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Dos cuentos de Alberto Ruy Sánchez

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ALCES EN BRAMA O MILIBRO ERÓTICO FAVORITO Cuando finalmente llegamos al Centro de las Artes, en lo más elevado de las Montañas Rocallosas canadienses, un arcoiris doble se apoderó del cielo por encima de las crestas nevadas de las montañas. Era un majestuoso gesto de bienvenida que nos daba esa naturaleza desmesurada. Habíamos viajado durante dos horas en automovil desde las planicies, subiendo sin cesar hasta quedar completamente rodeados por esa inmensidad de piedra que parecía arañar el cielo. El Centro estaba en medio de un bosque protegido por la ley como una reserva biológica donde los animales de todo tipo circulaban entre nosotros. Especialmente venados y alces. En el camino vimos un inmenso oso negro escondiéndose entre los árboles. De otro tipo de oso, del Grizly, había oído las historias más temibles. Corren más rápido que un caballo y atacan con su garra enorme directo al corazón. “Justo como algunas personas que conozco”, dijo una de mis amigas. Al entrar al cuarto que me ...

Sobre la vida y la obra. Conversación con Roberto Bolaño. Por Pedro Donoso

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A Bolaño lo conocimos plantado ante la muerte, con un cigarrillo humeante y su dicción latina, pseudo mexicana, chilena, española. Nos dijo de entrada que no tenía nada que enseñarnos, que no había otra que dar la pelea e intentar ser una buena persona. Algunos dudaron de ese consejo, olvidando que la bondad y la belleza fueron una misma cosa cuando los griegos inventaron Occidente. Después, simplemente recorrió con nosotros algunos pasajes de su vasta geografía literaria (Vila-Matas después confesaría que Bolaño era su barómetro lector). Era el otoño del 2002 cuando lo conocimos y con toda valentía y apurando el tranco, Bolaño llegó a vivir hasta el verano siguiente. Le importaba acabar su novela 2666 porque sabía que tenía las horas contadas. Pero también sabía que nada perdura. Dudaba de los beneficios de la perpetuidad literaria. Ahora rondan sus comentaristas y su foto aparece con su cara de tristeza irónica. Y de Bolaño sólo queda el humo de un cigarrillo y sus libros de perros r...

Higiene del asesino. Por Amelie Nothomb

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-Entonces, qué, ¿ya empezó la guerra? -Bueno ... sí, ya está, los primeros misiles han sido... -Eso está bien. -¿Le parece que sí? -No me gusta que la juventud esté ociosa. Así que, en este 17 de enero, los muchachos han podido por fin empezar a divertirse. -Si usted lo dice. -¿Qué, a usted no le divertiría? -Francamente: no. -¿Le parece más divertido perseguir a ancianos adiposos con un magnetófono? -¿Perseguir? Pero nosotros no le perseguimos, es usted quién nos ha autorizado a venir. -¡Jamás! ¡Es otro golpe bajo de Gravelin, ese perro! -Veamos, señor Tach, es usted perfectamente libre de decir no a su secretario, es un hombre sacrificado que respeta todos sus deseos. -No sabe lo que está diciendo. Me tortura y no me consulta jamás. Esa enfermera, por ejemplo, ¡es idea suya! -Vamos, señor Tach, cálmese. Retomemos la entrevista. ¿Cómo se explica usted el éxito extraordinario...? -¿Quiere un alexander? -No, gracias. Decía: el éxito extraordinario de... -Espere, yo sí quiero uno. Parént...

La Libertad Interior. Por Jiddu Krishnamurti

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1ª Conversación 7 de Julio de 1968 Espero que desde el primer día y durante estas reuniones seamos muy serios. Temo que la mayoría de nosotros hayamos venido con un espíritu de vacaciones a contemplar las colinas y las montañas, los verdes valles y los arroyos que fluyen; a estar tranquilos, a encontrarnos con los amigos y a divertirnos un poco, todo lo cual está bien; pero si hemos de sacar algo que valga la pena de estas reuniones, tenemos que ser muy serios desde el principio. Hay enormes problemas a los cuales hemos de enfrentarnos como seres humanos. Como vivimos en un mundo insensato y estúpido tenemos que ser serios. Y me parece que las personas que son realmente serias, en su corazón, en su intimo ser no de un modo neurótico, ni con arreglo a ningún principio o compromiso determinado -, tienen ese carácter, esa condición de seriedad que es necesaria. Cuando uno observa lo que está pasando en este mundo: la situación de la juventud, la ansiedad por la guerra, la pobreza extrema,...

EL GIGANTE AHOGADO de J. G. Ballard

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EN LA MAÑANA DESPUÉS de la tormenta las aguas arrojaron a la playa, a ocho kilómetros al noroeste de la ciudad, el cuerpo de un gigante ahogado. La primera noticia la trajo un campesino de las cercanías y fue confirmada luego por los hombres del periódico local y de la policía. Sin embargo, la mayoría de la gente, incluyéndome a mí, no lo creímos, pero la llegada de otros muchos testigos oculares que confirmaban el enorme tamaño del gigante excitó al fin nuestra curiosidad. Cuando salimos para la costa poco después de las dos, no quedaba casi nadie en la biblioteca donde yo y mis colegas estábamos investigando, y la gente siguió dejando las oficinas y las tiendas durante todo el día, a medida que la noticia corría por la ciudad. En el momento en que alcanzamos las dunas sobre la playa, ya se había reunido una multitud considerable, y vimos el cuerpo tendido en el agua baja, a doscientos metros. Lo que habíamos oído del tamaño del gigante nos pareció entonces muy exagerado. Había marea ...