viernes, 23 de enero de 2009

SIN RIESGO NO HAY LITERATURA. Entrevista a Israel Centeno

“El complot” novela de Israel Centeno esta marcada por el sino de la realidad de Venezuela, su apuesta literaria no deja de ser arriesgada, porque entre traiciones y persecuciones, crímenes y mentiras, Centeno destaja la historia reciente de su país.
En el mejor de los casos, “El complot” se traduce en el grito que Centeno lanza desde el desbarrancadero de la historia reciente de Venezuela. No se trata de una novela de actualidad, pero sí de los espejos que se esconden detrás de la misma. A Caracas se le toca de cerca. Se le ve de día y sorprende de noche. La violencia parece arrojarse con la misma fuerza que las aguas del Orinoco, mientras existe un país que naufraga y ahoga en las trampas de su historia— y sus espejismos.
En “El complot”, describe los acontecimientos más recientes en la historia política y social de Venezuela. ¿Pero no es una apuesta literaria arriesgada, la de escribir una novela sobre acontecimientos que se encuentran aún en pleno desarrollo? En el momento en que empecé a escribir la novela me hice la misma pregunta que usted me plantea. Existe siempre una apuesta y siempre hay un margen de riesgo. Pero esa apuesta la hicieron también escritores venezolanos como Miguel Otero Silva y Juan Antonio Abreu. Si usted ha tenido y mantenido un contacto íntimo, cercano y directo con la historia de su país, lo normal es que se encuentre sumergido en los sucesos y acontecimientos que le ha tocado vivir. En “El complot” la apuesta temática es arriesgada, pero no así la apuesta estética.
¿Existe una relación directa entre “El complot” y los sucesos acontecidos el 11 de abril en Venezuela? Encuentra en la novela una especulación bastante lícita, porque siempre, en un proceso que se llama revolucionario, existen factores extremistas. Y obviamente me los tuve que plantear cuando escribí esta obra. “El complot” es una novela donde se encuentra gente atrapada en una espiral de violencia, y en donde ésta se mezcla con otras propuestas más radicales. Sin embargo, la novela no guarda relación directa con los sucesos del 11 de abril en Venezuela.
“El complot” se publica en Venezuela en un contexto marcado por los acontecimientos del 11 de abril y por una profunda polarización social. ¿No han influído estos factores en la forma en que los lectores, no sólo de Venezuela, sino latinoamericanos, ven y leen esta novela? Los acontecimientos del 11 de abril han servido para marcar un desconocido momento de reflexión en América Latina, pero especialmente en Venezuela. “El complot” es novela, ficción, y pretendo que así sea leída. Pero no puedo negar que es una novela que encaja en un momento crucial de la historia de Venezuela. Un momento marcado, como lo anotó, por una grave polarización social. Encontrará muy distintas lecturas sobre lo que acontece en estos momentos en mi país. No se puede hablar de que en Venezuela exista una tendencia “pinochetista”, como algunos lo quieren hacer ver. Se puede producir, indidudablemente, debido a las características del momento. Pero lo que se quiere, por todos los medios, es que no se imponga ninguno de los extremos y que sea la sensatez la que prive.
¿No percibe que “El complot” se encuentra librando una batalla contra las arenas movedizas de la historia reciente de su país? Es que el escritor, en algún momento de su vida, está en la capacidad de hacer ese contacto con la realidad para recrearla. Es algo que en ningún momento le quita mérito a la obra, ni siquiera la circunscribe. Lo importante no es la lectura que se hace sobre los acontecimientos, sino que la apuesta estética y narrativa esté bien determinada. Asegurado lo anterior, la obra puede obtener carácter universal. Las tiranías, persecuciones, asesinatos e intrigas de “El complot” se encuentran en cualquier parte del mundo, lo mismo sucede con las tentaciones autoritarias. Guarde las distancias y sólo vea la forma en que el presidente Bush piensa y actúa. En “El complot” existe una actitud y una visión antitotalitaria. En este marco, la novela es cierto que se alimenta de coyunturas muy actuales, pero estoy convencido de que encontrará su espacio como obra literaria.
“El complot” se traduce también como su respuesta a lo acontecido en los últimos años y meses en su país. ¿Pero cúan divididos se encuentran los intelectuales venezolanos ante la crisis por la que están atravesando? Fue meses atrás que unos 20 escritores y artistas venezolanos decidimos redactar y firmar una carta, en la cual rechazamos el régimen del presidente Chávez. En la carta mencionamos la tendencia militarista y autoritaria de Chávez. Hay autores que se encuentran, por distintos motivos, paralizados. Hay otros autores que creen estar siendo manipulados por la derecha y por lo tanto no se pronuncian. El punto es que pronunciarse contra Chávez no es alavar un golpe de estado. Y si lo hay, nuestro deber será denunciarlo.
¿Cuando deben intervenir los escritores, fiolósofos, artistas y pensadores? Desde fuera parece que hay un grave letargo de ideas y planteamientos por parte de los intelectuales venezolanos. Los intelectuales de este país se han mantenido activos desde las columnas de opinión de revistas y periodicos. Ejemplos son el poeta Rafael A.Lucas y Alberto Barrera. Pero quizá es cierto que el peso de una sóla voz, como la Arturo Uslar Pietri, ya no existe. Sin embargo, hay personas que desde una inicio señalaron el régimen de Chávez. Existe una pluralidad de voces críticas, que se multiplican y se encuentran, pero que aún no tienen cuerpo ni carne.
¿Qué futuro vislumbra para su país? Espero que se imponga la cordura, que se deje atrás el bochinche y que se asuma una responsabilidad más seria: la modernización de un estado y su construcción. Que existan respuestas claras a los problemas que arrastramos. Espero que Venezuela pueda salir de este trance y que no sea a través de un atajo. No se puede imponer uno de los extremos: la apuesta debe ser democrática, por la calle del medio.

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