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Cartas a la Extraña. Por José Barroeta (1942)

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I Por ti, por tu nombre y por la codicia de tu nombre comienza el espíritu. He dejado de pertenecer al concepto y aun cuando no concluye de repartir su oro mi inconsciente tú, para que vuelva cargada de muertos la infancia, abdicas a favor de otros resplandores. Me escondo en el follaje para que no arrastres la simpleza de mis ojos. Cualquier descubrimiento que haga dentro o fuera de ellos significa la pérdida del agobio que precede la vida del poeta antes o después del amor. Como en tiempos de fuga mis carnes son lanzadas a un bosque sin rostro, incitadas por el temor de morar en el centro de otras, como las tuyas, que más que la vida recuerdan los desnudos de Amadeo Modigliani. Una especie de aire devastador asistía nuestras presencias; lo ilusorio se tornaba sílaba sórdida, muladar, sangre de gusano de seda en víspera de muertos. En tales ocasiones yo me revestía de una inmundicia púrpura, domaba mis sueños para que no escucharas los sonidos. Cuando ya te supe perdida, tú estabas pr...

Relatos de Adriana Prieto

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De no ser por la vena De no ser por la vena que se salió de su pie, su vida no hubiera cambiado nada. Vio que poco a poco se salía y sintió que no debía ser mayor preocupación para él. Se comenzó a alarmar cuando notó que ésta se inflaba como un globo, su sangre era casi transparente, mientras más se inflamaba la vena más transparente se hacía todo, llegó a convertirse en una tela invisible que parecía un gran lazo sobre su pie. Caminaba entonces elevando ese globo que lo sostenía, era una sensación única, su cuerpo había adquirido un ritmo muy particular al caminar; su preocupación apareció el día en el que el globo explotó, se escuchó un gran estallido, y cuando miró, su pie parecía de un recién nacido, lo cubría un polvo blanco que parecía talco y sutiles manchas rojas evidenciaban que alguna vez hubo sangre por allí. Al llegar al hospital el médico le explicó que la vena rechazaba totalmente el pie, por alguna extraña razón su cuerpo había decidido no tenerlo más como acom...

De la prodigalidad o el excedente suntuario. Por Michel Onfray

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Del libro La Escultura de Sí Mismo . Colección Los Cinocéfalos . Ediciones Errata Naturae. La prodigalidad es una virtud de artista. Me fascina tanto como me disgustan la avaricia y la economía. Por otra parte, se podría definir al burgués como el ser radicalmente incapaz de gastar, sin quedar destruido por la contrición o carcomido por el remordimiento. El arrepentimiento lo invade en cuanto se desprende de sus ducados, y no conoce otra manera de redimirse que volver una y otra vez al trabajo. Acumular, atesorar, tener y poseer: no se cansa de amontonar dinero, confeccionar tesoros y calcular beneficios y dividendos. Su alma es la de un contador: de noche, sueña con libros contables y alcancías, carteras de acciones y riquezas que rinden. No siento más que desdén por la parábola de los talentos, y el hijo pródigo sólo me gusta mientras dilapida. El usurero, el banquero, el gerente, el economista, son figuras afectadas de la burguesía, que se define por lo que tiene, ya que sólo es lo ...

Tres textos de Virgilio Piñera

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Para ti LA VIDA ENTERA No bien tuve la edad exigida para que el pensamiento se traduzca en algo que más que soltar la baba y agitar los bracitos, me enteré de tres cosas lo bastante sucias como para no poderme lavar jamás de las mismas. Aprendí que era pobre, que era homosexual y que me gustaba el Arte. ¿Y a cuál de los dos mecánicos escogería yo como instrumento de mi liberación? ¿Sólo a uno o a ambos? Sí, no podíamos ser sino estudiantes de Filosofía y Letras, adorar de rodillas la Belleza y coleccionar objetos de arte. Juzgo ocioso declarar el año de mi nacimiento. Se cita el año de llegada al mundo cuando se pertenece a un país donde, en el momento en que se nace, algo ocurre —ya sea en el campo de lo militar, de lo económico, de lo cultural... En tal caso la fecha tendría un sentido. Verbigracia: «Cuando nací en mi patria invadía el Estado tal o era invadida por el Estado más cual; cuando vine al mundo las teorías económicas de mi compatriota X daban la pauta a muchas otras nacion...

HW Ernst (transcribed Theodor Kullak ) Elégie Op. 10

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¿Cómo es el sonido de la tristeza más aguda? Supongo que esta pieza de Heinrich Wilhelm Ernst se parece mucho. Se trata de la Elegía para la Muerte de un Objeto Amado, op. 10 . Una belleza que descubrí recientemente. Esta obra ha sido compuesta originalmente para violín. Ernst fue un virtuoso, pero su genialidad fue devorada por la imagen diabólica que se fabricó Nicolo Paganini.

Meslier, un cura contra Dios. Por Guillaume Fourmont

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Sacerdote durante 40 años en el siglo XVIII, arremetió contra la religión y recomendó en su testamento abandonar toda creencia Jean Me slier fue uno de los mejores espías de la Historia. Educado en la religión católica, sacerdote desde los 22 años hasta su muerte a los 65, en 1729, Meslier se atrevió a romper el gran tabú: dijo alto y claro que Dios no existe, que la religión es una fantasía, una mentira, inventada para oprimir y explotar al pueblo. El autor de Memoria contra la religión −Laetoli publica ahora la primera edición íntegra del texto en castellano− fue considerado por los pensadores del siglo XVIII como un revolucionario y entró en los libros de Historia como el padre del ateísmo. Durante más de 40 años, en su parroquia de Etrépigny, al norte de Francia, Meslier escuchó con paciencia las confesiones de los supuestos pecados de los fieles. Sus maneras eran poco ortodoxas y la nobleza local solía quejarse de él, aunque nadie se había imaginado la doble vida de este hombre de...

Dos cuentos de Martha Durán

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¿La pensaste?, entonces es tuya Un pensamiento es tanto más verdadero si Lo que expresa puede ser representado Sin palabras en nuestra conciencia Blas Coll Había desde hace tiempo elegido creer que cada palabra que no decía, cada pensamiento que no saliera de su boca, iba a parar a algún sitio específico de su casa. Comenzó entonces a medir la extensión de cada palabra, no lo hacía como si en un papel estuvieran escritas, linealmente, en secuencia, como una línea interminable que pudiera estirarse formando una especie de cuerda infinita sin espacios ni interrupciones. No, así no era que las pensaba. Lo hacía más bien como un alquimista que transforma en materia lo que materia no tiene, pero él lograba hacerlas cuerpo, casi podía medir con exactitud la altura y el ancho, e incluso la profundidad de cada letra, de cada palabra, de cada frase. Intentando economizar espacio, por supuesto descartó de primero los artículos, que en su pensamiento eran absolutamente inútiles a no ser que ellos...