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Dos cuentos de Martha Durán

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¿La pensaste?, entonces es tuya Un pensamiento es tanto más verdadero si Lo que expresa puede ser representado Sin palabras en nuestra conciencia Blas Coll Había desde hace tiempo elegido creer que cada palabra que no decía, cada pensamiento que no saliera de su boca, iba a parar a algún sitio específico de su casa. Comenzó entonces a medir la extensión de cada palabra, no lo hacía como si en un papel estuvieran escritas, linealmente, en secuencia, como una línea interminable que pudiera estirarse formando una especie de cuerda infinita sin espacios ni interrupciones. No, así no era que las pensaba. Lo hacía más bien como un alquimista que transforma en materia lo que materia no tiene, pero él lograba hacerlas cuerpo, casi podía medir con exactitud la altura y el ancho, e incluso la profundidad de cada letra, de cada palabra, de cada frase. Intentando economizar espacio, por supuesto descartó de primero los artículos, que en su pensamiento eran absolutamente inútiles a no ser que ellos...

El arquetipo de la amante. Por Beatriz Chemor / Regina Freyman

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Todos los hombres temen a la muerte. Es un miedo natural que nos consume. La tememos, porque sentimos no haber amado lo suficiente. Cuando haces el amor con una mujer grandiosa, que te hace sentir verdaderamente poderoso, el miedo desaparece, la pasión por vivir es la única realidad. No es una tarea fácil, se requiere de mucho valor sentirse inmortal. ¿Qué es la nada? ¿Qué es lo que contiene la nada? Son preguntas que aún no tienen respuesta, al igual que la muerte o la inmortalidad; sin embargo, hay una respuesta individual: para nosotras, la nada contiene los deseos, la pasión, la historia de los amantes y ahí está, en definitivo, la inmortalidad. La palabra amante se llenó de manchas, se ha prostituido, aun cuando el contenido implica mucho más que una relación extramarital; se contamina de este significado y se hace huésped de una infracción que no tiene nombre. Primero habría que definirla para despojarla de prejuicios que estropean su pureza y virginidad, la empañan con lastres d...

El ermitaño del reloj. Por Teresa de la Parra

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Éste era una vez un capuchino que encerrado en un reloj de mesa esculpido en madera, tenía como oficio tocar las horas. Doce veces en el día y doce veces en la noche, un ingenioso mecanismo abría de par en par la puerta de la capillita ojival que representaba el reloj, y podía así mirarse desde fuera, cómo nuestro ermitaño tiraba de las cuerdas tantas veces cuantas el timbre, invisible dentro de su campanario, dejaba oír su tin, tin de alerta. La puerta volvía enseguida a cerrarse con un impulso brusco y seco como si quisiese escamotear al personaje; tenía el capuchino magnífica salud a pesar de su edad y de su vida retirada. Un hábito de lana siempre nuevo y bien cepillado descendía sin una mancha hasta sus pies desnudos dentro de sus sandalias. Su larga barba blanca al contrastar con sus mejillas frescas y rosadas, inspiraba respeto. Tenía, en pocas palabras, todo cuanto se requiere para ser feliz. Engañado, lejos de suponer que el reloj obedecía a un mecanismo, estaba segurísimo de ...

Poemas de Juan Liscano. Poeta venezolano.

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PAREJA SIN HISTORIA Se acarician. Se bastan. Están colmados por ellos mismos colmados por la sed sensual del otro. Se conocieron ayer: llevan siglos de parecerse de abrazarse en las paredes siempre únicas de reconocerse en todos los lugares donde el sueño esconde su tesoro donde la dicha deja a la nostalgia donde nunca estuvieron donde están. Aroma de piel ramajes íntima penumbra labios que besan por la herida rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja palabras que se derriten por los dedos semejanzas descubiertas con delicia apetencias de olvido y de sabores no probados mientras se inventan paraísos sin castigo y se cuentan a tientas el alma mientras asumen el destino de las frutas y la vida fulgura en ellos con sus “siempre” y sus “nunca” efímeros con sus “primera vez” repetido hasta el final con sus partes confundidas cual miembros que el amor enlaza. Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe o será más bien que no lo oyen que lo cubre el susurro con que se aman ...