jueves, 11 de marzo de 2010

La Existencia y el Descubrimiento de la Belleza. Por Yasunari Kawabata


Me he enterado de japoneses que componen haikus aquí en Hawai sobre la belleza de un arco iris que se eleva verticalmente en un punto, en alta mar, o de un arco iris circular que rodea a la luna como un halo. Parece que en Hawai también ha habido el proyecto de compilar un saijiki (clasificación de haikus por temas referentes a las estaciones), y que estos dos extraños arco iris estarían clasificados bajo el rubro de verano. Parece que se refieren a ellos, por el momento, como «lluvia en el mar» (oki no ame) y «arco iris nocturno» (yoru no niji), pero tal vez haya términos más apropiados. He oído que en Hawai también existe el tema de «verde invernal» (fuyu midori). Cuando me enteré de esto, me vino el recuerdo de un haiku que compuse para mi placer:

todo es verde
y mientras permanece verde
el año pasado se vuelve este año

(..) El « kozo kotoshi» (el año pasado (se vuelve) este año) del haiku sobre el «verde invernal» es un tema de estación para el año nuevo y significa simplemente que reflexionamos sobre el año viejo que acaba de pasar y que recibimos el año nuevo con esperanza, pero el motivo por el cual usé dicha frase fue que tenía en mente un haiku de Takahama Kyoshi (1874-1959):

el año pasado se vuelve este año algo
como
una varilla penetrante

El hogar de este gran poeta está situado cerca de Kamakura, y cuando, después de la guerra escribí un elogio del cuento de Kyoshi Niji (El arco iris), me sentí abrumado al ver aparecer en mi puerta a este venerable sensei solo. Había venido a agradecerme. Por cierto, estaba vestido con hakama formal y kimono, pero también calzaba la geta alta, y me sorprendió ver que llevaba un tansaku (una larga hoja de papel que se usa para escribir poemas) a la espalda, que sostenía enhiesto, en forma ligeramente diagonal, y que sobresalía detrás de su cuello. En este tansaku había escrito su propio haiku para ofrecérmelo. Esta era la primera vez que me enteraba de tal práctica entre poetas de haiku.
En la estación de tren de Kamakura, desde fin de año hasta después de año nuevo, existe la costumbre de pegar los tanka y haiku escritos por los poetas que viven en la ciudad y, un año a fines de diciembre, me conmovió ver el verso kozo kotoshi (el año pasado, este año) pegado en la estación. Me sorprendió e impresionó profundamente el verso tsuranuku bõ no gotoki mono (algo como una varilla penetrante). Es una expresión tan extraordinaria que me sentí como si hubiera sido acometido por el atronador grito Zen de katsu (grito que barre de la mente todo pensamiento dualístico y egocéntrico).

A propósito, de acuerdo a la cronología de Kyoshi, este haiku en particular fue compuesto en 1950. Aunque Kyoshi, famoso como editor de la revista literaria Hototgisu (El cuclillo) parece haber compuesto un buen número de poemas serenos, libre o casualmente, como si estuviera conversando o hablándose a sí mismo; también, algunos de sus haikus son incomparablemente grandes, pasmosos, sublimes y profundos:

Aunque decimos que es
una peonía blanca,
hay un leve rastro carmesí
¿No hay aún
un cierto no sé qué
en un crisantemo marchito?
Un leve
aroma en el cielo el
amable clima de otoño
El año
simplemente pasa
¡Oh, tan silenciosamente!

El último haiku que comienza con toshi wa tada (el año simplemente) se parece en cierta forma al poema kozo kotoshi (el año pasado, este año). Recuerdo que en un ensayo para un año nuevo cité el haiku de Rankõ:

Es el día de año nuevo y
con este espíritu
quiero habitar en el mundo

Un amigo me pidió que escribiera este haiku formalmente como un kakemono de año nuevo. Según como se interprete, se lo puede considerar simple o elevado, popular o puro, pero como temía que pudiera achacársele un sentido didáctico rutinario, dudé en escribir sólo éste y añadí otros (..):

¡Qué bello!
El cielo en la noche
del último día del año
(Issa)
En el cielo del día de año nuevo
una fantasía
de mil cigüeñas danzantes
(Yasunari)

Por cierto que mi propio haiku no era sino un extravagante apéndice escrito como una atención para mi amigo. Conocía el haiku de Kobayashi Issa (1763-1827) al encontrarlo en una tienda de antigüedades en Kamakura, escrito por el mismo Issa en un kakemono. Aún no he investigado dónde y cuándo fue escrito, si después del regreso a su hogar en Kashiwabara en las márgenes del lago Nojiri- que está en el límite entre el nevoso Echigo y Shinano y al pie de las montañas- Togakushi, Izuna y Myõkõ-; a la sazón el cielo nocturno era alto y extremadamente claro, como si se hubiera congelado, y podemos pensar que lucía innumerables estrellas que parecían caer en brillantes cascadas. También debemos recordar que su tierra podría ser el lugar descrito en un famoso haiku:

¿Es esta después de todo
mi última morada?
Cinco pies de nieve.

