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Tres cuentos de Slavko Zupcic (Narrador venezolano)

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UNICORNIO PERDIDO EN ENERO a Ana Bella Guillén Nunca pude observar cómo llegaba su estuche envuelto en papel de regalo o en un paño de fina seda. Sencillamente siempre estuvo allí, su caja negra revestida internamente de raso rojo, junto a la biblioteca de la casa, en la mesa colocada allí sólo para sostenerlo. Algo natural y sencillo como una de las butacas del recibo o el retablo ruso de la virgen en el cuarto de mi hermana, pero maravilloso e imponente al mismo tiempo. Debió ser después, a los tres o cuatro años de su estancia vigilada por mí en la biblioteca de la casa, cuando me fue concedido el privilegio de develar el contenido del misterioso estuche y sostener entre mis manos el violín Antonius Stradivarius, Cremona, feccit anno 1731. Si alguna vez había sido sólo un mueble de respeto diez veces más grande que un libro, pero mucho más pequeño que un piano, ahora se trataba de un Stradivarius guardado religiosamente...

Tres. Por Francisco Massiani

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PIEDRA DE MAR (Fragmento) Estoy en la playa. He vuelto al mar. Escribo en un cuaderno que me traje. Me cuesta un poco escribir porque tengo sueño. Kika me dejó y se fue a Caracas. Yo me quedé, y mañana la veré. Ojalá llegue temprano. Me gustas mucho, Kika. En serio. Pero antes que nada voy a contar lo que sucedió el domingo por la noche. Después que escribí, después que regresé con José al departamento y escribí, me eché en la cama y me quedé rendido como hasta las siete de la noche. Al despertarme había llegado Kika, Lagartija, Julia y Nancy. Ya ustedes lo saben. En todo caso era una información breve para ti, Carolina, porque tú no estabas. Lagartija llamó a José mientras yo dormía, para preguntarle si podía traerse a Betty. José le dijo que sí, y Lagar llegó con Betty y usaron el cuarto del papá de José. Mientras gozaban de las suyas, yo dormía y José esperaba a Julia en la calle. Luego terminó y se fue con su mujer. Al llegar al primer piso se encontró con Nancy, que venía su...

El Miedo de los Historiadores. Por Norberto José Olivar

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«La historia como la novela es hija de la mitología», esta afirmación de Fernando Aínsa me gusta mucho para empezar mi intervención de esta tarde. Y diciendo que «la historia como la novela es hija de la mitología» se me vino a la cabeza el trabajo de la doctora Luz Marina Rivas, La novela intrahistórica , que inicia contándonos como Heinrich Schlieman, en 1876, ha puesto en jaque todo este embrollo que supone las relaciones o los límites entre historia y literatura, cuando, guiándose por las descripciones geográficas de un poema considerado mitología pura, encontró el emplazamiento de la Troya lejana de Príamo en el Asía Menor, la Micenas de Agamenón y su tesoro de máscaras de oro y otras maravillas más que antes suponíamos meras invenciones literarias. Ahora estoy pensando en John Berger, quien asegura que el relato, la novela, es un llamado a la historia, que no hay manera de novelar sobre la nada, porque aún inventando ciudades –como gustan los novelistas modernos–, esas ciu...