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«Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos»

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Entrevista a Monzantg sobre el Bicentenario por Naile Manjarres 1.- ¿Podría resumir los rasgos determinantes del proceso independentista de Venezuela? La independencia fue un proyecto sectario de un grupo de hombres que quería sustituir en el ejercicio del poder a otro grupo de hombres, también sectarios. 2.- Además de la importante participación de los miembros de la Junta Patriótica, ¿fue precisa la participación popular para concretar la firma del documento de independencia? Lo que he observado es que, hasta el momento, eso que no sin nostalgia historiadores y otros «científicos» sociales llaman «participación popular», sucede como cuando en una película de Hollywood hay muchos «extras»: basta con que se muevan rápido, no se vean sus caras, griten mucho y mueran con facilidad. Aparte de eso, el final feliz o la cara que recordaremos será la del protagonista. 3.- ¿Los sucesos del 5 de julio de 1811 son algo más que una efeméride en el calendario? Sí, son el punto de partida de una id...

El lenguaje del espacio. Por Michel Foucault

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Publicado en Critique, N° 203, abril de 1964, traducción de Luis Alfonso Palau C. Durante siglos, escribir se ha supeditado al tiempo. El relato (real o ficticio) no era la única forma de esta pertenencia, ni la más próxima de lo esencial; incluso es probable que él haya ocultado la profundidad y la ley en el movimiento que parecía manifestarlo mejor. A tal punto que liberándolo del relato, de su orden lineal, del gran juego sintáctico de la concordancia de los tiempos, se creyó que se exoneraba el acto de escribir de su vieja obediencia temporal. En efecto, el rigor del tiempo no se ejercía sobre la escritura por el sesgo de lo que escribía, sino en su espesor mismo, en lo que constituía su ser singular, ese incorporal. Dirigiéndose o no al pasado, sometiéndose al orden de las cronologías o dedicándose a desanudarlo, la escritura estaba presa en una curva fundamental que era la del regreso homérico, pero también la del cumplimiento de las profecías judías. Alejandría, que es nuestro l...

La Máquina de Narrar. Entrevista a Enrique Vila-Matas, por Julian Gorodischer.

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PARA VILA MATAS, estupidez define al ser contemporáneo Hay que sustituir la palabra realidad por la palabra verdad”, pide Enrique Vila-Matas, autor de Dublinesca , su última novela publicada. En lo que respecta a la verdad, no hay una sola ni es absoluta: hay finitas pero múltiples posibilidades de verdad que se manifiestan en la creación literaria. Lo dice quien pasó de ser catalogado como el escritor de los escritores a ser una rara avis de best-séller, ganador de prestigiosos premios como el Rómulo Gallegos y el Medicis Etranger, afín a esa zona de memoria ficticia en la que lo real permanentemente se entremezcla con la fantasía para constituirse en biografías de seres tan parecidos y a la vez tan distantes al autor como los protagonistas de París no se acaba nunca o la reciente Dublinesca . “Se acerca más a la verdad Franz Kafka –asegura, en una pausa del Tercer Congreso Internacional de Periodismo Cultural, organizado por la revista Cult, con sede en San Pablo– hablando de las ...

El violín de Tacho. Por Renato Rodríguez (Narrador venezolano)

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Yo nunca supe el verdadero nombre de Tacho. Una vez le pregunté, me contestó con un raro gruñido; no volví a preguntarle más, podría haberse ofendido por mi curiosidad. Tacho era un hombre muy delicado. Una vez su hermano Nicomedes le increpó por el estado de semiebriedad en que se mantenía constantemente y él se sintió tan humillado que juró no volver a pedirle dinero a Nicomedes, ni siquiera en calidad de préstamo. Además, era más fascinante que fuera sólo Tacho y más de acuerdo con las costumbres de allá. Mi nombre nadie lo sabía, yo era sólo el hijo de Rafael y Chabolito era el hijo de Chabolo, a pesar de llamarse Ramón y de que Chabolo se llamaba Salvador y Tacho era Tacho y antes de ser Tacho tal vez fuera el hijo de... yo ni siquiera sé cómo se llamaba su papá. Tacho era músico, tocaba el violín con extraordinaria habilidad y Nino decía que incluso sabía leer música. Yo no sé si era un virtuoso, un gran músico, pero habilidad, eso sí que no se le podía negar, hasta un sordo se l...

Ser nosotros mismos. Por Enrique Vila-Matas

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Si sugiero que habría que desterrar el temor a las aventuras individuales y pensar más por cuenta propia, espero no estar pisando la cola triunfal de ningún tuitero. Que nadie se sienta aludido, no estoy hablando de ellos; pueden pues ausentarse ya de estas líneas los tuiteros susceptibles. Sólo decir que las reacciones en la red a mi anterior café Perec me han reconfirmado que Internet es un completo zafarrancho, un brutal embrollo, un pasticciaccio que me recuerda a aquel título de Gadda, Quer pasticciaccio brutto de via Merulana. El hecho es que pensé que desde esta misma sección podía proyectar en la red de Merulana la sombra de un cierto sentido crítico y la tarea ha terminado por revelárseme no como imposible -hay personas que valoro mucho intentándolo-, pero sí decepcionante. Paralelo al de la prensa literaria, he podido entrever el futuro cada vez más acrítico que se va configurando en el gran pasticciaccio. Digo futuro, pero en realidad es presente. Me sorprende y hasta divier...

Cuentos de Clarice Lispector

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Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba. ¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor. No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible. Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra. Mejor que Arder Era alta, fuerte, con mucho cabello. La madre Clara tenía bozo oscuro y ojos profundos, negros. Había entrado en el convento por imposición de la familia: querían verla amparada...

La Pasión. Por Gisela Kozak Rovero

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Salimos del amor como de una catástrofe aérea Cristina Peri-Rossi Convencida y vencida, húmeda y anhelante, te contemplo dormida luego de abrir la puerta del cuarto en el que duermes en la casa de una amiga común que se niega a tomar partido en la guerra civil. Tú y yo estamos en bandos distintos y por eso nos separamos hace un año. Hay una tregua y debo hacer un reportaje sobre esta frontera entre la nada y el olvido, pero en realidad estoy aquí porque te sigo amando. Qué cansada debes estar pues ni siquiera apagaste una débil luz amarillenta que tienes en la mesa cerca de tu cama. Tu uniforme militar está arrugado en una silla: una química trocada en guerrera. Hace frío pero tú duermes confiada entre cobijas gruesas que te envuelven y que solo dejan ver una pantorrilla torneada, un brazo finamente musculoso, el cuello. Disfruto tu perfil, la nariz que surge del entrecejo con un trazo contundente y recto. Entro, cierro, me quito la chaqueta de cuero, la dejo en la única silla. Con ter...