sábado, 6 de diciembre de 2008

ENTREVISTA A FEDERICO ANDAHAZI. Por Rodrigo Arias

¿Por qué decidiste ser escritor?
Tiene que ver con toda una historia familiar. Por un lado, el impacto que generó en mí la biblioteca de mi abuelo, que era editor y que tuvo que quemar sus libros durante la última dictadura. Esa es la primera razón: restituir esa biblioteca. Por otro lado, mi padre es poeta. Casualmente, cuando era un niño, encontré en la biblioteca de la casa su libro. Ahí empezó mi relación con la escritura. De hecho, empecé escribiendo poesía e imitando a mi viejo. De ahí salto a la prosa. Intento escribir algunos cuentos sin fortuna. Y ante la imposibilidad de hacerlo, me vuelco a la novela. Mi primer trabajo se llamó "El oficio de los santos", y lo terminé de escribir a los 20 años. Este texto terminó funcionando como un arcón de recursos. Muchos pasajes de "El Anatomista", "Las Piadosas" y "El Príncipe" son fragmentos de esa novela.

Hay una relación muy fuerte entre tus textos y la historia. ¿Por qué?
No soy un escritor al que le interese la historia en relación con la verdad. Mis novelas no son históricas. Trato de apuntalar mi literatura en la ficción y si tengo que deformar la historia para apuntalar mi literatura, lo hago. Tanto "El Anatomista" como "Las Piadosas" están plagadas de inexactitudes deliberadas. Las construcciones de mis novelas son ficticias. Por otro lado, es curioso porque la literatura no tiene ningún nexo en relación con la verdad. La literatura está fundada por la ficción. No es más que una mentira más o menos bien contada.
¿Cuál es tu concepción de la literatura?
Mi idea de la literatura pasa por el camino de la ficción. Yo no me propongo reconstruir la realidad. Mi intención es reescribir para desdibujar. "Las Piadosas" no es nada fiel con respecto al acontecimiento histórico que cuenta. Ese hecho histórico me sirvió para seguir ahondando en el camino de la ficción. Pienso que la literatura se nutre de sí misma. Como dijo Baudelaire: un manuscrito que se vuelve a escribir.
En una entrevista dijiste que la literatura se presenta oponiéndose a determinadas estructuras. ¿Pensás que esa potencia es la que le permite enfrentar al poder?
Al poder siempre le molestó la literatura porque se emparenta con el deseo. El poder no puede con el deseo. Tiene su misma lógica. El poder es una máquina que quiere normativizar constantemente, y el deseo y la literatura van en contracorriente. Buscan demoler estas legalidades. La literatura debe resistir el desprecio, la censura y la canonización que intenta imponer el poder. Creo que éstas son las tres formas que tiene el poder para combatir a la literatura.
¿Cómo te situás en el mapa de los escritores argentinos contemporáneos?
Uno puede percibir cuáles son las amistades literarias 50 años después. Hay una discusión que todavía sigue vigente, pero que es un poco aburrida: los jóvenes autores frente al boom latinoamericano. En un Congreso en España un escritor chileno planteó la idea de "matar" a esos padres. En mi ponencia dije que no hacía falta: ya que hubo un genocidio literal. No hacía falta "matar" a esos "padres literarios": ya los habían asesinado. Por eso cuando escribo trato de homenajear a Walsh, a Conti, autores que fueron asesinados. De todas maneras, es un momento muy rico de la literatura argentina; se formó un campo muy heterogéneo a diferencia de otras épocas. Autores como Leopoldo Brizuela, Pablo De Santis, Marcos Herrera... Son universos totalmente diferentes producto de la herencia prematura de aquellos padres. Esas herencias, que se han repartido de forma diversa, son las que provocaron esta diversidad.
¿Qué pensás de la Internet? ¿Cuál es la relación que tenés con ella?
Me parece que hoy por hoy asistimos a la prehistoria de Internet. Todavía falta que se desarrolle. Aún es una Internet muy dura, que aspira a cierta gráfica que todavía no tiene. De modo que hay que pensar en qué se va a convertir. Lo que me parece fantástico de Internet es la posibilidad de subir un montón de cosas. Esto democratiza un poco la información. Ahora si pensamos que sólo un 5 % de la población mundial tiene acceso a Internet, es una democratización un poco lenta. Sin embargo, es interesante la privacidad que otorga: es el lugar ideal para la pornografía y también para aquellos materiales que no tienen lugar en los demás medios de comunicación. Creo que eso es lo que más le preocupa al poder.
¿Te gustaría publicar tu próximo libro en la Internet?
Yo he publicado algunos cuentos para Internet, para alguna página que no recuerdo en este momento. Pero me parece que hay que pulir el soporte. Porque, hasta ahora, no se puede sustituir lo que ofrece el libro. Hoy por hoy el libro sigue siendo más práctico. Yo no puedo estar más de dos horas frente a la pantalla porque me duele la cabeza. Hasta el momento las experiencias de libros electrónicos no fueron del todo buenas. Pensá en Stephen King. En ese caso no fue un fracaso de Stephen King, sino de los lectores y del soporte. Esto demuestra que estamos en la prehistoria de Internet. El día que se fabrique la impresora que te saque el libro impreso van a caer editoriales, librerías.
¿Cuáles son los elementos que te acompañan a la hora de sentarte a escribir?
La computadora, aunque todavía sigo escribiendo a mano y luego transcribo en la máquina; un arcón con papeles "secretos", donde tengo diversas anotaciones; la Enciclopedia Espasa Calpe; cajones con papeles; vanos intentos de entrar en la tecnología con cámaras digitales que no llegan a ser nada; agendas que no cumplen ninguna función; el mate; y la impresora, que es lo que más valoro, y una llave "T" para desarmar motos..
¿Cómo es el proceso de escritura?
Escribo de noche. Antes lo hacía en el bar La Academia, en Callao y Corrientes. Ahora me queda más cerca el billar de Lacroze y Alvarez Thomas o sino, la placita Serrano. Escribo de 23 horas a 3 horas. Me levanto a eso de las 14 horas y paso en limpio lo que escribí en los cuadernos a la computadora. Tiene sus ventajas escribir en cuadernos, ya que te permite una primera corrección en el traspaso del papel a la computadora. Aunque una vez que escribí el libro, me olvido de él. De todas maneras, el trabajo de la escritura es un trabajo de reescritura.
¿Cuáles son tus libros preferidos, aquellos que tenés a mano permanentemente?
Las "Obras Completas de Borges", los cuentos de Quiroga; Jack London, que me enseñó que escribir es posible; Camilo José Cela, un tipo desagradable, pero un magnífico escritor; Santiago Gamboa, un escritor y amigo colombiano; "El príncipe", de Maquiavelo. Y Osvaldo Soriano, una persona inolvidable. Osvaldo leyó algunos de los fragmentos de "El anatomista" y la verdad que fue todo un orgullo para mí. Estos son los libros que más me apasionan y son los que tengo a mano, muy cerca. Siempre los estoy consultando.
Sabemos que sos un admirador de las motos. ¿Cuál es tu relación con ellas?
No tengo una relación desde la velocidad o el vértigo como algunos motoqueros. Es una relación pasional. Mi intención es poder arreglar estos bichos del año '37 para que puedan funcionar. Sólo quiero resucitarlos y poder escuchar el ruido de sus motores. Insisto, mi relación con las motos pasa por poder ponerlas en funcionamiento. No te voy a negar que de vez en cuando salgo a dar una vuelta con alguna de ellas.

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