lunes, 5 de octubre de 2009

Fedor Dostoievski. Autor de Memorias del Subsuelo

Novelista ruso que logró escudriñar como nadie los laberintos de la mente humana. Nació en 1821 y murió en 1881. Es autor de obras incomprables entre las que destacan Crimen y Castigo, Los Hermanos Karamasov, El Jugador, El Idiota y Memorias de la Casa Muerta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No conozco por completo la obra de Dostoievski, Por ahora me gustaría comentar algunas impresiones respecto de los Hermanos Karamazov que recientemente discutía. Sobre la forma en Dostoievski de presentar una “verdad”.
Estimo, que Dostoievski brinda al lector una visión amplia de los avatares de Dimitri, Smerdiakov e Iván. Ensimismados en la conciencia del deseo, cuando -de modo sorprendente- la propia instrucción no es el estímulo a la consecución irrenunciable y casi inconsciente del mismo, y por ello la imposibilidad de la renunciación, seguida de su consecución trágica. En perfecta concordancia con el caracter inasible, inefable -que no verdadero-, de la conciencia global que permita la acción “instintiva” al devenir. En los modos clarividentes anhelados, de la pasión de fe.
No obstante, Dostoievski los pinta esperanzados en la redención agonizante del espíritu, por la visión del destino cruel, y la elección del camino de la vida. La vida lograda en consecuencia a –es decir, que no implícita en todo movimiento y por esto casi ajena-, y por tanto fuera de orden moral, aun mas, por encima de cualquiera existente.
Aquí, debo decir, que me sobrecoge en Dostoievski, la visión del alimento constante a dicho final. Pues todo lo anterior, con igual efecto en el padre -Fiodor- y sus maneras; se nutre en intercambios inquebrantables. En condición de figura irremplazable, en ese otro estado - en que la vida aun no se alcanza; en que la muerte se halla inseparable- en que el mantenimiento del orden –aquí, cual fuere (moral, espiritual, social, etc.)- impide la estructuración interna, fuera de este camino.
Me impresiona que Dostoievski, trazara este camino de forma tan clara, ubicándose el mismo por este transitar, sus seres cercanos -como la muerte de su padre a manos de sus trabajadores- y la sociedad, una visión tan clara como atemporal –a riesgo de ser constante eterna-.
Entonces, Dostoievski coloca la figura casi incrustada de Alioscha, casi ajena. Y a decir verdad, aun incomprensible para mí. Que por el contrario, reconoce de modo casi inconsciente, casi instintivo; la vitalidad intrínseca a su actuar. Me parece que lejos del reconocimiento de la eternidad o la divinidad como salvaguarda. Mejor dicho, reconoce la eternidad o divinidad propia, en su propia finitud y no en su trascendencia. Pero aquí, solo puedo especular esto, dado que carezco de elementos que me permitan construir una mejor idea. Lamentablemente, Dostoievski, murió antes de poder entregarnos lo que sería el grueso de la vida de Alioscha, la segunda parte de su obra. Alioscha a los 33 años.
Probablemente, el estudio de Vladimir Soloviov –quien de acuerdo a D´Herbigny sirvió de modelo para Alioscha- pueda brindarme mayores luces y darle consistencia a lo que parece darnos como verdad.


Luis/