Además, era medianoche, el último día del año. Por lo tanto, en las comunes palabras utsukushi ya (¡Qué bello!) Issa descubrió y creó una gran belleza. También en la atrevida e incomparable expresión de Kyoshi que la persona promedio nunca podrá entender, es decir «algo como una varilla penetrante» ¿no hay profundidad y grandeza y fuerza? Aun en un haiku como el que comienza con toshi wa tada (el año simplemente) es difícil para un poeta usar una expresión como mokumoku to shite (¡Oh, tan silenciosamente!). Sin embargo, en El Libro de Cabecera de Sei Shonagon (las fechas de su nacimiento y muerte son inciertas pero probablemente vivió entre 996 y 1016- fecha del último ocumento que la menciona) se encuentra el siguiente pasaje: Cosas que simplemente pasan: un velero; los años en la vida de una persona; la primavera, el verano, el otoño y el invierno.
El haiku de Kyoshi «el año simplemente pasa ¡oh, tan silenciosamente!» me recordó el pasaje de El Libro de Cabecera intitulado «Cosas que simplemente pasan». Ambos, Sei Shonagon y Kyoshi hacen que la palabra tada (simplemente) cobre vida. Quizá con una distancia en el tiempo de 950 años, el sentido y significado de la palabra puede diferir en algo, pero pienso que la diferencia es leve. Por cierto que Kyoshi probablemente había leído El Libro de Cabecera, pero cuando escribió su poema no sé si tenía el pasaje «cosas que simplemente pasan» en mente y lo estaba usando como una alusión elegante o honkadori. Aunque lo hubiera usado en esa forma, ciertamente eso no dañaba su propio haiku. Además, podemos pensar que Kyoshi hizo que la palabra tada (simplemente) cobrara más vida que la que te había dado Sei Shonagon. (..) Escribo principalmente novelas pero me pregunto si la novela es todavía la forma literaria o artística más adecuada a la época y, también, si la era de la novela y hasta de la literatura misma no estará llegando a su fin. Aun cuando observo la novela occidental moderna, me entran dudas al respecto.

En el Japón, casi un siglo después de la importación de literatura occidental, nada ha alcanzado las alturas del tipo de literatura japonesa representado por Murasaki Shikibu del período Heian o por Bashõ del período Tokugawa, y la literatura está probablemente declinando y debilitándose. (...) Aun después de comienzos del período Meiji, en 1868, aparecieron grandes hombres de letras al mismo tiempo que el surgimiento del Japón moderno, pero aquellos, en su juventud, tuvieron que emplear su tiempo y energía en el estudio e introducción de la literatura occidental. Entonces, tiendo a pensar que fueron víctimas de su época. Fueron diferentes a Bashõ, quien dijo: Sin conocer lo inmutable no se pueden construir los cimientos, y sin conocer lo mudable el estilo no puede renovarse. Bashõ estaba viviendo en una época cuyo destino era favorable al florecimiento y desarrollo de su talento. Era respetado y admirado por muchos distinguidos discípulos y reconocido y adorado por el mundo. Sin embargo, aun él frecuentemente hacía declaraciones como cuando se disponía a realizar un viaje sobre el que escribió en Sendas de Oku: Moriré en el camino. Éste el destino que el cielo me ha dispensado. Y durante su último viaje escribió:

Por este camino
nadie pasa tarde
de otoño
Avanzado el otoño y
mi vecino,
¿qué estará haciendo?

Su poema premonitorio compuesto durante su último viaje dice así:

Enfermo en un viaje
mis sueños vagan
por desolados campos

(..) La nueva línea de Tokaido bien puede tener los trenes más rápidos del mundo pero a esa velocidad se pierde enormemente el efecto encantador del paisaje visto desde el tren. Por ejemplo, como en el caso de las plantaciones de té de la prefectura de Shizuoka, desde la ventana del tren de la vieja línea, a la velocidad de antaño, había varias vistas que me llamaban la atención e invitaban a la reflexión. Entre ellas, la que me dio la Impresión más vívida y me conmovió más profundamente era el paisaje de la región Õmi, a medida que el tren de Tokio ingresaba a la Prefectura de Shiga.

