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La Construcción de Jesús [Del Libro Tratado de Ateísmo] Por Michel Onfray

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i Historias de falsificadores. Jesús existió, sin duda, como Ulises y Zaratustra, de quienes importa poco saber si vivieron físicamente, en carne y hueso, en un tiempo dado y en un lugar específico. La existencia de Jesús no ha sido verificada históricamente. Ningún documento de la época, ninguna prueba arqueológica ni ninguna certeza permiten llegar a la conclusión, hoy en día, de que hubo una presencia real que intermediara entre dos mundos y que invalidara uno nombrando al otro. No hay tumba, ni sudario, ni archivos; apenas un sepulcro que, en el año 325, inventó Santa Helena, la madre de Constantino, muy inspirada, pues le debemos igualmente el descubrimiento del Gólgota y el del titulus, el pedazo de madera que llevaba inscrito el motivo de la condena de Jesús. También hay una pieza de tela cuya fecha, por medio del carbono 14, demuestra que data del siglo XIII de nuestra era, de modo que sólo un milagro hubiese podido lograr que envolviera el cuerpo de Cristo, el supuesto...

Política del Rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión [fragmento] Por Michel Onfray

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Las jerarquías son ficticias, las desigualdades fantoches; no hay superhombres, ni infrahombres, tampoco hombres convertidos en animales, en contraste con otros ungidos por los dioses del Valhalla: nada vale el artificio cuando la esencia lo dice todo y expresa la verdad absoluta de la especie. De los SS, Robert Antelme, en L'Espéce Humaine, escribe: "Pueden matar a un hombre, pero no pueden transformarlo en otra cosa". Esa es la primera verdad descubierta en el campo de concentración, de naturaleza ontológica: la existencia de una sola y única especie, y la naturaleza esencial de lo humano en el hombre, enclavada en el cuerpo, visceralmente asociada con la carne, el esqueleto, la piel y los huesos, con lo que queda de un ser, mientras un hálito, incluso frágil, aún lo anime. La verdad de un ser humano es su propio cuerpo. Devastados por los furúnculos, destruidos por el ántrax, las heridas hormigueantes de gusanos, la carne devorada por los piojos, la piel violeta, aguje...

Las Mujeres. Por Arthur Schopenhauer

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Sólo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia, ni a los grandes trabajes materiales. Paga su deuda a la vida, no con la noción, sino con el sufrimiento, los dolores del parto, los inquietos cuidados de la infancia; tiene que obedecer al hombre, ser una compañera pacienzuda que le serene. No está hecha para los grandes esfuerzos, ni para las penas a los placeres excesivos. Su vida puede transcurrir más silenciosa, más insignificante y más dulce que la del hombre, sin ser por naturaleza mejor ni peor que éste. Lo que hace a las mujeres particularmente aptas para cuidarnos y educarnos en la primera infancia, es que ellas mismas continúan siendo pueriles, fútiles y limitadas de inteligencia. Permanecen toda su vida niños grandes, una especie de intermedio entre el niño y el hombre. Si observamos a una joven loquear todo el día, bailando y cantando con él, imaginemos lo que con la mejor voluntad del mundo haría en su lugar un hombre. E...

Las Rayas de Rodrigo Blanco Calderón. 2do Lugar en el Concurso Internacional de Letras Bicentenario Sor Juana Inés de La Cruz

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No sé de quién fue la culpa. Si de Camilo, por ofrecerme a los treinta y nueve años mi primera raya de coca, o de Ciara, por leer el relato de Quiroga con el ritmo dulce que las pecas de la nariz le transmitían a su voz, para luego, a su manera, no volver más nunca. Aunque lo más probable es que la culpa no haya sido de nadie o sólo mía o del insomnio, ese túnel que conecta con su luz mortecina todos los vicios y todas las pasiones. La literatura es sueño y la cocaína es una vigilia dentro de la vigilia. Leer a Quiroga completamente empericado era una mezcla perfecta de inconsciencia y lucidez. El estado ideal, llegué a pensar, para descifrar el único texto que en realidad me interesaba. Ese del que ahora voy a hablar, a pesar de la muerte. Las rayas es un cuento que empieza con una breve teoría sobre las relaciones entre el lenguaje y la realidad. Incluido en el libro Anaconda , de 1921, Quiroga plantea allí no sólo la soberanía sino la preeminencia de las palabras con resp...