
que el antílope.
En fierros más inverosímiles
que la piedra de un águila.

Me acompañas y te amo
coraza para el pecho
de las tempestades.
Escudo para el lomo
de los fuegos marinos -espada
en fin espada por entre cuyos filos
recobre toda su sangre el cielo.

Sentado a orillas
de las catástrofes
espero aún la nave que no me lleve
-mientras tú vivas-
por los puertos
del más allá inexistente.


SIN SEMEJANZAS NI IMÁGENES
Entro por la puerta
de tus ojos
-por el techo de tu piel
a los aposentos del deseo
que ya no sé si es tuyo o mío.

Y eres una vez más
la piedra tierna
sobre cuyas membranas teje
mi corazón la tela
de las más rojas ternuras.
Y eres la llamarada fresca
que los astros vierten sobre el sitio
donde los enamorados se aman.
¿Cómo no comprender entonces
la alegría
que hace posible cuando pasas
el nacimiento de los bellos parques?

¿Cómo no entender que crezcan
flores a expensas
de la sed que te cubre mientras duermes?

Ahora mismo cuando acabo
de beber en tu boca
la significación del alba
reaparecen en mis manos de pronto
los nombres de las cosas perdidas
-los números sobre los secretos
de la felicidad más antigua,.
Si te tienes como ahora a mi lado
podré saber con exactitud
el paso de los tiempos
por la forma como giern tus senos.
Sabré de las mareas
-de las migraciones y las cosechas lunares
si abres los labios
y tu lengua me toca.

Dentro de tu boca sin duda
comienza y muere y resucita
una eternidad que no admite
semejanzas ni imágenes.


TODO SE LLAMARÁ COMO TÚ TE LLAMAS
De no encontrarte
como te hallé hace tiempo
me moriré
mirando hacia el pasado
-desandando los caminos
que recorrimos juntos para llegar
al día de las desapariciones horribles.

De no encontrarte
nuevamente
me verán
hundido en el lago
de la demencia más pura
-la de que no podré nombrar
las cosas sino por tu nombre.
Y las rosas y el rocío
que cae sobre la brasa de los insomnios
sólo se llamarán como te llamas
-y el gato de las ilusiones perdidas
y el viento de las esperanzas
que vuelan
sólo se llamarán como te llamas.

Sólo se llamarán como te llamas
las calles
los bares -los grandes barcos
que parten hacia países
donde desde antaño
todo se llama como tú te llamas.

Todo se llamará
como te llamas
para que nos encontremos siempre
donde la libertad
no se pierde más nunca.

De no encontrarte
como te hallá hace tiempo
me moriré para descubrir
que los nombres del porvenir en retorno
sólo se llamarán como te llamas.


TRATADO DE LA MEZCLA DE LOS ALIENTOS
Cuando veo detrás de mis ojos
el giro de la humedad de tus labios
mis sentidos gritan
como pájaros fugitivos en la jaula.

Te sujeto entonces por las alas
de las rodillas – las rodeo
con mis manos como con lianas
florecidas en un fondo marino
para que no vueles. Para que no te vueles
de la red de arena
donde debe retenerte, mantenerte
el deseo. La necesidad
de que estés quieta pero devorada
por el mismo desasosiego mío
que no se sacia con el agua
de la sed de tu boca.
Ni siquiera con el aire de tempestad
de tus palabras
bebidas en la profundidad
de tu garganta cuando todavía
no alcanza a pronunciarlas.

Ni te tumbes de espalda
contra la puerta de la saciedad
que podría sumergirte en la llama
sagrada de la noche. La noche, la noche
regada como un olor sobre los órganos
renuentes a dormir. Disuelta
como el polvo blanquísimo de la sangre
cargada de metales preciosos
para que el corazón repique
las campanas de sus barcos – los guíe
sobre las marejadas que suben
desde tus muslos desnudos
hasta mis costillas mis clavículas
mis vértebras locamente
iluminadas por el faro de los malecones
del más largo deseo.

Para que no te vueles. Para que no te vueles
y desaparezcas otra vez por entre
las rendijas del alba concebida
por un hálito de cobertores violeta
- o por entre las ramas y las hojas
de la intermitencia
de tu respiración en el instante
en que más debo retenerte
mantenerte cautiva por el cuello
y por los hombros hasta sentir
cómo palpitan en tus venas
los pensamientos y los recuerdos
que bajan de tu cabeza
para alumbrar los laberintos
- ¡Oh! Paredes con cortinas celestes –
de las desapariciones de antaño.

Cierro la salida de tus alas
construidas y vueltas a construir
por la paciencia angelical de la noche
(la noche la noche) por la sedosidad
endemoniada de la noche
que continúa juntándonos sin duda
para que sea yo quien desaparezca
- quien sucumbe sobre tu cuerpo
como un navío que naufraga
en la madera de los bosques
del origen – en las selvas de las pasiones
trashumante y con cara
de pequeños animales sonámbulos.

Mezclemos nuestros alientos ahora
para que el día se detenga
donde todavía no empieza
y el temblor de la inagotable fatiga
tome más significado
que los que caben en las palabras
con que tejen y entrecruzan
sus pálpitos y palpitaciones
el amor y la muerte para siempre.

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