Lamentamos la partida
de la primavera
junto con los hombres de Õmi

Este es el Õmi que Bashõ mencionó en el haiku que acabo de citar. Cada vez que voy a la región de Õmi en primavera siempre recuerdo este haiku, y como mis propios sentimientos también parecen estar inmersos en este poema, me asombra el descubrimiento de la belleza por parte de Bashõ.

No obstante, he estado interpretando este poema en forma muy arbitraria. La gente a menudo encara la poesía que le gusta (o aun la novela), la asimila completamente y la aprecia a su manera. De hecho, en la apreciación de las obras literarias, es corriente no preocuparse de la intención del autor, el origen de la obra o los estudios y discusiones de eruditos y críticos, o evitarlos e ignorarlos. Cuando el autor deja de lado su pincel de escribir, la obra ingresa al lector con vida propia. Está en manos del lector que va a su encuentro mantenerla viva o asesinarla y el autor no puede hacer nada al respecto. En cuanto a la declaración de Bashõ a ese efecto: «Cuando se retira algo de la mesa del escritor esto se convierte en basura», el significado de esa frase al momento de escribiría Bashõ y el que yo le he dado al citarla aquí difieren considerablemente.

Por cierto que Bashõ no fue a Õmi en tren, pero parece que este poema no fue escrito cuando se dirigió a Õmi caminando por la vieja carretera de Tokaido sino más bien cuando llegó a Õtsu en Õmi desde Iga. En La capa pluvial de paja del mono hay un kotobagaki (prefacio en prosa) al poema en chino: «mirando las aguas del lago (Biwa) y lamentando la partida de la primavera» y me parece que había otro kotobagaki de puño y letra de Bashõ que dice así: «Navegamos en un bote en Karasaki, Shiga, y la gente (de allí) habló de los vestigios de la primavera». Además, parecería que Bashõ tuviera alguna relación personal con los «hombres» sobre los que escribió la frase «los hombres de Õmi». Sin embargo, si cito del trabajo crítico de Yamamoto Kenkichi sólo el pasaje que me interesa ahora, sería
el siguiente: Con respecto a este haiku, existe la siguiente historia en el Kyorai-shõ (conversaciones con Kyorai) (Mukai Kyorai, 1651-1704): «El maestro (Bashõ) dijo: “Shõkaku (Essa Shõkaku, 1650-1722) ha manifestado que el hombre del lugar denominado Õmi bien podría haber sido Tamba y la época del año- el fin de la primavera podría haber sido el fin del año. ¿Cómo reacciona usted ante esto?” Kyorai contestó: “La crítica de Shõkaku no se justifica. Las brumosas aguas del lago hacen de Õmi el lugar apropiado para lamentar la partida de la primavera. De hecho fue así el día en que se escribió el poema.” El maestro dijo: “Tiene usted razón. El amor a la primavera que sentían los antiguos pobladores de esta provincia no era de ningún modo inferior al de los de la capital.” Kyorai respondió: “Estas palabras suyas tocan mi corazón. Si uno se encuentra en Õmi a fin de año, ¿cómo puede surgir este sentimiento? O si uno está en Tamba a fines de la primavera, por cierto que no se sentirá lo mismo.

Cuán cierto es aquello de que determinado paisaje en un determinado momento conmueve a los hombres.” El maestro: “Usted Kyorai, es una persona con quien puedo hablar sobre lo elegante”, y se sintió especialmente complacido.» También en Fukuru nikki (Diario de la lechuza) de Kagami Shikõ (1665-1731), bajo el rubro correspondiente al 12 de julio de 1698, de acuerdo al calendario lunar, en la sección «Conversaciones vespertinas en el pabellón de las peonías», se encuentra el mismo pasaje, y Shikõ cita las siguientes palabras finales de Kyorai en este episodio: Lo elegante es lo que surge en circunstancias particulares. Y Shikõ mismo declara: Los hechos de las circunstancias particulares son cosas que uno debe conocer. Al descubrir lo elegante, es decir la belleza que existe, al sentir la belleza que uno ha descubierto y hasta al crear la belleza que uno ha sentido, «las circunstancias particulares» de «aquello que existe naturalmente en esas circunstancias» son muy importantes y aun podemos decir que son la gracia del cielo; además, si podemos «saber» que esas circunstancias particulares son realmente ellas, entonces podemos decir que esto es un don del dios de la belleza. Puede parecer sólo un simple haiku que trata del lamento por la partida de la primavera con la gente de Õmi, pero de hecho el lugar es Õmi y la época del año es «la primavera que parte» y en ello yace el descubrimiento y la experiencia de la belleza por parte de Bashõ.

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